La linea que separa a un valiente de un cobarde está trazada con cinismo.

agosto 09, 2005

Anal retentiveness (O de cómo ahorrar)

Alguna vez tuve una fe pavorosa en el psicoanálisis. Día tras día (en un principio-gran pedo), luego cada tres días (en un ya no tan principio-ya no tan gran pedo), luego una vez por semana (en un ya no principio-casi sin pedos) me dirigía laboriosamente al sillón (que no diván) del Gran Carnicero.

No crean que fue fácil (como nada que tenga que ver conmigo y mi culturosidad de closet). El acoplamiento y luego la sabia conformidad, costaron largas sesiones de boxeo egóico, intelectual, emocional y lingüístico. A mí me quedaba clara mi insatisfacción con el mundo, y también que yo y solo yo tenía la razón cuando se trataba de lo que sentía y pensaba (eso, obviamente, desde un principio). Y también al Gran Carnicero le quedaba clara mi infinita pendejez de aquel entonces (gulp, no digan nada), así como los kilómetros y kilómetros de murallas racionales que había construido, estoica y minuciosamente, para defenderla de cualquier contra-argumento avasallante. Y así, evidentemente, cocinamos juntos el principio de una gran guerra.

El Gran Carnicero, hay que decirlo, nunca fue ningún pendejo principiante. Ni las más aguzadas de mis argucias lograron jamás desviarlo del objetivo final, es decir: Mi absurda falta de autoestima y mi, otra vez irónicamente, cohabitante y enorme exceso de soberbia. Un dilema clásico de los hijos de padres liberales, izquierdosos, clasemedieros y jipitecas. Eso, mezclado con algunos complejos, vanidades y, para colmo, una mente emputecidamente propensa a la adicción y al pensamiento, formaron un troglodita que dice llamarse Juan Carlos. Bienvenidos a mi blog (ja!).

Pero dejémonos de la teoría. Hay que mirar el fondo de mi alma:




Paréntesis alegórico de mi retentividad. Si reconoce alguno, envíeme un mail.


La fotografía anterior fue tomada a las 11.30 de la noche del milagroso día en que, hace una semana, decidí limpiar mi puto departamento de soltero. (Queda claro, al mirar la pésima imágen capturada por un celular de poca monta, que la guerra de la que les hablaba no la gané yo. Al menos no en un sentido constructivo).


Dicen que tu casa es una proyección de quien eres. Y no lo dicen nada más los putos aleluyos del feng shui (tan de moda hoy en día). Lo dicen todos: tu madre, tu perro, tu psiquiatra, tu revista de variedades culturales, tu vieja, tú mismo. Todos.

Y, siendo rigurosos y honestos a madres, cuesta mucho creer lo contrario. Sobre todo si ya lograste dejar la casa de tus padres maniáticos (pido perdón a untalMario). Cuando tu casa es completamente tu problema, y resultas ser lo suficientemente desidioso y güevón, puedes llegar a encontrar la misma cantidad de encendedores, escondidos en cualquier rincón, y además, a modo de sarcasmo, llegar a pensar cualquier noche: "Puta madre, cómo prendo este puto cigarro...¿dónde hay encendedor...?". Peor imposible.

Supongamos que tu psicoanálisis abortado da buenos frutos. Olvidas tu baja autoestima y al mismo tiempo dejas de creerte el sumo poseedor de la verdad. Primero que nada, date un aplauso. Ya no eres otro subproducto de la des-educación libertina. Ahora sabes que, primero que nada, eres un cabrón valioso y productivo, además de potencialmente feliz. Y al mismo tiempo te han dejado de importar las competencias, los espadazos y otras mediciones y comparaciones insulsas. Estás listo para vivir desde cero. Bravo, muchachín.

El cuento de hadas termina al momento en que te enfrentas nuevamente con la diversidad. Todos quieren subirse a la montaña rusa. Todos quieren el mejor lugar. Todos quieren levantar las manos mientras los huevos (o similares) les atraviesan el esófago sin pudor. Y tú, pequeño saltamontes, careces de cualquier salvoconducto que te permita subirte antes que nadie. Eres igual a cualquiera de esos pendejos. Lotería.

