La linea que separa a un valiente de un cobarde está trazada con cinismo.
marzo 22, 2006
Verdades Desechables (I)
-----
No basta con sentarse a cagar: Es imprescindible revisar si hay papel.
-----
Si no se sabe decir mentiras, hay que trabajar en el disimulo del rubor.
-----
(Casi) no hay malos o buenos besadores: Sólo hay quienes saben leer los labios y quienes no.
-----
Hay clichés sabios y clichés pendejos. Y por sobre todos opera un gran cliché que sirve como criterio para diferenciarlos.
-----
Si te torturan las disyuntivas, opta por no elegir.
-----
Si te atormenta la indecisión, decide cualquier cosa.
-----
Una mordidita a nadie se le niega.
-----
Si se le acaba el gas al chesco, cómprate otro o aprende a gozar del jarabe.
-----
A todos nos gustan todas. Apúrate y no reclames.
-----
Comprar libros no es leer, pero qué rico huele. (*No nos hacemos responsables del surrealismo inherente a cada verdad desplegada)
-----
Masturbarse es bueno, coger es mejor. Masturbarse, sin embargo, es bueno.
-----
Si sientes que te inunda el ingenio, envásalo y no le pierdas. Puede no volver jamás.
-----
Más vale decir más vale que el conformarse con el silencio. Tú puedes: Siempre hay un cliché capaz de hacerte ver sabio. (Incrédulos remitirse a la verdad número 5)
-----
Si tienes sueño, duérmete. Si tienes hambre, traga. Aunque si no tienes ni sueño, ni hambre, ni nada que postear, tú sólo cénate algo bueno, digiere y luego postea cualquier cosa. Ah, y por el amor de un perro: duérmete luego.
marzo 16, 2006
La realidad es necia
---------
Mientras más tiempo paso y repaso en este mundo, menos me convence la historia del amor equitativamente correspondido. Igual con la monogamia. Igual, hasta cierto punto, que cuando se trata de vivir certezas o apegarse a una convicción, cualesquiera fuere su índole. La verdad se parece más, día con día, a la dubitativa certidumbre de que "Nada es para tanto". Mucho menos uno mismo.
---------
¿Quién dice que uno no puede amar durante unas fracciones de segundo, cualquier cosa? ¿Quién puede asegurar que La Verdad es milenaria y única e indivisible? ¿Quién puede realmente convencerse de que mañana amará, o de que lloverá o de que hará un calor asqueroso e implacable? Y con cada uno de esos posibles "quienes" en mí resucita un "hasta-dónde-cómo-cuándo-y-por-qué". A convertir a los convertibles. Yo paso.
---------
Ahora, el pero está en que quizás nos resulta más feliz y satisfactorio concentrarnos y focalizar nuestro deseo sobre algún supuesto objeto. Quizás es más sencillo "amar" según el manual, y desamar -claro- bajo las mismas reglas, que vivir lo que implica creer y desengañarse, construir y luego entonces desajustar el rompecabezas que resulta al oscilar sin la obligatoriedad de atenerse a regla alguna. Suena mucho a que sí. (Jugar a que se ama es más sencillo a existir sin que amar sea un sí y sólo si...)
---------
"Foucaultianamente" (y que Batio me perdone la referencia culturosa), o digamos: vértice tras vértice, límite tras límite, y mientras uno se siente desnudo sobre una tenue montaña rusa, parece más fácil coludirse con cualquier terquedad propia que vivir desorbitado y sin certidumbre. El problema aparece cuando uno se toma la molestia de analizar: Ahí no se vislumbra un regreso. La terquedad amorosa deja de ser suficiente. La monogamia y el compromiso son válidos pero no imperecederos. Existir se sobrepone al amor. Ya no se ama para existir ni se existe para amar. Se asume lo falible. Se respeta todo aquello que no puede prevenirse.
---------
Entonces uno ama sin tanto futuro, sin tanto miedo, sin tanto contexto. Uno ama aún mejor: Porque un amor sin calabozos es más amor que cualquier sembradío de promesas.
Y ya.
marzo 11, 2006
Instantáneas vivenciales
--------
Yo sencillamente reniego de los días y de las semanas, de una vez. Me ocupo de la tarea batiana, y batianamente contesto lo siguiente:
Este es el "manuscrito" original:
Somos la versión cínica de aquella tonteria que llamas nihilismo.
Somos el final visto como aquel muro que derrumbas para hallarte con la nada perfecta.
En aquella esquina donde hallas al perdedor, al defraudado, al ridículo lumpem marxista, somos nosotros los que le patean sólo por diversión.
Somos la incredulidad vuelta broma, la angustia como el humor perfecto que nos deja disfrutar de un partido de futbol,o del tráfico como la inconmensurable sala de espera de la vida. Somos el deficit como herencia y no como esperanza.
Somos esas papeletas arrojadas al piso en la bolsa de valores, siempre a punto de la compra y de la venta, siempre olvidados en la interdicción del deseo comercial, siempre como ceros planos que no están a la izquierda ni se hallan a la derecha.
Somos la hora equivocada, el retraso falso, la neurosis cíclica del trabajador encabronado con el sistema de transporte público. En realidad somos el trabajo a media cuadra de tu casa.
Somos afines a tu indiferencia. Estamos unidos por las migajas de pan arrojadas por hansel y gretel. Nuestra jerarquía y fortaleza está basada en un estudio genealógico que nos conduce a la nada, como primer padre, y a la risa, como la primera madre.
El mundo es ridículo ¿no lo han notado? Creemos que el statu-quo es la incapacidad colectiva para aceptar que nuestras vidas forman parte de las tiras cómicas. En todo caso, yo soy Charlie Brown.
***
Y esta es mi humilde versión:
Somos el mismísimo cinismo. Somos a veces tonterías. Somos lo que nos da la gana de ser. Llámennos nihilistas. Llámennos como quieran.
Somos el final visto como un otro muro que derrumbas para hallarte (otra vez) con la nada perfecta. Somos la respuesta al laberinto que comienzas. Somos la entrada al que invariablemente sigue.
En esa esquina donde hayas al perdedor y al defraudado; en esa otra donde conmueves al ridículo lumpem marxista o al irreparable exitoso positivista, habrás de hallarnos: Somos nosotros los que gozan pateándolos a todos por la pura diversión de hacerlo.
Somos la incredulidad vuelta broma, somos la angustia como síntoma del humor perfecto que nos deja disfrutar de un partido de futbol, o de un embotellamiento trágico, y también somos los que vivimos la vida como si fuera una inconmensurable sala de espera. Somos un déficit por antonomasia. Odiamos, por tanto, toda insatisfacción que se disfrace de esperanza. Que el dolor duela y las ganas abunden.
Ocurrimos. Sucedemos. No somos mesurables. Resultamos ser incluso peores que esas papeletas arrojadas al piso en cualquier mercado de valores. Gozamos de vivir a punto de ser compra y de ser venta. Cómodamente existimos, olvidados en la interdicción del deseo comercial. Somos esos ceros planos que no están a la izquierda ni se hallan a la derecha. Oscilamos convenientemente.
Somos la hora equivocada, el ya merito y el ora sí. Somos el retraso falso y la neurosis cíclica del trabajador encabronado con el sistema de transporte público. En realidad somos el trabajo a media cuadra de tu casa. Y a veces también somos ese par de semanas en la güeva por las que debes pedir permiso. Somos el cansancio y el tezón.
Somos afines a tu indiferencia. Estamos unidos por las migajas de pan arrojadas por hansel y gretel. Somos tan excitantes y tan reales como una cogida en dibujos animados. Somos tan falsos como una patada en los huevos. Somos lo que se nos pega la gana ser y justo cuando debemos serlo.
Nuestra jerarquía y nuestra fortaleza están estrictamente sustentadas por un estudio genealógico que nos conduce a la nada, como primer padre, y a la risa, como la primera madre. Somos un híbrido resultante de cierto ahora y cierta conveniencia. Y además nos vale verga. Somos durante todas las horas en las que la ventanilla de quejas permanece cerrada. Y a carcajada plena.
Siendo lo que somos, también decimos: El mundo es básicamente ridículo ¿No lo has notado? Creemos que el statu quo es esa incapacidad colectiva para aceptar que nuestras vidas son causa (rara vez) pero casi siempre consecuencia (¿a poco no?) de cualquier cliché harto violentado y hasta de las mismísimas tiras cómicas. En todo caso, somos Charlie Brown. Somos la sopa de Mafalda. Somos el Némesis de Superman. Somos la güeva de Mister Natural. Somos el Stalin de DC Comics. La escasez de tinta de Marvel. La noche soleada de Stan Lee, la grisaciedad de Cortázar, la estupidez de Platón, el ausentismo de Nietzche, la decencia de Bukoswki, el "otoño del patriarca", la cinta faltante de cualquier máquina de escribir. Somos el hartazgo. ¿Y qué?
marzo 04, 2006
Cortadita de papel
-------
Luego están los que niegan que mi dolor es mío (o su dolor el suyo). Todos esos -quisiera pensar ingenuos pero más bien creo que se trata de cobardes o tramposos- pobres seres que afirman que el dolor (y todo lo demás) no nos pertenece. Los mismos que miran la vida como una sopa o revoltijo de vivencias donde todo preexiste y donde navegamos a través de los sentidos. La unidad, el todo significante, el pozole de la existencia. El karma y el destino. Dios, Cristo, Yahve. Marionetas somos y como rábanos en el gran pozole fungimos. Bobadas.
-------
Y es que el universo o "la realidad" podrían ser unitarios, en sí mismos. A mí, honestamente, me vale madres. Yo quiero más chile piquín de cuando en cuando. Orégano, limón. Maciza o quizás nomás lechuga. Pero quiero decir yo quiero. Quiero creer que creo en la Conciencia. Ya si soy una partícula subatómica dentro de una pinchísima molécula que forma una pinchurrientísima célula que resulta ser el graaan planeta tierra me resulta una verdad inútil. A mí que me pasen las tostadas, el habanero. Un baño para guacarear el pozole. Otra pozolería porque etayanomegutó. Anything except from a destiny I cannot hold.
-------
Me duele mi cortadita a ratos. A veces no. A veces me invento una donde no hay. A veces vierto vinagre y otras más la cuido, lamo y sano fervientemente. He ahí mi pequeña libertad. Mi gran margen de error. Y mi única convicción es quizás esa: Mi cortadita es mía. No pienso dedicarme a propinar cortaditas a diestra y siniestra, pa ver si nos identificamos, no. Cada quien su dolor y sus bálsamos. Y si nos vemos, mejor nos dedicamos a algo mejor que la narrativa de esas breves hemorragias. ¿Qué tal el sexo? ¿Qué tal una buena película? ¿Qué tal un poco de jazz, euforia y unos pocos ratitos de sabroso olvido? Sobra el tiempo para dolerse, y para autoinflingirse, y para estar arrepentido.
