La linea que separa a un valiente de un cobarde está trazada con cinismo.

diciembre 19, 2007

Tres años (Gulp)

Todo esto empezó un día que suponía ser de cierto diciembre. Un día terrible. Un día asqueroso y tremendo. Un día de soledad malograda. Un día de podredumbre manifiesta. Un mal día, dejémoslo así. Un muy mal día.

Y tal como el mismísimo nombre de este post lo dice: Son tres años.

Y de tres años tengo que hablar. Tres años que son -y parecen- muchos más.

Tal como los que siempre me calculan por arriba de mis verdaderos años.

Treinta y cinco. Treinta y nueve. Treinta y cuatro, más dos de garantía. Tres años, cumple este blog. Y tres años yo me propongo describir.

***

Empezó todo como un escape para cierto dolor. Un dolor horrendo y sin palabras. Unas ganas repugnantes para sacar lo mal habido. Un estiércol del 2004. Ese 2004: El mismo del tsunami y de los adioses sin demora. El mismo del hasta nunca y el buenos días que vino después. El del dolor de la levedad. El de la levedad adolorida. Ese 2004 que ya se ve tan lejano como su padecimiento.

***

Vino Tijuana como una cura. Una cura con sabor a Tijuana. Tijuana, la vendehuevos. Tijuana, la inescrutable. Luego la franca buena onda de Mónica y de Manuel. Los ojos de Judith, la música del Zacas. Tijuana, mi amor. Me enamoré por siempre de Tijuana, desde entonces. Y ya la he vuelto a visitar. Y ya la volveré.

Tijuana es noble: Siempre me guarda una sorpresa.


***

Y aunque el dolor siguió, la cura me vino muy bien. Casi perpleja. Casi sabia.

Volví a un hogar que no era mío, y besé unas carnes que no me esperaban. Me mantuve firme ante los arrebatos y los oleajes de las playas tijuanenses, chaqueteras y grandiosas, para que el mundo luego me mostrase misericordia.

Y la tuve. La retuve. Tanto, que ese fue un primer año de blog y un primer año de historias. Un ejercicio que se volvió adictivo, un amasijo de palabras que -de repente- ya tenían escucha. Y dije, e hice, tuve y mantuve, supe y olvidé. Gocé de mi maremoto como nadie. Me volví adicto del ejercicio, al punto que -tres años después- lo sigo practicando. Sin lectores, con lectores. Despreocupado. Tijuana fue el gran destapón, y desde Tijuana mi vida cambió de una vez por todas.

***

Y llegó el año siguiente, y me tuve que inventar una nueva historia. Poco a poco. Sin prisas y sin malas palabras.

Segundo año me trajo amor. El amor de alguien que amé mucho. Alguien que me mantuvo vivo por largos meses, a pesar de su propia necedad. Y amé y amé, y dije y dije, y luego llegó alguien más, y con todo y mi estupidez, seguí amando. Y luego vino la traición, y seguí amando igual. Y luego la calma. Y seguí amando también. Y luego, las historias inesperadas, y seguí amando y mamando y ejercitando mi necedad de la peor y más autocomplaciente forma. Y luego me sorprendí de aquel nombre que nació el primer año. Autocomplaciente. Sí. Ahora lo entendía más que nunca.

***

Amé mucho aquel segundo año. Pero tampoco demasiado. Lo suficiente nada más, aunque me costara la vida. Tal y como me costó al final del día.


***

Ahora hablaré de tercer año.

Tercer año ha sido raro. No puedo ni siquiera etiquetarlo. No puedo ni ponerle nombre. Raro es para todo lo que tengo.

Raro es para lo que me alcanzan los dichos.

***

Y raro ha seguido: Frugal en la primavera, caluroso mientras el verano, y luego seco y frío. Seco y frío el otoño del tercer año. O casi. Quién sabe.

Eso sí: no siempre. Siempre hay un invierno que nos plaga de sorpresas.

***

Yno me quejo. Hoy sé lo que digo, digo lo que sé. Y cuando no lo digo, o no lo sé, me lo callo.

