La linea que separa a un valiente de un cobarde está trazada con cinismo.

abril 24, 2005

Los niños y los perros.

Hace unos días vi una niña pequeña por la calle. En su cintura ínfima se ceñía una tela que la mantenía atada a su madre. Un cinturón ajustable, tenso por el vigor con el que su madre caminaba, mientras la niña se quedaba muy atrás, dando pasitos minúsculos, sin poder llevar el paso de su captora y con el rostro desfigurado por la rabia impotente que le inoculaba semejante trato. Una niña pequeña. Tres años a lo mucho. Con doctorado en humillación.

Hace unos días vi también un perro. No era un perro común y corriente. Era un perro amado. Un perro humanizado y perfecto. Un perro que probablemente puede hablar, pero no le interesa. El perro en una carreola, la carreola empujada por una orgullosa dueña. Un perro catedrático, solemne, un perro para grandes ocasiones. Perro con buenos modales. Perro alimentado con largos y jugosos filetes de arrachera sonorense. De postre unas trufas.

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3 comentarios:

Alfredo Mora dijo...

¿hay que elegir?, prefiero a una niña humillada que una mentada de madre para todos.

Alfredo Mora dijo...

¿hay que elegir?, prefiero a una niña humillada que una mentada de madre para todos.

Manuel dijo...

Lindo post...pobre perrito, por cierto...snif

LIBERTAD A LOS ANIMAAAALEEEES!!

(fuera de pedo, si estuvo muy chingón su post; tenía tiempo sin leer algo bueno en la blogosfera du merde)