-------
Y hoy, casi sin beber y sin jazz y sin olvido; hoy con una cortadota que me tiene hinchado y repleto de drogas farmacéuticas, me siento infeliz, lúgubre, atormentadoso, carente de inspiración. Ah, pero qué chingados, también me siento contento, luminoso, casi casi entusiasmado, vaya. Imagino que de eso se trata estar vivo. Mi pozole sin rábanos: El mundo hoy pasa la noche conmigo. (aunque haga frío)
marzo 03, 2006
Tapón
Es tan divertido tomar antibióticos y no poderme aderezar la garganta y las ganas con unos mezcalitos. Es tan divertido no ir al jazz de los lunes ni al de los miércoles ni al de ningún día. Es tan divertido no poder escribir algo "inspirado y ocurrente". Es tan divertido leer librajos de poca monta e ir a trabajar pensando en tonterías. Es tan pero tan divertido tener una nueva chamba y sentirme el mismo ruco de siempre.
Bah, bah, bah. Creo que necesito darme otra vuelta por el desierto.
Mientras tanto, blogueo en horas de comida y no encuentro mucho que decir. De pronto me doy cuenta de que extraño a mucha gente que resulta estar a miles de kilómetros de aquí. Snif.
Yo estoy a miles de kilómetros de mí mismo. Ya que me quiten los chingados puntos. Necesito resucitar henchido en formol (pero sin coche a la mano).
febrero 24, 2006
Paréntesis Antifascista (reeditado)
Pueden adivinar que se trata del hombrecillo del bigote, don Jose María Aznar, homonimio (sic) de José María Escrivá de Balaguer, el cerdo mayor, y también hijo de un connotado fascista asesino, además de empleador de muchos otros fascistas asesinos y/o protoasesinos, y de los hijos de otros muchos remuertos pero revivos fascistas y que también trabajaron de asesinos durante el franquismo. Don Asno, Don Bigotes, Don apólogo Hitleriano, el mismo que durante su "gestión" en la cima del poder Español revivió el franquismo y sus bondades bajo un nombre harto cómodo, mismo que los muchos ignorantes (que también se dan a manos llenas en aquel país) logró hacerles sentir identificados. Aznete, el supuesto gran hombre que hoy dedica sus días a atacar el supuesto "populismo". Él, quien a un partido evidentemente franquista y de ULTRA-derecha tiene a bien venderle como "Partido Popular" (vaya paradojas increíbles). El hombre que sacó del closet a todos los marranos fascistoides que se escondieron bajo las piedras desde la bendita muerte del Caudillo, y que ahí se mantuvieron hasta poco antes de la salida de Felipe y su PSOE del poder, resultado de escándalos que, tal como se sabe hoy mismo, fueron una trampa bien tendida por el propio Aznar y en la que Felipe (el de allá) cayó redondito. Gracias, Garzón...
No contento con apoyar abierta y cínicamente la guerra en Irak y Afganistán, nuestro bigotitos también alcanzó a provocar la peor carnicería posible en el metro de Madrid, y aun después, logró actuar y conducirse con cinismo total, arrogancia extrema, y en muchos casos, una ignorancia palpable (como suele pasar con muchos políticos de derecha, a los cuales les prohibieron muchas lecturas en su infancia). Durante sus torturantes ocho años de gobierno, el señorcito de bolsillo, el bigote más facha del mundo occidental, el mejor estudiante de inglés del pueblo de Soria (523 hab.), tuvo a bien venir, una vez más, a nuestro podrido país, y meter sus muy sucias manos en el ya de por si MUY SUCIO cochinero que tenemos por sistema de partidos aquí. Como un puerco en el más apestoso de los chiqueros.
No sé si Calderón haya pensado dos veces la brillantísima invitación que se le hizo a mister "Asnar" para tomar el podio, pero espero, honestamente, que sus palabras sirvan para quitarle a los ilusos, de una puta vez, la venda de los ojos. Pues lo que Pepito dijo, lo dijo y lo hizo: Asnar sus burradas a diestra y siniestra. Ojalá, oj alá, imshala, que la gente se dé cuenta, finalmente, de quién es Felipe Calderón y quiénes son también los que lo apoyan desde las cúpulas más apestosas del poder. Felipito (el de aquí), miembro del Yunque, hijo de un ex-cristero neo-panista michoacano radical, de ideas ultraderechistas preocupantes y repleto de convicción, nuestro ilustre Calderón se deja apapachar por el hijo de un asesino a sueldo del franquismo y defiende los mismitos valores que el caudillo impuso, bota al cuello, por toda España, propiciando la muerte y el éxodo de muchísima gente, apoyado en un desdén absoluto por las libertades civiles, sexuales y de expresión, tal y como durante sus 40 años de mandato, sin contar los que los "Populares" agregaron hasta que el electorado les puso una patada en el culo, lograra el caudillito.
A Felipito(el de aquí), quién se vende como un político moderno, se le puede ver ahora como lo que realmente es. Un hombre que recibe el cariño, el apoyo y probablemente el dinero de gente como Aznar y cualquier otro grupo ultra, pro-Bush y de cualquier otro tinte yunquiano. Felipito, el que seguramente dejaría al desequilibrado mental de Abascal en la SEGOB o cualquier otro puesto mayor, Felipito el que atacaría el laicismo, la "perversión" y la libertad religiosa y sexual que ya de por sí son sumamente magras en nuestro país. Felipito el grande. Grandísimo hijo de la virgen de salaverga todos los raros.
Es increíble como la gente, no cansada de tener a Martita dando sus clases de moral por todo el país mientras sus hijos engordan la cartera robándole al pueblo, no cansada tampoco de Pro-Vida, ni de los Norbertos Rivera montados en automóvil de lujo y abriendo la boca más que nunca, se atreva, siquiera, a considerar su voto por Felipe Calderón o cualquiera de sus vástagos. Ojalá que, en el remoto y repulsivo caso de que este cerdito blanquiazul ganase la presidencia, sus votantes otrora indecisos no acaben siendo inmolados tras un baño de diesel en la mismita Plaza de la Constitución (violada por Aznar, Felipito y Fox hace breves días, otra vez), para diversión de domingo, y justo después de la misa en catedral.
Domingos Felipescos: Vamos Todos felices a quemar gays, drogadictos, lesbianas, y por qué no, también intelectuales de izquierda, Monsiváises (que cumple varios de los anteriores requisitos), científicos darwinianos y también gente que abra mucho la boca. Activistas, ecologistas (de verdad), zapatistas, indígenas, antagonistas del progreso y la productividad a rajatabla y cualquiera que se ponga en el camino. Así enseñó el caudillo Franco que debía hacerse. Así nos podrían destilar 6 años (más) de Gobierno Litúrgico, pero esta vez con mano libre para los enanos enjutos y miserables como Aznar, para que vengan a dictarnos cátedras de futuro y geopolítica (y de inglés también, probablemente).
DIOS NOS LIBRE de Felipe y de José María también. Dios nos libre del PAN y de la iglesia.
Que asco de gente, qué asco de país y qué bola de pendejos quienes consideren, a partir del Aznargate, la posibilidad de Realmente votar por estos fachitas de mierda.
Bah, bah, bah.
Y más puto coraje me da cuando gente que podía considerar "inteligente" me sale con que Calderón va bien y la manga del muerto. España va bien, les recordaría. España va bien hasta que los catalanes se cagan, los vascos se recagan y pa colmo, los mismísimos moros le rompen la madre sin mayor preocupación. Yo, cada que me topo a un puto calderonista tangencial, no puedo dejar de pensar en el buen Yísus gimiendo, desde la cruz: "Padre, perdónalos, no saben lo que hacen"
febrero 21, 2006
Incoherencias y contrapuntos. (Post largo, reflexivo e intolerable. Sátiros mejor abstenerse)
Salve pues, oh, gran Alfredo Mora. Que sigan los goles (en arco contrario), las tesis honoríficas (que hay que hacer) y las épocas de bonanza emocional (de las que ya gozas).
Y ahora sí: Parece que ya voy digiriendo al desierto y sus accidentados aterrizajes.
Dicen que no hay que arrojar demasiado peso sobre lo que uno considera como su propia "identidad" o "personalidad". Dicen que no hay que recrear cotidianamente los hábitos emocionales que suponemos que definen lo que somos, porque de ese modo nos volvemos adictos a nuestras propias debilidades. mismas que "subsanamos" a través de estímulos que creemos encontrar en el mundo exterior. Y esos que dicen no dicen pendejadas. Es algo fácil de constatar.
Es como la gente que se regocija autoafirmándose en cada discusión. Señalando cada posible incoherencia en el discurso del otro sin siquiera preocuparse por establecer un argumento convincente que valide una coherencia propia. O como la gente que encuentra goce en ser humillada, en perder todo el tiempo, provocar pérdidas para luego automachacarse la existencia con justificaciones y quejidos de víctima. Es igual con los que no concilian el sueño sin un valium. Igual con quienes no disfrutan una peda sin gramo y medio de coca para aumentar su perseverancia y su necedad. Lo mismo con quienes llegan a donde sea que lleguen para forjarse un toquecito de mota y encontrar una supuesta calma. E igual sucede con los que se fuman 29 cigarros al día, obsesivamente, y no se imaginan un sólo día de su vida sin la sanatoria succión de ese tabaco industrializado que sigue haciendo ricos a los envenenadores del mundo. O los que rezan cuadra tras cuadra. O los que peregrinan para pedirle bonanzas a la virgencita o al ratón de los dientes. Da lo mismo: Todos formando parte de una estable y conveniente simetría.
Ejemplos y analogías hay por millones. Todos nos podemos mirar sin mayor pudor en ese espejo. Todos carecemos, todos solicitamos, todos nos encontramos con algún satisfactor falaz en algún punto de nuestro viaje: Convicciones férreas, religión y dogma, droga y rockanroll, sexo patético o sexo súbito y clandestino. Distractores todos, y en muchos casos favorecidos por la maquinaria del poder y la productividad, y a los que prácticamente nadie logra escapar en cualesquiera que sean los años que dure su vida. Acaso a veces mutan, se permutan, se dejan y se retoman. El caso es que siempre vuelven, persisten, nos convencen solemnemente de que son parte esencial de lo que somos. Y lo peor es que no son "ellos". No están fuera de nosotros, esperando nuestra debilidad, nah. Son sólo la carnada que voluntariamente creamos para librarnos del dolor o el miedo o la exasperación o el vacío. Aun cuando a veces se trate, precisamente, de vehículos que nos llevan justamente hasta el dolor, el miedo, la exasperación, el vacío y cualquier otra barroca perversión que se nos va ocurriendo. A todos y a cada uno. Es igual.
