La linea que separa a un valiente de un cobarde está trazada con cinismo.

marzo 16, 2006

La realidad es necia

De pronto me pregunto casi todo. Me jodo, me cago y me cuestiono: ¿De dónde viene esa puta necedad de plantear el amor "social" como una correspondencia biunívoca? ¿De dónde es que sale esa pinche necesidad de garantías y coberturas amplias cuando del amor se trata? ¿Cómo es que tan descuidadamente nos dejamos educar para exigir esa extensa serie de requisitos y demandas unilaterales que imponemos mientras decimos "amar"?
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Mientras más tiempo paso y repaso en este mundo, menos me convence la historia del amor equitativamente correspondido. Igual con la monogamia. Igual, hasta cierto punto, que cuando se trata de vivir certezas o apegarse a una convicción, cualesquiera fuere su índole. La verdad se parece más, día con día, a la dubitativa certidumbre de que "Nada es para tanto". Mucho menos uno mismo.
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¿Quién dice que uno no puede amar durante unas fracciones de segundo, cualquier cosa? ¿Quién puede asegurar que La Verdad es milenaria y única e indivisible? ¿Quién puede realmente convencerse de que mañana amará, o de que lloverá o de que hará un calor asqueroso e implacable? Y con cada uno de esos posibles "quienes" en mí resucita un "hasta-dónde-cómo-cuándo-y-por-qué". A convertir a los convertibles. Yo paso.
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Ahora, el pero está en que quizás nos resulta más feliz y satisfactorio concentrarnos y focalizar nuestro deseo sobre algún supuesto objeto. Quizás es más sencillo "amar" según el manual, y desamar -claro- bajo las mismas reglas, que vivir lo que implica creer y desengañarse, construir y luego entonces desajustar el rompecabezas que resulta al oscilar sin la obligatoriedad de atenerse a regla alguna. Suena mucho a que sí. (Jugar a que se ama es más sencillo a existir sin que amar sea un sí y sólo si...)
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"Foucaultianamente" (y que Batio me perdone la referencia culturosa), o digamos: vértice tras vértice, límite tras límite, y mientras uno se siente desnudo sobre una tenue montaña rusa, parece más fácil coludirse con cualquier terquedad propia que vivir desorbitado y sin certidumbre. El problema aparece cuando uno se toma la molestia de analizar: Ahí no se vislumbra un regreso. La terquedad amorosa deja de ser suficiente. La monogamia y el compromiso son válidos pero no imperecederos. Existir se sobrepone al amor. Ya no se ama para existir ni se existe para amar. Se asume lo falible. Se respeta todo aquello que no puede prevenirse.

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Entonces uno ama sin tanto futuro, sin tanto miedo, sin tanto contexto. Uno ama aún mejor: Porque un amor sin calabozos es más amor que cualquier sembradío de promesas.



Y ya.

1 comentario:

be dijo...

"¿Quién dice que uno no puede amar durante unas fracciones de segundo, cualquier cosa?"
(: permiteme recomendarte la lectura de "los alimentos terrenales" de andre gide -si es que no lo has leido ya-

un saludo fresquito desde los pirineos.