Finalmente aprendí a hacerlo.
Amar el silencio.

Lección número 1.

***

Y así como -según yo- vivo y aprendo, llega una orquídea desparpajada e irredenta.

Y me saluda, me da un beso en los morros y luego, tranquilita, me pregunta (sin preguntar):

¿Habría que demostrar nuestro bien-estar?

¿Habría que evidenciar la estupidez de los muchos otros que viven -con toda calma- sobre el colchón idiota que tal imbecilidad deja reposar por encima de sí misma?

¿Tendríamos que caminar esos siete pasos, y hacerles saber cuán pendejos están por creer ciegamente en lo que sea?

¿Podríamos vivir de mejor y más frugal manera si sólo abrazáramos el silencio?

¿Callarnos y pernoctar es tan válido como el perpetuo detestamiento?

***

Ah, balanza traicionera. Porque la vida siempre es f(x). Y no sólo f(x). Es más: La vida es todavía más cabrona. Es más un f(x) + f(y). Y no sólo eso. Es todavía más cabrona. Es aún más un f(x) + f(y) * f(z)= f(xyz).

Es decir:

Un yo que se levanta como lo levante el día, más un otro que se levanta como lo ha levantado el día, multiplicado por la resultante de una historia que entre uno y otro se cuentan o se saben -ambos- en las entrañas de ese mismísimo día.

Ergo, odiar no sirve de nada. Y amar tampoco. Y situarse en el medio (ese justo e irreal medio de la igualmente irreal balanza (y que resulta tan cómodo y tan falaz) tampoco es postura veraz o verosímil.

Tomar partido es siempre una equivocación. Pero -sin duda- es peor equivocación el pretender no tomarlo. El asumirse imparcial, seco, tibio y quizás inmortal: Porque ahí, sobre el vértice, en mitad del puente, entre un extremo y el otro, el impávido siempre muere sin saber lo que es morder o ser mordido. Y convencido de su ecuanimidad, termina siendo maldito por la falta de hallazgos que supone la fragilísima objetividad que siempre pretende. Y tibio es, como tibio se muere.


Y cuando la vida se presenta, otra vez, lo despoja de toda razón.

***

Sí, guapita, la vida es como Fidel Castro. La realidad también. Ambas cenan, y se van. Todas cenan, y -chin- luego se van.

***
Cosa de uno es subirse o no subirse en ese tren. Como también cosa de uno es pagar o desdeñar -luego- las invariables consecuencias.

***

Pero qué fortuna (me digo). Tu camino alrededor de la cuadra sigue su rumbo. Y cada vez te enteras de más. Y cada vez te sigo esperando, mientras transito -al mismo tiempo- sobre el mío.

***

Acá estoy: no te azotes: Mañana es mañana, y en los próximos 15 minutos lo desciframos. O no. O quién sabe. Pero no hay mayor problema.


De 15 en 15 nos vamos. Y que vengan:


Bring them on!



Salud. Y "felices" tres años para esta chingadera de blog. Con todo y las huestes de asqueados que a diario chingan y lo desprecian.


Who cares.

Este lugar inhóspito me sirve pa saber de mí,

y con eso me basta hasta la próxima luna llena.



Salud.

3 comentarios:

Furtiva dijo...

Amores y sorpresas, posturas y -muchas- descomposturas. En este punto cuentas tres años de lucidez que asusta, de corazón suave, de miradas y explosiones, de hermosas mujeres que siempre se van.

Querido, único hermano mío... ¡Yo llevo el pomo! ¡Esto hay que celebrarlo! El final está todavía muy muy lejos.

Erektor dijo...

La levedad...
la fucking levedad

Y si,
este año has estado medio raro.

Solamente no olvides que se te quiere.

Te deseo lo mejor y mientras tanto
te mando un abrazo, hermano.

MuLo dijo...

La prox Luna llena.... pues segun, fue febrero un jueves, se dice, sin embargo, fue un eclipse... la gente extraña, en fin,felicidades.Saludos d Tj =)