Yo me puedo ver con suma sencillez en ese espejo, casi cada día. Victimizando, siendo victimizado, recurriendo a paliativos, evadiendo preguntas que sé y reconozco esenciales. Evadiendo también, y peor aun, la posibilidad de transformar lo que soy y lo que me rodea con un simple pero muy firme acto de voluntad y transición. Jugando al que no hay pedo. Estirando la tolerancia de otros, y la mía propia, hasta el punto en que se rompe o se proyecta hacia el lado contrario, dejándome una felizmente neurótica sensación de injusticia. Abusando de mi güeva. Abusando de mi capacidad de amar. Abusando de todo lo abusable y además sabiendo que lo hago. Hartándome de mí y luego de un par de llantos y temblores, volviendo tranquilamente al principio del proceso.
Pero hoy, hoy mismo, hoy cuando logro asirme en pleno vuelo, o mejor dicho, hoy que me capturo reptando nuevamente hasta el pantano, he decidido explicarme a mí mismo, palabra tras palabra, cómo es que hago lo que hago, cómo es que repito y repito lo que me daña y cómo es que, a través de esta exposición, de esta exhibición que podría compararse con sacarse el pito frente a una escuela primaria, y con la única salvedad de que las niñitas escandalizadas son en este caso yo mismo, renuncio a volver a esa comodidad neurótica-casi-perversa y asumo mi poder de cambiarlo todo. Me decido a no reptar más. Me atravieso con una lanza filosa y envenenada de contrapuntos, me cazo solo, me mato y no me dejo volver a ningún lado conocido.
Y sé que eso no significará rasgar mis vestiduras y escapar a la punta de una montaña en Naucalpan o los Himalayas. Volveré al bar, volveré a verme frente a una copa de mezcal, volveré a creerme situado enmedio de una injusticia. Volveré a engullir un cuerpo, volveré a besar una boca que no merezco, volveré a idiotizarme con los cuentitos del mundo. Es sólo que nunca volveré a hacerlo sin pensar. No será más un acto autómata. No será más un deleite sin rumbo. Seré lo que decida ser y no lo que rasguñe hacer. Pensaré antes y luego de ser. Gozaré con motivos y no por causas. Aprenderé, de una vez por todas, a guillotinarme antes de cometer algo atroz y a reinventarme sin culpas luego de que mi antigua cabeza ruede y brote una nueva.
Sin piedad. Como el mismísimo sol del desierto.
febrero 15, 2006
De la ley inquilinaria
Vengo de leer, sin nada bueno que comentar, claro está, un post del sacrosanto Chango. Un poco acerca de mil mamadas y ninguna, como siempre que se trata del buen KingKong batiano. Ya ni me quejo. Asumo.
Lo que me ofuscó, sin temor a represalias, fue una idea por demás esencial y que seguramente poco pensó el buen simio cuando la escribió en su chingadera: La idea de deshabitar a la gente, ergo, a las ideas o a cualquier pendejada. En sus palabras, and i quote, dijo: "No hay sorpresa tan miserable como deshabitar a la persona que amaste. Salir de ella, devolverle la parte que tomaste y llevarte lo tuyo. Estar afuera te obliga a contemplarla, y toda contemplación provoca una busqueda hacia dentro, una introspección parecida a la huida. Como un caracol. Como una tortuga."
El resto del post me resulta indiferente. Con ese brevísimo trozo, el pinche chango otra vez logró romperme la madre. Primero, porque la idea de "deshabitar" a las personas, léase aquello que amas o amaste, me resulta sumamente familiar. De hecho, no hay mejor manera de ejemplificar la ruptura que trazarla como un desalojo. Retirarse de alguien. Abandonar cada centímetro cuadrado de aquello que te significó una vez. Dejar dicho ser, sí, pero también dejar sus territorios. Sus ladrillos. Sus casitas de adobe y sus tormentas.
Y peor aun: tomar lo que queda de tu sacrificio, así fueren las cenizas. Y luego, para colmo, mirarte a ti mismo -y al otro- desde muy afuera. Contemplar los motivos que te hicieron incursionar hasta la puta médula de algo ajeno. Y también los que te hacen abandonarle. Claro, cosa que no logra decir el chango, también ocurre la risa. Cuando precisamente, y contemplando tu propia imbecilidad, alcanzas a carcajearte cagonamente de ti mismo. "Como un caracol. Como una tortuga."
Así es como la vida ocurre bajo una extraña ley inquilinaria. Habitas a algunos. Otros, a la vez, te habitan sin pedir permiso. Cada quien deja su depósito y promueve también sus demandas. Se sufre y se persiste. Y claro, también se logra permanecer callado y sobrevivir sin decir nada. Faltaba más.
Estás afuera. Contemplas. Eres contemplado. Te contemplas a ti mismo contemplando otras cosas. Abandonas todo sentido de verdad y corrección. Prevaleces.
Y luego los millares de historias. Todas cayendo sobre ti y sin previa solicitud.
Ríes si puedes. Si puedes, te ríes. Te sobrellevas como un idiota. Suspiras acaso.
Deshabitas. Abandonas. Te vas. Cargas tus muebles sin esperar que te devuelvan ni pío.
Y si demandas, coño, estás jodido. Aunque si lo haces siempre tendrás quien se ría de ti.
Y quien se siga riendo también.
febrero 14, 2006
Viajes
Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de "Alegría de los famas".
Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.
Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan."
Julio Cortázar
Un hotel que siempre tiene cuartos libres y que carece de servicios médicos y aperitivos.
febrero 12, 2006
Morir otra vez
Y el mundo que vivimos, ahora que se manda a sí mismo y que opera a pesar de nuestra cualidad de ser efímeros, no tiene ojos ni arterias. Morir, eso que le sucede cada 6 segundos a alguien que (casi) nunca conocimos, es un factor que no desequilibra su propia permanencia. Sólo quienes alguna vez viven se duelen de la muerte.
Muere Soriano. Mueren sus ojos y su divinidad forzada por el marketing. Mueren sus ganas de seguir siendo nadie y haciéndo todo lo que pasara por su antojo. Muere uno, un poquito más, cada vez que vislumbra los alcances de la muerte.
Pero aun así, y más que nunca, vivimos sin noción de nuestra muerte. Ni los mexicanos, que tanto nos jactamos de nuestra "humorística" y "natural" visión de la muerte, pensamos jamás en el hecho invariable que supone que, en 100 años, todos los vivos serán otros, y todos los que ahora estamos ya nos habremos esfumado sin remedio. Nadie lo hace. El poder menos. Y el imperio, ja, mucho menos. Todos siguen andando como si la cotidiana supervivencia estuviera ahí para siempre. Short-term profit. Inútil.
Y claro, no entiendo por qué el poder, y que es algo mucho más grande que los gringos, sigue viviendo como si todo lo que nos mantiene vivos fuese infinito. Y tampoco entiendo por qué la gente lo tolera como algo normal y sustentable. Ni modo.
febrero 11, 2006
¿Por qué será que la vida siempre nos toma por sorpresa?
febrero 07, 2006
Cinco hábitos absurdos (que nadie me preguntó)
Yet, unos que otros los padecen. Tough luck, heh!
1.- Digamos que amanece Y, curiosamente te despiertas temprano. Esto es, no más de tres horas después de que el sol sale. Digamos también que anoche tuviste la extraña suerte de que alguien, no importa quién, balbuceara alguna palabra o conjunto de (léase sustantivo, adjetivo, dicharacho insufrible, etc.) que te resulta muy dejavu PERO, muy "EXTRAÑO(A)". O, en su defecto, digamos que ayer alguien tararease una OBTUSA y OLVIDADA cancioncita.
Mi hábito extraño número uno goes like this: Es totalmente inconsciente/subconsciente. Sin embargo, justo al día siguiente del "supuesto" --- " hallazgo" --- muy probablemente voy a:
a) Escuchar la "obtusa y oscurísima cancioncita" al menos cuatro veces durante el día y en lugares absolutamente inesperados.
b) Soportar a los personajes menos soportables (sic) utilizando esa "extraña palabra" cuando menos ochenta y siete mil veces. Y si no, seguramente alguien repetirá ese "oscuro" refrán insufrible durante horas y horas.
Claro, mi hábito no depende de los demás. Mi hábito supone encontrar esta constante y repetitiva serie de curiosidades convergentes Y, obviously, sorprenderme tercamente por lo mismo. Incluso llego a decir que dios existe. Imaginaos la necedad.
2.- El hábito extravagante número 2 no me ha hecho jamás mucho bien. Y es que me enamoro. Me enamoro a lo pendejo. Y no. Nada de que me "enculo". No me "enculo": NO. Buenísimo fuera. Siempre me enamoro. Soy, como dicen muchas de las antiquísimas víctimas hoy en día, "una nena".
Un miserable besito y ya perdí. Imagínense hasta el hartazgo todas las atroces consecuencias.
3.- Mi tercer mal vicio gira alrededor de mi incapacidad para llorar voluntariamente, ergo, a gusto y nada más. Y lo peor es que no crecí bajo ningún estereotipo machincuepo que me impida berrear en santa paz. Es nomás que no puedo. Tengo ganas, sí, el ojito vibra en modalidad Remi, sí, pero sencillamente no puedo convulsionarme como en la infancia. Y ahí es donde incursiona el tercer vicio weirdo: Cuando tengo ganas de despedazarme en paz, hacerme cachitos, llorar cual Magdalena y luego seguir llorando, yo, sencillamente, busco una película-lectura-historia o en su defecto una absoluta pendejada para llorar mediante. Todo me funciona: Desde Añejísimos Chick-Flicks como Casablanca o textejos tan pinches como el pusilánime Principito. Vale ñonga.
4.- El repeat one. Repeat one. Y ese viene desde tiempo atrás. Recuerdo grabar una rolita, que no pienso nombrar, unas 42 veces en el mismo casette. Y luego ponerlo y ponerlo y ponerlo. Necio. Y que Aburto bendiga el botón de "Repeat One". Por eso debiera vivir en "La terquedad" (y el que no comprenda que mire más abajo).
5.- Careciendo de ganas y de memoria, creo que el quinto mal vicio le corresponde a las ambulancias. Y no a las ambulancias per se. Sólo a las que pasan por enmedio de mi vida a cada rato. Las odio. Las desprecio someramente. Y cada que pasan no puedo evitar angustiarme. Como si me recordaran que también, e inevitablemente, voy a morir. No, gracias. Hoy no.
