La linea que separa a un valiente de un cobarde está trazada con cinismo.

marzo 08, 2005

De mi débil mente viviendo el Día de la Mujer

No es que me acabe de enterar, lo juro en nombre del hombre más femenino que jamás haya existido (por favor, no piense nadie en Andy Warhol o anexos).

Repito: No me enteré apenas hoy, pues esta celebración lleva ocurriendo al menos un par de años (si no es que más). Y tampoco quiero jactarme de que la celebro a tambor batiente. La mera verdad es que nunca le doy mucha importancia, por chovinista que eso suene.

Recuerdo que en los primeros años de esta celebración, para ser franco, pensaba que era una gran pendejada feministoide sin mucho sentido. Aclaro: no me queda duda de que la historia, hasta hace muy poco, era infinitamente falocéntrica. Está clarísimo que sólo aquellos que casualmente nacieron con pene en los pasados siglos, estaban autorizados a protagonizar o relatar todas aquellas cosas supuestamente trascendentales. Me disculpo (sin necesidad) por eso. Juro que no formé parte de tal segregación, pero de algún modo comprendo que nací teóricamente afortunado por el hecho de ser varón. Lamento todo lo pasado, aun si mi arrepentimiento significa poca cosa.

En fin, la cosa es que por algún tiempo pensé que el Día de la Mujer era una cosa absurda. Compartí, al igual que muchos varones pensantes o pendejos, la idea de que "si existía un día de la mujer, debía existir un día del hombre". Y dentro de mí hay algo que sigue peleando por esa idea, aun si ahora comprendo que muchas mujeres se enorgullecen, con mucha razón, del hecho de que exista un 8 de Marzo, y que además lo vivan dígnamente desde una perspectiva increíblemente lejana a la mía.

Es solo que desde hace algún tiempo, he pensado las cosas un poco más a fondo. Y aunque siga difiriendo sobre muchos puntos, hoy concedo el más importante: Las mujeres definitivamente han sido soslayadas, históricamente, a un papel aun más pusilánime que el de espectadoras incipientes. Y seguro que es loable venerar a las que sentaron las pautas que hoy tienen a las mujeres, en general, justo donde se encuentran hoy mismo: En el mismísimo centro de las discusiones. En la mismísima posibilidad de ser tan protagónicas como cualquier pinche o muy chingón pedazo de cabrón.

Bravo por las precursoras. Bravo por las que les han seguido pacientemente.

Hoy no voy a tocar a fondo las cosas dudosas que a diario veo en el feminismo. Sin importar si, supuestamente, los que blogueamos somos globali-seres asimilados como tales. Sin importar que, en teoría, los que leemos y hacemos blogs hayamos renunciado a los determinismos históricos para dar paso a esta supuesta categoría nueva y reluciente de seres "liberados" de nuestros contextos. Eso seguirá siendo materia de otros posts, mas no de éste.

Las mujeres, para mi, son algo que no se puede categorizar tan fácilmente. Generalizarlas es una absoluta pendejada, tan o más grande que la de generalizar a los varones. Lo cierto es que todas y cada una presentan rasgos irrepetibles, al igual que con los hombres, y que meterlas(os) en tal o cual "bolsita" resulta muy estúpido, más si se nos quiere definir a través del género.

Renunciaré hoy, aun si mañana me quiebro, a ese vicio machín y pendejo de querer encasillarlas y categorizarlas para poder entenderlas. Y lo único que espero es que, algún día, ellas puedan hacer lo mismo con nosotros. Aun si para eso faltan algunos cientos de años de equilibrio y evolución, será nuestro payback time.

Hablaré, antes de terminar, sólo y solamente de esas muchas cosas que muchas de ellas producen en mi. Es decir, de lo mucho que casi siempre las deseo y/o (perdón por el término burocrático) las admiro y hasta las amo. Hablaré de lo que disfruto verlas existir y no tener la más puta idea de lo que realmente se siente ser ellas. Hablaré de lo hermosas que suelen ser, incluso las que resultan "feas" a los ojos de la estética grecorromana y pendeja. Hablaré de lo inmenso que es el reto de seducirlas, y de lo poco apto que resulto cuando no miento histriónicamente, y soy el mismo y patético yo mismo. Hablaré de sus ojos, casi siempre ausentes y embriagantes, y que se nos clavan en el pecho cada vez que nos descuidamos. Hablaré de su compañía, hablaré de lo difícil que es hacerlas nuestras amigas sin realmente desearlas hasta la tragedia más Shakespeariana. Hablaré de la enorme diferencia que hay entre sus interpretaciones femeninosas y las nuestras mascuLERINosas. Hablaré de cómo somos finalmente divergentes pero a veces casualmente complementarios, y del dolor que nos produce, a todos, fracasar y rompernos por uno de esos largos ratos, que normalmente sentimos interminables y luego consideramos significativos y emblemáticos en nuestras pendejas vidas. Hablaré de cómo simplemente cojemos, o de como extrañamente a veces decimos "hacer el amor". Hablaré de lo solos que nos sentimos unos y otros en nuestras estúpidamente cómodas trincheras. En fin, hablaré de todo. Juro que lo haré cuando sepa al menos, qué decir. Cuando haya resuelto o renunciado al laberinto. Cuando entienda lo que soy yo mismo, para luego entender lo que son o han sido ellas: las mujeres más importantes de mi vida.

Y más aun, hablaré de las que siguen siendo mis amigas, a pesar de todo lo que posiblemente nos perdemos al no saber cómo podríamos germinar entre nosotros ese supuesto AMOR, y que poco nos importa, pues nos tenemos las unas a los otros.

Hablaré de eso, algún día.

1 comentario:

Carlos Orujo dijo...

Un par de conceptos
1. Cuando trabajes con hormigas o con putas prescinde de la ropa interior
2. si no puedes ser bueno en algo o malo en todo
el riesgo que corres es mínimo.