La reacción normal es cagarse, ya sea pa adentro o pa fuera, pero, he ahí el dilema. Hay una diferencia sustancial entre los que hacen la una o la otra. Los que prefieren cagar pa' fuera son, curiosamente, los más felices. Extrovertidos, despreocupados, soberbios. No sienten una gran culpa cuando avientan su mierda sin ton ni son, o cuando se carcajean relajadamente de cualquier cosa. En cambio los otros, los retentivos, los normalmente infelices, construyen un universo paralelo dentro de sí mismos. Succionan hasta lo insuccionable, no aguantan de ningún modo las pérdidas, sufren cada cosa que olvidan, pintan murales en lugar de monedas de a peso. Y todos saben reir, afortunadamente. Tanto unos como los otros encuentran sus propios placeres, eso sí, a discreción individual. El color con el que pintan es pedo de ellos, de todos, y no está condicionado por sus preferencias neuróticas.

Pero, ahora sí, me dejaré de choros. Miren ustedes cuán retentivo se puede llegar a ser, y sin darse cuenta:


Al final de la noche, las cosas te pueden asustar. Sobre todo si son tantas. Y más si hay un teléfono entre ellas.


Es obvio que la tarea de limpiar mi casa me tomó mucho más que unas cuantas horas. Ya en la madrugada, cuando religiosamente había colocado sobre la gran mesa de cristal que protagoniza mi sala-comedor, cualquier objeto de esta índole que iba encontrando, descubrí con sorpresa (y terror) la anterior imagen.

Y durante un rato la miré, atónito. Luego, con un rigor psicoanalítico inaudito, decidí perdonar mi locura so pretexto de que, al menos, había limpiado mi casa con una rigurosidad poco común en mí. Y que eso, definitivamente, era un gran avance. (Ja!)

Fue hasta el día siguiente cuando caí en cuenta de los beneficios de mi desastre: Ya no tendría que comprar encendedores, al menos por lo que resta del año. Tampoco volvería a pedir plumas prestadas cada vez que, en un bar de dimensiones horrendas, se me ocurriera cualquier pendejada digna de escribirse. Y además de todo, jamás volvería a tener que hablar por teléfono usando el viejo y horrible aparato azul, de escasos 50 varos, que me obligaba a permanecer de pie junto a cierta mesita cada que tenía que comunicarme con alguien. Muchas nuevas bendiciones, el lado bright de la vida, je.

Y dos días después, aun con esta galería sobre la mesa, se me ocurrió una idea inmejorable: Proponer la retentividad y la neurosis como un método infalible de ahorro interno, para nuestra muy demacrada nación de paupérrimos. Claro que más tarde caí en cuenta de que ningún político se tomaría en serio mi modelo económico y de que estaba perdiendo el tiempo en justificaciones casi pachecas. Pero ah, cómo me hizo reír. E imaginar un país nuevo.

Salud.

Nota al pie: Si reconocen algún encendedor, pluma, cerillo o teléfono, no duden en llamarme. Al menos podré contestarles desde cualquier parte de mi casa, gracias a estos hallazgos. Trataré de no hacerlo desde el baño. (justo cuando mi retentividad se relaja). Y bah.

13 comentarios:

Sergio dijo...

Lo del teléfono me dejo comedido.

Que mas puedo decir.

Andreas Kartak dijo...

jajaja, creo que reconocí alguno de los encendedores... en fin, por fin encontraron un hogar y muchos amiguitos para jugar. saludos

furtiva dijo...

Pues yo reconocí el marcador y dos plumas, rata maldita... el butcher en galicia, tu en lagunas azules y yo aquí.

muere!

y besitos.

Anónimo dijo...

No mamen que todos los putos encendedores son iguales. Ni que fueran Zippos grabados para que los puedan reconocer (cuál es el tuyo, el del OXXO? No mamen).

Y bueno, no tenías que limpiar tu depa para darnos cuenta de tu anal retentiveness, Chamiruito flaquito. Me di cuenta cuando espié las cosas que guardas en tu baño... o ya no te acuerdas?

LemonPie, siempre queriéndote

Xamiru dijo...