-
febrero 02, 2006
De palabras putas, palabras princesas y palabras subvaloradas.
Pero sucede que no nací en un entorno anglófono. Crecí hablando con una boca, femenina, ayudado por una lengua, también femenina, expulsando el aire desde una garganta, femenina igualmente, entonando las sílabas con las cuerdas vocales (o bucales??), femeninas de cualquier modo. El habla, per se, resulta ser una acción femenina, cuando menos gramatical y sintácticamente. Y he ahí que cuando alguna vez dije que las palabras son putas, semejante improperio pudo ser interpretado como un revuelco misógino. Pero no lo era. Sencillamente quise decir que, dado el contexto posmoderno, salvaje y desinteresado en el que vivimos, las palabras, que resultan propiedad de quienes las dicen, sirven así a los intereses de nosotros, los padrotes del lenguaje. Y la verdadera responsabilidad recae en quienes las emitimos, sin duda alguna. Las palabras, como el aire, como las flores, como la propia música o el propio silencio, resultan no ser nada si no les escucha, se les lee, se les acaricia o se les muerde. Nada si no se emiten o se consuman bajo el fuego de sus escuchas. Objetos inanimados que flotan en derredor de nuestra interacción cotidiana. Mariposas esperando ser cazadas y destripadas sin remedio. Víctimas inocentes de lo que queremos hacer con ellas.
Todo este preámbulo es para llegar hasta una nueva prostitución del lenguaje y que supone ser la premisa de este breve texto. Parte proviene del viaje, parte no. Reduciéndome a mi conmoción emocional, debo decir que esta vez descubrí estar harto. Harto de descubrirme (sic) escuchando y diciendo abstracciones a diestra y siniestra. Harto de utilizar adjetivos a falta de mejores sonidos o semblanzas. Harto de decir "hermoso" como quien dice "pan tostado". Harto de decir "amor" como quien dice "buenos días, buenas tardes, buenas noches". Harto de usar las gafas de la grandilocuencia. Harto de navegar pegando de gritos y sin pudor para decir cualquier cosa. Harto de la exarcebación, harto de la solemnidad. Harto de mis propias expectativas pero también, paradójicamente, harto de mi propia desesperación. Harto, precisamente, de mi carencia de esperanzas. Harto de mi conflicto. Harto de la complejidad. Harto de las palabras, aunque no, y definitivamente no, de lo femenino.
Y no es que me atreva a despojar de significado a la hermosura, ni mucho menos de hermosura al pan tostado. No se trata esta vez de esa constante rebeldía-afrenta a la que juego cada que me siento tembloroso. Esta vez es muy distinto. Esta vez es humildad.
No me atrevo a asegurar que esta es la gran digestión de mi reciente viaje. Estúpidísimo sería aseverar semejante cosa. Digamos que este es el breve terremoto que tocó a mi puerta. Diré que lo hermoso se vistió de colores indecibles y de palabras que no existen todavía. Diré que enmudecí al mirar el sol derretirse dentro del horizonte. Diré que miré todo por primera vez, otra vez. Diré que respiré nubes y nubes de alivio y que luego me inundó un montón de fuerza, la misma que me mantuvo despierto toda la noche, alimentando una hoguera, manteniendo despierto el fuego, manteniéndome a la vez dentro de ese sueño y esa resurrección. Diré que todo está mucho más claro ahora pero que, curiosamente, no tengo palabras para decirlo todavía. Y cuando las tenga, tal vez ya esté prostituyendo mi delirio. Y no quiero. Me rehuso terminantemente.
Me declaro carente de enunciados y repleto de contento. He vuelto a nacer. Me tomará todavía un cierto tiempo poder recobrar el uso de la lengua, la garganta, las palabras, las bocanadas de aire fluyendo sobre las cuerdas vocales. Y no llevo prisa. Por ahora sólo quiero seguir temblando de incertidumbre.
febrero 01, 2006
Road Trippin' (II) - Lugares y consecuencias
enero 27, 2006
Road trippin'
Tomar la carretera, con el destino bien enraizado en la mente. Sumergirse detrás del volante. Insertar tantos discos como permita la paciencia. Pisar el acelerador. Mirar de cuando en cuando el horizonte, mirar hacia los lados. Hablar. Ir hablando por el camino, por la carretera. Reírse, reírse lo más posible. Hablar de sexo, hablar de amor, hablar de soledad. Llenarse la boca de todo lo que hay que confesarse entre buenos amigos, todo para limpiarse de una buena vez la cabeza y sus tantas fruslerías. Prepararse, si es que hay un cómo, para lo que espera llegando a la cima del suelo.
No pestañear mucho. Nunca dormitar tras el volante. Evitar los camiones. Distraerse un poco en las rectas (pero no mucho). No chocar. No ser portada del Alarma o cualquier otro pasquín de sesos, tripas y niños muertos embarrados sobre el asfalto como chapopotes de carne. Concentrarse en el camino pero imaginar el horizonte. Imaginarse llegando. Llegar finalmente. Buscar. Me gusta no tener a dónde llegar cuando llego. Me gusta buscar llegando. Un hotel. Una camioneta rumbo al desierto, rumbo a la luz, rumbo a la hoguera y las serpientes de cascabel. Rumbo a una noche que seguramente será emputecidamente fría.
Subir a la montaña. Ir lo más ermitañamente posible. Recordar un lugar donde hace 22 años (sí, veintidós, qué terror) miré por primera vez el mundo desde la cima del Quemado, en Wirikuta. Aferrado entre dientes y dedos a una mandarina, y quizás a alguno que otro gajo de carne de venado. Rodeado de señores vestidos de colores y mujeres con paliacates en sus cabezas, y niños que se reían ingenuamente del niño güerito chilango y enano parlanchín pasmoso.
Luego desvanecer esos recuerdos y los otros. Los de los años posteriores. En el tiempo de la bailarina, luego en el otro tiempo solo, luego nunca más. Diez años se han esfumado ya. Diez sin ver ese cinturón dorado que se extiende como otro paliacate, aun más inmenso, coronando el cielo del desierto.
En el piso, sobre la tierra, impávidas están las espinas, las piedras, los huecos donde duermen las serpientes, y claro, los venados quietecitos y apacibles, esperando a que uno vaya y vuelva y vaya y vuelva, todo sin moverse pero bailando, o tropezándose, o las dos cosas.
No te vayas carretera. No te muevas. Apenas voy y ya regreso. Igual con todo lo demás. ¿Será verdad ese cliché donde las cosas no existen mientras uno está ausente?
Lo dudo. Por eso viajo esta vez. Por eso y porque volveré aliviado.
enero 20, 2006
Ahora que lo pienso
Nunca había escrito un post en presencia de nadie. Bueno, tal vez alguno de esos de tres líneas y que suceden embelesados frente a la presencia de alguien.
Pero nunca había escrito un post frente a gente que mira, convive frívolamente, y que a la vez, no me importa en realidad.
Esta es la primera vez.
------------
Si siguiera los patrones conductuales de mi propia vida, debería escribir acerca de lo mucho que me hace sentir bien lo que me hace sentir bien. Pero no. No quiero solidificar lo mismo de siempre.
------------
Igual que si siguiera los "otros" patrones de mi "otra" propia vida, podría quejarme ad infinitum de mi falta de saciedad o de cómo nada es absoluto y de cómo eso me caga, etcétera, etcétera. Tampoco hoy me interesa.
------------
Esta vez carezco de motores ilusorios. Hoy reniego de caminos y esperanzas. Y sin embargo, tampoco los descarto. Sucedo de un modo impersonal (o quizás, de un modo impersonalmente mío). Tomo y bebo. Bebo del cáliz que se me presenta. Y retribuyo. Y evito las mentiras. Y evito el desencanto. Sucedo como un estúpido aleteo de mariposa. Existo imperceptiblemente, tal y como se existe montado en un ciempiés que cualquiera podría pisar sin gran remordimiento. No había existido tan deliciosamente libre antes de ahora.
------------
Y lo mejor (o lo peor) o lo menos importante de todo, es que nada de eso me importa. Persevero en persistir. Persisto en perseverar. Amo a quien me ama más que a nada amado antes. Adoro el no estar cazando conflictos. Acaricio la levedad que me da quien me da todito y nada al mismo tiempo. Qué rico es existir sin ataduras. Qué suavidad tan nueva. Qué compromiso tan llevadero y liviano.
------------
Ya no soy un chaval (f. dixit). Ahora sí que soy un hombre atormentado con razón de ser. Uy, qué orgullo. Ahora que puedo justificarme, es justo cuando mi debilidad me importa menos. Paréntesis politeísta: Que viva el Dios de la Sincronía.
------------
Y sí, ah. Y nada, oh. Y todo, uh. Y eso, aggh. Todo. Todo. Todo: UFFF.
------------
Cuando las cosas pierden importancia neurótica, cobran relevancia REAL.
------------------------------------------------------- - - - - ---- -- - - - -- -
Creo y he dicho
(abruptamente, gulp, o debiera decir: Como siempre).
enero 16, 2006
Mis articulaciones necesitan 3 en 1
Y me vale madres. No ejerceré mi derecho a la queja perpetua. Más bien empiezo a considerar la formación de un partido político sumamente plural (desde la clandestinidad, por supuesto). El mosaico de la noche estuvo glorioso, alentador, me hizo considerar seriamente en que somos las manos más extrañas en las que podría caer este país. Qué mejor. El problema es que tengo un pasado oscuro y un presente prieto prieto, así que no podría salir mucho a la luz pública. Lo mejor es que siempre podríamos pedir que Anthre lo presida, que Hugo y Mónica se encarguen de las relaciones públicas y la internacionalización ideológica de la plataforma. Siempre podremos contar con que Gonzalo se encargue de inyectar el sarcasmo en los discursos que aplastarán a los rivales, o que el Chango se haga cargo del enlace ecuménico con la teología batiana, además de las redes ciudadanas que le birlaremos al peje. Plaqueta y Raul se encargarán de la producción audiovisual, pésele a quien le pese. Héctor podría poner los tragos, si está de humor y Silencio podría, desde luego, escribir el santoral año con año, además de poner a punto la coherencia lógico matemática de nuestras sandeces.
En fin. El panorama es muy esperanzador. Y a fin de cuentas no importa un carajo. Con que logremos el registro por un ciclo electoral, siempre podremos huir del país tras recibir el financiamiento público. Y ahí es donde comenzaría mi trabajo. Con ese presupuesto podría armar un espeluznante reventón. Ah, y esta vez si llevaría mis CDs. Pinche punchispunchis cómo lo alucino. Ja, también pa la música le podemos pedir consejo a Balmori, pero de eso se encargan otros. Materia y antimateria no deben coincidir en el tiempo-espacio. El universo podría desaparecer.
