La linea que separa a un valiente de un cobarde está trazada con cinismo.

diciembre 11, 2006

Moscas, moscardones y mariposas (un texto sobrio que parece ebrio)

Para Juan Carlos

Ha sido, como siempre, una conjunción de casualidades que arremeten contra la aleatoriedad de la vida. Siempre he preferido pensar en que la espiritualidad es una excusa para aquellos que no soportan la inefable llegada de la muerte. Dios, y sobre todo el dios judeocristiano, me resulta más parecido a un juego de canicas con el que la gente prefiere entretenerse para no sentir el rigor de la soledad y de la muerte, que un viejito bonachón y riguroso que nos espera en el séptimo cielo, para juzgarnos por el modo en que vivimos nuestras incipientes vidas. Como leí el otro día en el blog del siempre fabuloso tio nasty, la gente tiene que creer en algo para poder descreer en todo lo demás.

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Sin embargo, y sin recular de mi postura, ha habido muchos momentos en los que mi vida, o "la" vida, si se prefiere, parece no ser del todo aleatoria. Desde luego, cuando se está en sintonía con alucinógenos y otras menudencias, eso puede fácilmente serle atribuido a la droga en cuestión, y no a un verdadero tejido de causas y efectos sobre el que sucede la realidad. Pero cuando estas causalidades, que no casualidades, ocurren en la vida cotidiana, y durante largos e indistintos eventos, me gusta pensar que estoy equivocado. Y que no hay un dios observador y partícipe, pero sí que existe una red que supera nuestras capacidades cognoscitivas y perceptuales, y que está ahí, flotando todo el tiempo, mientras que nosotros, a través de la mente y otras de nuestras herramientas biotecnológicas, ocurrimos sobre ella, dentro de ella y a través de ella.

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Esto me pasa, por ejemplo, cuando hablo durante un mes con seis o siete personajes importantes de mi vida, de distintas edades, de círculos sociales diferentes, con distintas mentalidades, ideologías, aproximaciones hacia la vida, o como la gente prefiere decir, formas de ser. Y de pronto, como por arte de magia, todas las conversaciones sostenidas terminan por llegar a puntos similares, miedos parecidos, angustias que se asemejan. Claro que, dirán algunos, nuestra condición humana nos predispone a hacernos esos cuestionamientos en algún punto. Todos compartimos verdades fundamentales: comemos, bebemos, orinamos, defecamos, tenemos cinco sentidos, poseemos una mente, hablamos una lengua, vivimos en un contexto social y político, etcétera. Digamos que esto ciertamente acota los pensamientos que podemos capturar en esa trampa-red para mariposas que llevamos instalada dentro del cráneo. Pero cuando las similitudes son tan sorprendentes y los individuos tan distintos, permite pensar que las ideas están ahí, flotando como moscas, moscardones, mariposas y hadas diminutas. O avispas, buitres y cuervos, según ocurran las cosas. Y nosotros alegremente nos creemos nuestro libre albedrío y las pensamos, como si fueran nuestras, y las compartimos, como si no estuviéramos todos condenados a saberlas de antemano mientras nos son dichas.

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Sé que todo esto suena horriblemente raro y complicado. Es simple: mucha pero mucha gente en las últimas semanas ha sostenido conversaciones, frente a mí o conmigo, en las que ha hablado de angustias muy parecidas. En una búsqueda de sentido verdaderamente preocupada y realista, les he visto y escuchado llegar a argumentos similares, conclusiones parecidas. Decisiones terminantes o resoluciones que los alivian. Cuestionamientos que yo mismo traigo pegados como un halo, como un mosquitero invisible, y que hasta hace poco no me permitía ver con claridad lo que pienso o pensaba de muchos temas: muerte, amor, vida, tiempo, ganas, voluntad, fortaleza, lo bello, lo crudo, lo rudo, lo tenue, lo intenso, lo soez, lo solemne. Todos temas gigantescos e ilimitados, moscardones irresolubles, maravillas de la mente pero -al mismo tiempo- laberintos insalvables.

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Y he ahí que la realidad de la realidad golpea contra el mosquitero. Sirve para despertar. Sirve para arrancarse esa débil tela de alrededor de las orejas y escuchar: Escuchar el timbre la vida. Vivirla. Estar en lo que ocurre y no en lo que parece. Estrechar manos, abrazar cuerpos, cantar a grito pelado canciones en una barra, dejarse querer y no dejarse morir. Obviar a los obviables, odiarlos si es preciso. Y dejarse de canicas, y de pavadas, y de intrigas otras que en las que ya estamos inscritos gracias al estúpido deber de acomodarse en el mundo y no morir de hambre. Las demás, sobran. Como sobran las palabras. Y por eso aquí las dejo.


Salud.

6 comentarios:

Pinky dijo...

A mi me encanta la nueva corriente, el nuevo estilo de una considerable ya Sociedad Mundial.
Que nada tiene que ver con la imagen de un mundo plano, limitado y hueco; carente de rugosidades, lamentos, y pliegues. Muy por el contrario, aterrizada y ocupada en compartir la transformación de la idea que Eligio “atrapar en el aire” para apoyar sus necesidades de convivencia, hasta hacerla propia y conjugar ideales.
Que encuentra en la revolución tecnológica, una forma de acercarse más, y de elegir las condiciones personalmente propicias para el estímulo y compartimiento de ideologías de todos los órdenes, ese amplio abanico de diversidades posibles nos permite la afirmación de lo diferente.

Saludos, buen dia.

Fegocomo dijo...

"una conjunción de casualidades que arremeten contra la aleatoriedad de la vida"

¿No son las casualidades aleatorias por definición?

Quizá deberías haber puesto "causalidades".... en fin, el diablo esta en los detalles

Salutes

Sánchez Villa dijo...

Pos no, pos sí. Por cierto, cambié mi pinche blog malo otra vez, pero ahora hay un coparticipante.

En el fotograma dijo...

Eso es dulce con cítrico, Xamiru. En su punto, precisas palabras que aprehendo y pongo aquí dentro, en esta corporeidad...

Ah, si todos fuéramos índigos.

nasty dijo...

deje las palabras esperando en la antesala, que se fumen un cigarro, que hojeen revistas brillosas, que taconeen en el suelo, que miren los relojes de pulsera, que empiecen a intercambiar comentarios entre ellas, que vuelvan a mirar sus relojes, que se desesperen, mientras usté está atrás de la puerta haciendo lo que se le pegue la gana sin esperar a nadie.

salu2

be dijo...

pues mi creencia es tal que esta: que en esta vida se ha de tratar a toda costa ejercer de heroes y angeles, y lo demás, es lo demás :)

a ver que dia escuchamos a prince juntos, musica divertida, 3121 por ejemplo.
bailaremos seguro.