Uy mi LemonPie. A este depa no ha venido prácticamente nadie, por lo que el rango se reduciría de forma descomunal. Dudo mucho que te cuentes entre las tres o cuatro personas que han entrado aquí :)

el tío nasty dijo...

pus lo dirás de broma lemonpie, pero yo si reconocí uno de ellos (y eso que nunca he estado en la jaula del chami) -pero, bueno, he presenciado su mañosa forma de apañarse los encendedores que dejas por UN segundo sobre la barra..hmmm-.

Pues uorale, chami, interesante ejercicio este. Yo que tu no le extendía tantos significados antropomórficos, psiqueilustradores, porque sino, mis conclusiones serían las siguientes:

1. Eres como las plumas Bic, no saben fallar, pero hay que encontrarlas, sino, sirven para un carajo.

2. Podrás tener un mierdero de mente, pero eso sí, selectiva (no veo ningún lapicito roto y mordido entre las plumas...todas puras Uniball y de gel, chale!)

3. Tu subconciente, en búsqueda desesperada de una guía espiritual, pudo apañarse los últimos cerillos que TODAVIA traen el horoscopo atrás...(puta madre ya no los imprimen con todo el horoscopo, solo con la maldita figurilla del signo!)

4. (éste nomás es un comentario al margen de tu descripción interna), qué chido descubrir que tienes sala-comedor y no únicamente una gran cocina tirada.

5. Tu vocación de castor es evidente (no pierdes las cosas: las ACUMULAS), y te vas haciendo tus presitas pa' detener los ríos que en una de esas rompen la presa y te ahogan...hmmm

6. Serías feliz trabajando en el CEMEFO (nadie te diría nada si no recoges los pedazos de cadavers diseccionados, hasta que empiezan a apestar)

7. eres el primer ser humano que ha logrado fotografiar su alma y eso debe significar algo (vi un día en el canal 4 donde había freaks intentando fotografiar su alma, pero lo único que se veia en la foto eran las jetas feas de los freaks delante de un foco rojo, y, según ellos, era su mismisima escencia vital ardiendo...que mamamdas)

8. Tu sex-appeal NO se irá si eres un poco más limpio (si así de caotico sigues levantando pasiones -mira nomás a la lemonpie, que no le importa el desodorante embarrado en la sala-, imaginate lo que levantarías si fueras un poco más ordenado??)

9. Solo porque me caes rebien, son US$300 dólares por este análisis on-line.

VERDETTE dijo...

Mease
xamiru-quai:
que chingon está el manifesto de la cultura. Y a lo firmé y lo pienso meter a uno de mis fanzines, claro, si no hay pedal.

Erektor dijo...

¿No habrás encontrado por ahi una caja de la película "The 25th hour"? ¿O un disquito de "Family Values Tour"?

Nasty: siempre tan acertada con tus análisis. La proxima vez que veas a un frustrado intento de Bruce Willis región 4 con el sex appeal de Tim Roth platicando en un bar con el tipo de la barra (porque las mujeres no lo pelan) salúdame no seas gacha.

Xamiru dijo...

Buenas noticias, mi estimado erektor. Sí apareció el de Family Values.

la de 25th hour pos ya sabes quién la perdió. Por cierto, entraron a robar el sábado el susodicho lugar y se robaron las cdj y todo el equipo de sonido. MUAHAHAHAHA. No cabe duda que cada tiene lo que merece.

hugo dijo...

los cerillos del rexo son mios!!!

(urge saber quien es lemon pie. bueno, entre muchas otras cosas)

es mi nombre Berenice dijo...

Me tranquilizas. Bien por la retentividad y la neurosis, y bien por la inseguridad manifiesta con prepotencia. Me tranquiliza.

hugo dijo...

que buena combinacion.

faridee dijo...

Ya me extrañaba el cambio Chamirú, sobre los encende-cerillos que te puedo decir? mi recámara está igual, y no puedo dejar de comprar o "pedir prestados" porque da la casualidad que siempre que necesito uno brillan por su ausencia. Estoy un poco renuente a ordenar mi habitación, uno no sabe que sorpresas que invitan a la nostalgia o al dolor pasado se pueda encontrar uno en las capas de polvo y vivencias que se acumulan una sobre otra . Así que en vez de ordenar para sacar los encendedores creo que seguiré añadiendo más a la colección por el puro respeto -que no es miedo ehh- de levantar el pasado de su lugar.