Gracias a todos los que fueron.
Y a los pocos que no fueron, una sutil y deliciosa mentada de madre!
Salud
enero 10, 2006
A 4 días de la debacle
Sábado 14 de Enero. Jazz en vivo, chelas de la casa (mientras duren).
Interesados échenme un correo, o como manda el diccionario dominguero: emailéenme. .
Mientras tanto, me concentrarme en deprimirme por la acumulación de años, snif.
enero 06, 2006
Binario
Suena narcisista, es reiterativo, huele a necio, sabe a pretencioso. Resulta ser, finalmente, una inmensa pendejada comodina y grandilocuente.
El punto es que ni siquiera puedo evitarlo.
-----------
Y no es que quiera decir que ahora sé o que ahora soy más que cuando había un antes. No me interesa establecer o corroborar ningún crecimiento constatable.
Sencillamente estoy asombrado. Estupefacto ante lo distinto que uno puede sentirse y más cuando sucede en tan poco tiempo.
Y sin embargo también estoy asombrado de lo igual que puede uno ser, cada vez, y muy a pesar de sus supuestos aprendizajes.
En fin. Vivo una especie de orgullo lastimero. Una lástima orgullosa. Me da igual: Por ahora me quedo tranquilo y aparcado en el orgullo.
---------
Me declaro un ser binario. Me declaro un asqueroso lenguaje de ceros y unos. Me declaro dual. Me declaro dualístico, dicotómico, imperfecto pero deseante.
Me declaro jamás declarable. Jamás certero. Siempre oscilante.
---------
Y es que todo apunta a eso: El péndulo del puto Foucault, el puñetero budismo cuasipanteísta, el jodido judeocristianismo monoteísta y monotemático, el asqueroso jipismo carente de boyas ancladas en la realidad, la comodidad social donde varo means todo. ¿Cuál todo? Todo es que es un cero o un puto uno. Toda, todísima, cualquier jodida postura aspira a alcanzar otra.
---------
La diferencia es que ya no me molesta: Nada de eso. Muy al contrario, me divierte, me excita, me corroe, me significa. Deja de significarme. Sucede. No soy más un vulgar generador de tristeza. Tampoco resulto un destino donde convergen estúpidas lágrimas. Me declaro aleación. Me declaro cable y no camino. Me declaro centímetro a centímetro: Soy lo que la corriente que ocurre denro de mí quiere que signifique.
---------
Por mucho tiempo envidié a las personas llenas de fe, o de certeza, o de ambas (madreehdios, las que tienen ambas). Por mucho tiempo quise saber algo, tenerlo todo, atisbar algo claro, conducirme a mí mismo, cavar mi camino en la vida, pintarrajear mis siguientes objetivos.
Ahora todo es polvo de comino.
---------
Tengo claras pocas cosas: No hay respuestas fuera de mí mismo. No existe dios (con minúsculas) aun si lo más parecido resulta ser el olor-sabor-temblor de una mujer, ya deseada ya deseante. ya dormida y sin espejos ni candiles flagrantes.
No existe la certeza por más tiempo que el que uno le otorga. No existe la fe a menos que uno la corrobore, segundo a segundo, y sin esperar retribuciones. La belleza no conoce burocracias.
---------
La vida, en efecto, parece ser un perpetuo trayecto entre la convicción y la temblorina existencial. Un jodido o no jodido péndulo, capricho que oscila tocando todas las orillas, sin duda, aunque siempre y sin importancia pase despreocupado sobre el mismo centro.
---------
Bendigo finalmente a los matices. Los quinientos mil matices. Los quinientos mil y un matices. Las alegorías que se endilgan a sí mismas sobre el dulce cuerpo del trayecto. Bendigo al trayecto. Desprecio la simplicidad de las orillas.
Me declaro un ser binario y también desnudo. Me declaro incapaz de masticar la verdad. Me declaro desinteresado por saborear semejante bocado.
Sólo quiero más caricias. Caricias para querer menos cada vez menos incertidumbres.
Sí: soy un asco. Un conformista. Crucifíquenme si pueden. Ni modo. Ya no estoy más ahí, ya no soy yoni soy nadie para poder reprochármelo.
Ahora es cuando me descubro libre.
enero 05, 2006
Se acaba la fiesta, gulp!
Gulp.
Bueno, a quien quiera asistir a mi cumpleaños, gulp, écheme un mail.
Saludos.
enero 03, 2006
Grandes Esperanzas (Dickens dixit)
--------
Durante un tiempo que parece interminable, nos empeñamos en reacomodar la realidad a nuestro antojo. El síntoma más universal resulta ser cuando nos enamoramos de quien evidentemente nos va a romper el corazón. Una y otra vez nos damos de topes frente a distintos personajes a los que atribuímos ese rol. Una y otra vez llega la inevitable frustración y la época de lamentos y quejidos. Y, si la suerte nos sonríe, una y otra vez asimilamos nuestras pérdidas. Una y otra vez justificamos nuestro dolor en una falla ajena a nosotros. Una y otra vez fallamos. Pero pasa todo hasta que llega el día.
-------
El día no tiene forma ni color. El día carece de expectativas y demandas insulsas. El día no tiene nombre. El día sucede y nada más. Es un día como cualquier otro. Es un día al que podemos tachar de insípido, carente de magia, desechable, insulso, cualquier cosa. Pero es el día. EL DÍA. Un día que se sienta ahí, frente a nosotros, como si nada. Un día que podría escurrirse si no estamos suficientemente atentos. Un día tímido como todo lo bueno. Un día introvertido como todo lo que merece la pena.
-------
Y entonces, al volver la cabeza, miramos ese día con una luz distinta. Iluminamos nuestro deseo con otra opacidad. Nos percatamos de lo que quiere decirnos. Nos lo dice todo. El día contiene una breve línea espacio-temporal. El día contiene un beso en las pestañas. El día supone más atención de la que pensábamos darle. Y entonces sucede. El día sucede sobre nuestras manos. El día se desborda sobre nuestras más endebles falanges. Se presenta sin pudor. El día es un día lleno de amor en contrasentido. Somos nosotros los amados. No es un día de dádivas sin reflejo. No es día de viajes de ida. Es el amor volando de vuelta a nosotros y sin boleto de regreso.
-------
Al mismo tiempo, existe nuestro perpetuo esceptisismo (sí, así se escribe). Y al mismo tiempo, subsiste nuestra infinita desconfianza. ¿Qué hacer entonces? ¿Repeler todo eso que suponemos irreal o inmerecido? ¿Abrazar la comodidad que acarrea el ser amado? ¿Jugar al justo medio, en el centro de la nada, y pretender que sabemos todo lo que ese amor sabe o quiere saber?
Yo digo que no. Digo que todas esas posturas son mentira. Digo que hay que desnudarse. Digo que merece la pena creer en el amor de los otros, con todas sus posibles consecuencias. Creo que hay que callar y sencillamente ser amado. Gozar de las caricias que se otorgan y se reciben. Guardar silencio y nunca más rencor.
-------
La vida nos tendrá muchas sorpresas preparadas, como siempre. Nos encontraremos, en el peor momento, a la peor persona. Repetiremos, en la peor de las circunstancias, el peor de nuestros arquetipos. Dudaremos, en el peor de los segundos, y gracias a la peor de nuestras debilidades, de lo mejor que nos atañe. Eso sí que es algo seguro. Y al mismo tiempo no importa. O sí. Dependerá sólo de nuestra fortaleza. Se colgará de nuestra convicción. Será vencido gracias a nuestra aceptación de lo que amamos y nos ama, venciendo, final y flagrantemente, a esa adicción tan común que significan la derrota y el escarnio.
Nada más. Nada fácil. Nada menos.
-------
Este es un texto que brota (brotó) sin arquitecturas ni acomodos. Es un bonche de palabras que se dicen a si mismas. Es algo que debo leer y releer yo mismo. Una autolección que sucede sin remedio. Y no me importa quien lo aguante. Y no me importa quien lo entienda, quien lo lea, quien se duerma o quien rebata. Sé que debo sembrarlo justo ahora y sin más trastabilleos. Y sé también que habré de cosechar sus huracanes mañana mismo, o quizás nunca, pero sabiéndome certero y abrigado por las caricias de quien me ama JUSTO AHORA.
No hay mejor cobija. Quien debió de amarme luego de entregarle toda mi ingenuidad, no lo hizo. Quien supuse que me daría su corazón, prefirió vendérselo a los mercaderes de la insatisfacción, o decidió seguir bailando la danza de la duda improductiva. No más. Me dejo, finalmente, caer sobre las nubes que me procuran suavidad y amor desentendido.
Enfatizo: Todo lo que no me fue dado alguna vez, resulta haberse ido para siempre. Tras el recuento de los supuestos daños, me quedan los brazos de mi amorosa amada. Y merece mi endeble amor más que ninguna.
-------
Aquí estoy, de pie, dispuesto a dárselo todo. Dispuesto a renegar de todas mis grandes esperanzas. Dispuesto a asesinar mi grandilocuencia y mi atesorado guión-para-la-vida, que evidentemente no existe. El arrepentimiento puede esperarme sentadito, empaladito, muerto y doliente sobre su taburete de espinas. No vuelvo más: Mi eterno regreso ha decidido tomarse un cafecito, un heladito, un interminable vaso de agua. Esta es una convicción, y ahora sucede indefinidamente.
(Y si de pronto me atreviese a volver, llámenme traidor. Todos. Cualquiera.)
Ahora es cuando más dudo de que exista un digno retorno. Lo sentimos: No más vueltas en U: The U-turn has left the building.
No seré yo quien me rompa el corazón, otra vez.
He dicho.
------
enero 01, 2006
Un año diamor. (Luz dixit)
Y el resto diceque no. Sabe que no. Todo marcha absurdamente bien (sí, ya se me había olvidado el poder de una mordida en las pestañas). Todo marcha sabia y acicaladamente bien.
Hace un año abrí un blog sin saber muy bien para qué. Apenas regresaba de Tijuana y la puta ciudad se sentía más gélida que de costumbre. Mis grandes amigos estaban todos fuera, muy lejos. Tijuana era ya un burdo recuerdo. El vuelo de regreso estuvo de la rechingada, como todos.
Y recuerdo que llegué a casa y me sentí sólo. Vaya, no sólo. Me sentí más sólo que un mojón en el desierto. Sin ganas de nada. Extrañando a todo el puto mundo. Y me vi sentado frente a la máquina. Y me miré mientras escribía mis datos de registro. Y todo pasaba como siempre que uno parece vivir en tercera persona. Cerca pero lejos.
Pensé primero que la blogósfera sería un lugar interesante donde conocer amiguis, ja. Y luego me hice de simpáticos enemiguis a la primera de cambios, jo. Todo para dar la vuelta por aquí y por allá, dejando muchos comments, y finalmente involucrándome con el jueguito, persistiendo en el patético intento de escuchar y hacerse escuchar a la vez, en una plaza pública donde nadie te conoce y a nadie le importas.
Hoy tengo un año de escribir en este abismo, y no puedo definir ninguna razón apropiada. Escribo porque sí. Escribo porque me hace falta. Escribo porque quiero que alguien lea o porque sencillamente me da la gana. Todo depende.
Lo que me queda claro, justo ahora, es que no soy el mismo que comenzó a escribir todo esto. No soy el mismo que escribió anteayer o la semana pasada. Ya nunca soy el mismo. Y en lugar de petrificarme me inyecta de fuego: Nunca quieto. Siempre, siempre, siempre revuelto.
Y eso mucho me complace. Me complace sobre todo no saberme en silencio. Perdurando mis letanías, abrazándome a lo intenso. Qué más da.
Me descubro día a día. Sí, como dijera Un solo Ojo, me tomo un café conmigo mismo, cada día. Y luego me desentiendo.
diciembre 27, 2005
Viraje de timón
Cuando alguien te pide que signifiques tus vivencias en una sola frase, está pidiendo estupideces. Es como creer que un año es un año. Como creer que un 2005 vale más que un 2006. Puras idioteces. Números impuestos sobre cosas que suceden a pesar de todo. Los años no son nada. A menos que uno quiera.
----------
Hacía mucho tiempo que no sabía lo que significaba tener hambre. Hambre. HAMBRE. Morder y dejar ser mordido. Morderse y desaparecer. Parece tan fácil. Resulta tan sencillo. No me atrevo siquiera a imponer ninguna literatura sobre esta hambre tan extrañamente nueva. La dejo suceder. Me callo y prosigo. Sin más.
Y luego pienso que ojalá el hambre se hubiera presentado entonces. Y entonces. Y entonces. Pero no. El hambre parecía ser algo comodino. Un hecho aledaño y resonante. Oh-oh. Resulta que no. La vida es un buen tango. No. Es un buen tango queriendo ser escuchado.
----------
Y el suceso de la semana:
- ¿Oye, te digo algo raro y no mamadas?
- Venga
- No. No creas. Es algo raro y NO mamadas.
- Bah. Échalo. Qué puede ser.
- Bueh. Nomás no te azotes.
- Venga
- Estamos aquí, ahora, hablando de esto tan intenso, ¿cierto?
- Cierto
- Bueno, ayer hablé exactamente de lo mismo, con gente que no tiene nada que ver con ustedes.
- Ahh. No te creo. ¿Y eso qué?
- Pues lo mismo. Nacieron el mismo día.
- ¿El mismo día?
- Sí, el mismo día que tú y que Jacky.
- No te la mames. No puede ser.
- Pues eso mismo. A mí también me resulta inverosímil. Son demasiadas coincidencias, ¿no?.
- Uhmm. No lo sé. ¿Qué día dijiste?
- 12 de mayo. Tauros todos. Tengo miedo. Parece que Dios sí existe.
- Putísima madre (silencio enfático). Mejor ni digas. Ni te creo.
- No me hace falta. Sólo me da miedo.
- Ejem. Cof, cof. Pos sí.
- Pos lo mismo digo.
- Y tienes razón.
- Sepa.
diciembre 20, 2005
Llamas gélidas
No por nada tanta gente se suicida en Diciembre. El patético sueño capitalistoide tercermundista y judeocristiano hasta la médula de hielo: la navidad, explotada en todas sus posibles y descarnadas fórmulas publicitarias (y que además tengo que estudiar for a living) sólo sirve como un contrapunto infernal para los que anhelan calor, caminos en común, algo de humo y vapores ígneos, o al menos un poco de sudores compartidos, un pinchurriento calentador eléctrico o cualquier otra extravagancia de la carne. No por nada muchos meten la cabeza en el horno y se dan muerte. Hacen demasiado caso a la vida que no tienen.
-----
Yo, por otro lado, me encuentro sólo. Sólo luego de toda mi vida. Sólo luego de pocas pero muy distintas compañías. Mujeres de fuego, mujeres de nieve, como diría la cursi trova. Mujeres de carne por sobre todo. De conflictos, como yo mismo. Mujeres de las que me arrepiento y de las que no. Mujeres que me han entregado sus días y sus pestañeos durante largo tiempo, o durante unos segundos. Mujeres todas irrepetibles y por las que he aprendido a estar sólo y tranquilo justo ahora: no pienso ni por un instante en meter la cabeza en el horno de la insatisfacción.
-----
Y aunque en horas como esta, en plena madrugada, y en días como estos, llenos de trabajo y terapia ocupacional para la supervivencia, mi cama pida a gritos otras tripulantes, compañías y tonalidades, yo abandono los lamentos. Sólo me cubro con todas las cobijas a la redonda y trato de soñar. Cosas diferentes. Tiempos nuevos. Viajes a lugares que quiero conocer antes de estacionar la nave y convertirme en musgo. Mapas y buques y huracanes deleitables.
No es que no quiera morder algunas bocas esta misma noche, o la que sigue, o la que sigue. No es que no tenga ansiedad de quitarme el frío a como dé lugar. Pero también estoy cierto de que no es momento para naufragios. Y mucho menos se me da rentar lanchitas en el lago de chapultepec, para subirme una hora y luego olvidarme de la travesía antes de que anochezca. No tengo prisa. Ni chinampas, ni trajineras, ni buques pesqueros. Vaya, ni el mismísimo crucero del amor me conmueven un bledo. Hay que ahorrar para un hidroavión mejorcito que el que se despatarró en Miami.
-----
Hay una llama gélida. Un pebetero helado que me mantiene incandescente y muerto de frío. Las manos entumidas, pero el corazón fortalecido. Seguro de que no hay que buscar nada fuera de mí. Nunca hay nada que buscar allí. El mundo ocurre fuera de uno, pero uno es el que transita sobre él. De mis pasos me ocupo ahora. Pasitos sobre la nieve que nunca cae en ciudad esmog, pero que, por lo pronto, parece atestar las calles y entumecerme los dedos, al punto de no necesitar estirarlos para sentir cómo me congelo lentamente. Y podría decir que incluso lo disfruto. Es una de esas sensaciones viejas que parecen nuevas bajo otra luz, bajo otra flama.
-----
Me siento fuerte. Sobreviviré a esta pequeña era glaciar como un eslabón perdido metido en su bloque de hielo. Ya vendrá el tiempo en que la llama gélida despierte, y se sacuda dentro del iceberg, derritiéndolo todo. El trópico se habrá dado una vueltita por el iglú y me descongelará. Mientras soñaré -sonriente aunque muerto de frío- dentro de mi solitario cautiverio.
diciembre 15, 2005
Economía de palabras.
----
Quisiera poder decir, en dos palabras, lo sólo que se siente estar sólo. Lo acompañado que se está cuando existe una deliciosa compañía. Quisiera ahorrarme palabras y así ahorrarles tiempo a los que leen. No puedo contra eso. Unos me llaman absurdo, otros arquitecto sin escrúpulos. Nada de eso me ha importado jamás.
---
Vivir es mejor que no hacerlo. Tener algo por qué sufrir es mejor que no tener nada. Convalecer la propia existencia es un deber de los que se consideran pensantes. No pretendo ser ahorrativo en términos de puntualizar mi experiencia vivencial. Unos me llaman azotado, otros me dicen intenso. Prefiero hacerme el sordo y seguir navegando.
---
La felicidad no está en olisquear pantaletas y sexos. La felicidad no está en atormentarse por no lograr entrar en la mente de otros. La felicidad no es un destino. No es un discurso. No es una frase que tenga palabras de más, o palabras de menos. Unos podrán llamarme pesimista, otros realista. No me interesa. No es mi intención convencer a nadie.
---
Reduciéndonos a la carne, al hueso, al suave humo de las ideas, todos resultamos indefensos y en muchos casos mediocres. Adiós a las comparaciones. Ser no depende de nadie. Sobrevivir, llanamente, tiene muy pocos requisitos. Ligereza a la ligereza. Pesadez a la pesadez. Tan sólo dejémonos de confusiones.
---
En arbitrario recordatorio del pacto, sírvome enviar una felicitación cumpleañera. (¿A quién se le ocurre nacer en diciembre?) Ups, me olvidé que el putín del Yísus también tuvo esa mala idea. Que la estrella polar los guíe por entre el oleaje de la vida. Y si no, cómprense una brújula y listo.
diciembre 08, 2005
Resumen de noticias (rolita cursi pero ponedora dixit)
Este año ha sido uno particularmente hermoso. Hermoso no en un sentido mermeladesco pues fácil no es el tono general de lo vivido. Sin embargo, el aprendizaje, el reencuentro con el buen humor, la risa, los buenos amigos. Uno de esos años que se van rápido, pero que se sienten, al final de la noche, como si hubieran sido siete. O siete docenas.
Recapitularé todo lo significativo, de tal manera que no se me olvide que lo dije. Ahora que en un par de semanas este blog cumple su primer año de zozobra, vale la pena volver a hablar conmigo mismo, escribir para no olvidarme por completo, hacer como si no hubiera nadie enmedio de la multitud:
- Este año comenzó como estallido nuclear. Recuerdo mi apoteosis en Tijuana. Mi regreso aterrorizado en el avión (los odiaba hasta hace muy poco). El volver a la ciudad y sentirme vacío como nunca. Teclear las palabras mágicas y abrir un blog para matar el vacío con un poco de palabrejas.
- Perder un gran amor a principio de año fue la estocada final de un largo proceso de deterioro. Tocar fondo, como dicen los clichés más petateros. Me sirvió, sin embargo, para despertar de ese estúpido letargo que resulta la necedad amorosa. Aprender cuando largarme fue fundamental.
- Encontrar un trabajo más relajado, tomar chorrocientos aviones más durante el año y viajar, lo que no había hecho en mucho tiempo, fue una gran terapia para mi neurosis voladora (nada de galopante, lo mío lleva turbinas). Ver el mar Caribe, las montañas, las ciudades apestosas, las cabelleras de Guadalajara, las ajedrecistas más guapas de, mhmm, su cuadra. Todos esos viajes que, espero, se repitan y se repitan. Viajar es bueno para mi salud mental. Y no lo sabía.
- Celebrar el inicio de un amor que tuvo poco de amor pero mucho de aprendizaje. Fugaz, duro, difícil. Toda una temporada en el cuadrilátero de la incompatibilidad. Sin embargo, provechoso, estimulante muchas veces, fomentor de la creatividad y de las ganas de crecer un poco. Brindo por los amores perdidos que dejan cuando menos una cicatriz que funciona como un buen mapa para el futuro.
- Encontrar un lugar cerca de gente nueva, amigos nuevos que se sienten como viejos, gente maravillosa que había estado todo el tiempo ahí y que uno sencillamente no se tomaba el tiempo de mirar. Relajar la misantropía, levantar el vaso, llenar los ceniceros. Reencontrar antiguos vínculos, reparar puentes, tirar otros. Las relaciones humanas son lo poco que valoro en la vida. No soy un experto en cuanto a las relaciones íntimas y emocionales, pero mis amigos, a esos sí, les debo mucho de mi felicidad por intervalos. Gracias a todos ellos.
- Recobrar la vista por segundos. Perderla. Dudar. Ir de arriba a más arriba, luego abajo, a un lado. Vivir casi como si uno le rascara la espalda a su propia existencia. Ahí, ahí, no, no, tantito a la derecha, ahí, sí, aaahhhhh, qué rico, ya no más. Ah, nada como la comezón. Caminar y no permanecer estático. Subir aunque sea falsa la escalera. Bajar aunque la resbaladilla esté engrasada con aceite para motores con más de 100,000 km. Echarse al ruedo. Salir corriendo. Regresar a veces. Tirar estocadas a diestra y siniestra. Vivir para no estar muerto. Finalmente lo prefiero. Como diría una vieja hermanastra, comadre, carnala: Gozar de los quinientos mil matices. Los quinientos mil y un matices los saliva nuestra propia boca.
Y finalmente, regresar al final del año. Sí, los calendarios son una construcción estúpida para la productividad y la simbolización chaquetera de fechas que, para el individuo, no suelen tener mayor significado. Y qué. Ahora mismo me importa un carajo desmenuzar las cosas. Prefiero olisquearlas, morder un poco, tragar, seguir con el buffet de la vida. Si los ingredientes no son saludables en todo momento, no me importa. El placer de la digestión y la sobremesa está por encima de toda la verdad. La "verdad" es un objeto inútil que reposa en la sala de los desesperados. Ya no me siento desesperado. La búsqueda, el trayecto, las piedras y los tropezones. Todo de pronto cobra sentido. Luego lo pierde. El sístole-diástole de la vida.
Inhala. Vives.
Exhala. Ya no.
¿Estuvo rica la bocanada?
diciembre 04, 2005
Speak Low
No es su voz ni lo que dice. No es su temple, su blindaje de plumas. No es su textura, su olor frondoso, su ramaje que resulta ser una telaraña de nubes. No es un ave ni un pez. No es un ser goloso y necesitado de pedestales, micrófonos y furias. No es un vestido entallado o menos aún su talle siempre vestido de caricias mudas. No es tampoco su baile cuidadoso, en el que punta tras punta cuida siempre los helechos mustios culpables, que con sigilo de tempestad acarician el borde de sus pequeños dedos.
Es el amor que le profieren esas hierbas que pisa. Las miradas suculentas de las aves que le llueven y le llueven sobre el hambre desaliñada y tímida que sostiene su pelo salvaje. Son sus ganas de dormir, sus ganas de ser viento, sus ganas de no querer escuchar o decir o entenderlo todo a través de las palabras. Su prisa por ser causa de retoños. Sus besos diminutos. El desierto de sábanas coloridas y cobijas de piedra granito.
Mirarle es espectar la belleza en estado puro. Curiosear y preguntarse cómo es que en las fauces de la oscuridad que vomita el mundo día a día, amanecen a la par tantas pupilas tan dolientes como meritorias de ser perpetuadas. ¿Cómo es que no existen suficientes pinceles, suficientes colores, suficientes palabras para infinitar el deleite instantáneo de beberse suavemente los destellos que ocurren gracias y a pesar de la negrura?
Hay días que quisiera ser cien personas. y no las cien que ya encierra mi oscilante cabeza-cuerpo. No. Cien personas reales. Despertar cien veces. Vivir cien vidas, cien trayectos, cien incertidumbres. Rasguñar cien espaldas y morder cien entrepiernas. Oler cien mil perfumes cada veinticuatro segundos. Olvidar que se es sólo uno. Desvanecer toda frustración bajo el ruido de cien lamentos. Existir a cien entómetros por hora. Morir noventa y nueve veces antes de morir cien, y claro, extasiado por tanto y tan maravilloso ruido. Libremente. Suavemente. Sin una sóla voz cavernosa, debajo de las sienes, que recrimine con crueldad, murmullo tras murmullo, cualquier falta de coherencia.
noviembre 29, 2005
Tregua Electoral
Pero también sabes que cuando elfreeway se convierte en un estambre endeble, y tus pies se desequilibran al pisar, es que estás bebiendo algúna suerte de conflicto. El conflicto del amor, el conflicto del desprecio, el conflicto de la supervivencia. Sin ellos la vida no tiene sabor, pero con ellos a veces es intolerable, absurda, molesta, deliciosa, perversa. Lo que sea menos tenue o tibia. Es un dilema jodido. Si el cachondeo no fuera un cuadrilátero ritual, si la discusión no fuera una batalla campal, si la supervivencia no fuera una noche desnudo en la jungla, tal vez la vida no tendría mucho sentido. El punto es que, por ahora, prescindo de todo ello. Me acomodo en el sillón de la paciencia. Respeto mi anorexia vivencial.
Al cabo que los conflictos suelen llegar sin previo aviso. Pero no pienso irme a comprar guantes nuevos. No pienso buscar un bastón que me ayude a mantener mejor el equilibrio sobre esa cuerda floja. No pienso prepararme de ningún modo. Los banquetes no saben igual si te sabes el menú.
noviembre 22, 2005
Alarma sísmica.
Cuando no se es un admitido hijo de puta, uno siempre procura lo menos mierda de si mismo para los demás. Les protege de los propios demonios, les advierte dónde están las fronteras, les obliga a ejercer una retirada inminente cuando las peores excentricidades de la propia violencia asoman sus siete cabezas por encima de lo que se puede contener. "Vete", dice uno con una sinceridad que por lo regular se interpreta como agresión directa. "Vete antes de que llegue la luna llena y el hombre lobo deposite suavemente sus cubiertos sobre la mesa y te atropelle a dentelladas". Y si no, uno simplemente se va corriendo hasta el cubil, se encadena a su libro más tortuoso y protege a los demás de su destructividad.
Una suerte de alarma sísmica opera previniendo el derrumbe de la civilidad. Uno, si ha vivido lo suficiente, y a diferencia de las catástrofes naturales, normalmente sabe, continúa sabiendo y se percata en todo momento de lo inminente que resultan los colmillos de esa fiera que ruge por salir y despedazarlo todo: Uno sabe que bosteza pero que quiere emborracharse de médulas, dedos, carnes, ingenuidades, bobadas, dedos, brazos, amores, amistades y aprecios a medias, etcétera. Cualquier cosa es alimento. Y más si resulta coexistir con lo que a diario nos topamos a la hora hora de vivir la supuesta vida. O ahuyentas o huyes. De otro modo, sencillamente despedazas.
------------------
El problema es que cada mordisco, cada desgarramiento de la carne de otros, cada herida, cada puñal hincado en órganos vitales ajenos, resulta ser una laceración de los propios. Claro: Esto sólo aplica si, repito, uno no es un depredador admitido, asumido y autoaceptado. Pero si resulta que no se ha logrado morder sin morderse a uno mismo, si uno no sabe matar sin matarse un poco: todo acto de retaliación es una declaración de guerra hacia el propio y mentiroso pacifismo.
Sin más vueltas: Odiar y ejercer actos de odio puede funcionar como un malabarismo momentáneo que nos libra de confrontaciones. Pero en el fondo, al odiara otros, nos odiamos a nosotros mismos. Escindir, disectar, mirar y recordar sólo lo desagradable, olvidar los poemas, los vinos que sudamos bajo la lluvia, las lunas que, juntos, con ambas manos sobre el timón, impulsaban esa barca anclada en el mejor de los silencios:
- "Mente. Mente mía. Mente sólo mía: Préstame el escalpelo, préstame el bisturí, bájame sólo la mitad del telón que resulta más oscura. Bien. Ahora ponlo sobre todo lo posiblemente bello que viví con quien ahora necesito odiar. Gracias. Ahora dame la sierra eléctrica de 2000 watts. Deforestemos el amazonas del amor que debe olvidarse. Bien. ¿Viste? Ahora mismo puedo odiar a quien antes amaba. Gracias, mente. Te debo una más. Qué complaciente resultas. Gracias."
-----------------
Pero evidentemente esto resulta más mentiroso que ninguna otra cosa. Alguien que amaste sin desparpajo, alguien que te hizo recular de tus certezas más bobas, alguien que te tomó de los ojos y te impulsó como una hormiga harapienta hasta la bóveda celeste; es decir, alguien a quien amaste sin desparpajo, alguien que reculó de sus certezas más bobas, alguien a quien impulsaste como una catarina descolorida hacia los arcoiris menos ilusorios, no, no, no, no: No puede ser odiado a la ligera. Ni diez mil actos histriónicos, ni diez mil escenificaciones voluntarias y mentirosas de ese odio aparente pueden ser tomadas en cuenta. Y sin embargo lo son. Porque la vida es un continuo. La vida es una línea transitoria, una sucesión de actos y consecuencias. Un calendario de fenómenos sucedáneos que preferimos hacer rutinarios para no pensar.
Y nadie puede leer la propia vida como uno la sobrelee, mientras -y simultáneamente- la escribe. El cliché no miente: Cada cabeza es un mundo: Eso seguro. El problema es que aquí, aquí mismo, sobre la tierra medio muerta y medio viva, la aparente cercanía entre dos cabezas equivale a los más inmesurables años luz que dictan la lejanía del universo. Aunque la gente se tome de la mano, aunque la gente se bese, se acaricie, se rompa, se penetre, se abandone, no importa. Las distancias entre unos y otros son casi siempre insalvables. Aceptarlo o fastidiarse. No hay lugar para intermedios. Los intermedios son también ilusiones.
--------------------
Nunca me había hecho ser odiado por nadie como ahora lo he conseguido. Y aunque me sigue pareciendo necesario, siento que también me odio un poco en este intento. Pero no puedo doblegarme ante la culpa. Necesitaba cúmulos y cúmulos de aire: Tantísimo aire que nadie lo creería. Aire que ahora respiro y que, aunque me mantiene en la duda, también me aligera el viaje. Me deja pensar sin el ruido de querer amar, por fuerza, a nadie (o sea, a alguien, quienquiera que fuera).
No me queda sino proseguir. Esperar que en algún punto de este continuo, mi odio y el otro odio amainen. Tal y como amainan las pestañas de todas las enjutas lluvias y de las escandalosas tormentas. Tal y como todo pasa. Lentamente. Suavemente. O en perplejo salvajismo. Como sea.
Yo sólo tengo claras un par de cosas: No quiero imponerle mi agenda o mi pliego petitorio ni a la vida ni a nadie. Quiero mecerme en las hamacas de los meditabundos por un rato. Quiero prevalecer mientras pueda. La vida ya no me disgusta. Y por eso, y sólo por eso, no estoy buscando a nadie que me haga olvidar que mi vida es mía y que estar vivo me alimenta. Relevo a cualquier futuro y posible amor de la responsabilidad de hacer que mi vida me interese. No quiero amores droga. No quiero amores sueño. No quiero amores ilusión. Quiero amores que amen sin dejar de ser. Y amar sin dejar de ser. Existan o no. Pueda con ellos o no.
Ya veremos.
Ya sabremos.
Y mientras tanto, quiero callar.
noviembre 18, 2005
Espejos, espejos. Espejos a la vista.
------------
Igualmente raro es olisquear la incredulidad de alguien que reniega de ti, pero que sabe que sabes que sabe que sigues siendo magnífico y brillante. Tal como lo es en sí mismo.
-----------
Peor resulta cuando los bares de siempre se presentan ante ti más desérticos que nunca. Nada de rastros, nada de caminos. Y todavía "más peor" cuando te vale madres y te quedas. Persistes en la necedad de olvidar siendo.
Olvidar, olvidar, olvidar: ¿Existe alguna otra forma de aprender si no es olvidando?
------------
Tu hambre es sólo tuya. Solitítamente tuya. Asúmela. Aguántala. Sobrevívela. Al cabo todas son esdrújulas. Y con las esdrújulas no hay pierde: Siempre hay que poner ese acento. Siempre hay que doblegarse ante la tilde.
------------
Ah, pero no se te olvida ese olor. Esa risa indecisa y temblorosa. Esas lecciones de baile. Lecciones de 10 a 12. Realidad de 12 a 2. Necia costumbre de 2 en adelante. Y tú siempre quieres estacionarte en una de las etapas: Mal. La noche tiene una agenda propia. Deja de pretender asignarle la tuya. Aguanta vara. Vívelo todo. Ríe cuando debieras llorar. Siempre tendrás tiempo para beberte tus propias lágrimas.
------------
un, dos, un-dos-trés. Ese es el pasito que te gusta. O más bien el único que te sabes. Pero la tomas de la mano con fuerza. Sujetas su cintura como si supieras hacerlo. Ella sonríe, ríe, te agradece, se vuelve un mar indomable. Ojalá pudieras bailar así de mal y así de bien con cualquiera.
------------
luego el Atos negro, la llegada, la despedida. "The thing is to remain in a state of constant departure, but always arriving". Luego el agradecimiento mudo. Las explicaciones que ya no tienen caso. (Sí, sí, fuíste malévolo y odiable para escapar de la ambiguedad, bien por ti. Ojalá no le hubieras hecho daño a nadie en el intento). Ese fue un amor "salvo buen cobro".
------------
Y en fin. La noche no fue un desperdicio. Las sonrisas veladas tampoco. Las ganas de decir cosas que no tenían caso menos aún. A veces vale más lo que uno calla que lo que otro dice. Pero no todos abrazan ese sutil tesoro. no todos lo huelen. No todos lo entienden.
------------
Tú, sin embargo, aprendiste muchas cosas a través del silencio. Eres un asno, sí, lo sabes. Debiste haber comprendido el silencio mucho antes. Pero tampoco estás en edad de arrepentirte. Miras adelante. Suspiras. Hay mucho camino para andar como pa andarse lamentando por cualquier atajo. Aguanta la respiración un segundo, dos, tres. Al cabo nadie puede morirse por no haber vivido.
Lux Aeterna.
noviembre 17, 2005
Intervalos
Ya, ya lo sé. Ya no es sagrada. Sencillamente retumba en las paredes que ha dejado ahí mi memoria. (maldita memoria, por cierto: selectiva pero intravenosa).
Pero como todas las cosas que pasan, pasa. Simplemente pasa. No pregunta, no anuncia, no supone: sencillamente sucede.
Y no estoy hoy con esa cara de pan recién horneado que me asignó la desidia. Hoy me levanté raro. Sintiéndome bien pero sabiéndome mal. Cual una pésima rola del jimmy lópez (pariente, i guess), y luego malcantada por la toussaint. Incapaz de sonreir sin transparencias. Y claro, la sabia ley de murphy tenía que hacer su aparición. El único día donde no eres capaz de sostener una cara que aparente dignidad, tienen que aparacérsete los labios de tu hecatombe. Aplausos para la vida. Podremos achacarle cientos de injusticias, eso seguro. Pero lo que no podemos es negar lo bien que sabe caer de sorpresa. Siempre. Siempre la vida. Siempre cayendo de puta sorpresa. Siempre invocando el punto y seguido.
Y luego piensas que tu intento por abandonar el blog era un simple y llano llamado de atención. Te das cuenta de tu propia soledad, de lo cuantiosa que resulta tu insatisfacción, de lo endeble que acaba siendo tu resuelta decisión de no exponerte más de lo que debes. Y mandas todo a la verga. Y brindas por ello: Salud -dices-. Tu proceso creativo era más complicado de lo que esperabas. Eres más de lo que puedes manejar.
Y llega ella, igual que siempre, quizás peor. Sitiada en su epidermis, como dijera Gorostiza. Sitiada en su sencilla manera de no sentir nada peligroso. Sintiéndose bien, por ende. Sonriendo envuelta en su bufanda rosa, tan llena de seda, tan repleta de nada. Pero -y desgraciadamente- hablando su voz.¡, su dulce y rasposa y egóica y deliciosa voz de sirena desparpajada y somnolienta. Diciendo sus palabras. Haciéndose escuchar a lo lejos. Provocando, quizás involuntariamente, quizás no, toda la ira de los maremotos venidos y por haber. ¿Quién te da derecho a ser feliz cuando el amor se te ha escapado de las manos?. Pregunta irresoluble. Necedad extrema. Anécdota sin chiste.
Llega el mar y el mar es ignorable. La ola ya no es la ola congraciada, repleta de espíritus recónditos y hambrientos, ávida de escucha. Llega la ola y es sólo un golpeteo de agua salada contra cierta superficie de cuyo nombre no quieres acordarte, porque eres tú mismo.
Llega el tiempo. Es más: El tiempo ha llegado. El tiempo ha ingresado en el edificio. Tus pocas canas merecen volverse muchas. Tus ansias perversas importan muy poco. Tu proclividad hacia lo sucedáneo termina abruptamente. No hay personaje que te salve de esa verdad. ¿Querías la verdad, no, putín? Ahí la tienes.
La verdad es un lento y suave cuchillo perforándote las ganas.
Ni una cosa más.
Sólo un lento, lento, lento y constante puñal que atraviesa las pestañas de tus breves esperanzas.
Ahora entiendes. Entiendes por qué es que siempre rechazaste la verdad (mientras la buscabas). Y se termina todo. Y su voz, inoportuna, insegura, temblorosa y también tersa como alas de niña incipiente, invita a todos (menos a ti) a presenciar un nuevo y más profundo entierro.
Y callas. Escuchas. Ríes nerviosamente. Sobrevives a tu imperiosa necesidad de decir alguna estupidez.
Y la miras marcharse a través del telón: plástico fino y transparente. Pantalla de lo que no pudiste. Película de lo que nunca serás.
Promesa autoinflingida de lo que quizá, y sólo quizá, podrás ser algún día. Agradece que resultas ser joven. De otro modo estarías perdido. Y no tendrías mayor solución.
Pero la tienes. En algún lado. En alguno de tus múltiples bolsillos.
Y la solución está esperándote.
Búscala, bébela, transgrédela sin pudor.
No estará ahí para siempre.
noviembre 16, 2005
Moción Aprobada.
¿Cómo pudo ocurrírseme...bah bah bah?
Próximamente: Un post sin azotes ni aspavientos. O sí. O lo que se me dé la gana.
Grrr, juar, snif.
Sentir todo al unísono es lo de hoy. Viva la esquizofrenia!
noviembre 07, 2005
Cabildeos
Actualmente me encuentro en pláticas con la facción más facciosa y fascista de mi faz, pa ver si revivo este blog o le aplico una reforma estructural para evitar su privatización.
El problema estará en la cámara senatorial de mi corazón. Como siempre.
Pero bueno: Al fin que esto es una monarquía parlamentaria. Siempre puedo mandar a la chingada todo y volver a empezar. O todo lo contrario.
noviembre 04, 2005
Hasta al ratito.
Gracias a los que leyeron, hablaron, escupieron pa arriba, comentaron, follaron en el baño, molestaron a la clientela y demás.
Nos vemos la próxima.
noviembre 02, 2005
La vida se lee y (casi inmediatamente) se escribe.
He dejado (y me ha quedado) totalmente clara. sí, esa absoluta esclavitud a las palabras.
He incinerado, de propia mano, todos mis ejércitos imaginarios. No me interesa ganar.
No creo en pequeñas, no creo medianas, ni mucho menos creo en en épicas victorias.
No creo en los epítetos. No creo en las palabras. No creo en lo que creo.
Y aun así, la paz me llega como un silencio que se interpreta devorando guiños
se lee de lejos, se escucha a si misma llamándote.
Y la tranquilidad viene como una exhalación que tercamente obliga a preservar el silencio.
Callar. A callar. A callarse a mordidas. A morderse el habla. A escuchar la negrura.
Sólo así, mucho me temo,
es como puedo alejar esos días donde callarse era también interpretable.
Vil y vulgar silencio (le dije a Laura y a su pelo largo, bello y negro).
Ella replicó que sí.
Claro. (Musitó Laura mirando su propio pelo irredento, tocándolo).
Callen y consuman.
Y poco me importó. Y poco me importa. Y poco me importaría.
Ella me dio silencio y luego, casi sin querer, también la sacrosanta cuenta.
Y yo le di el dinero.
Y luego sobrevino sedienta camello exhausto en total indiferencia.
Sonora indiferente: (Good morning, heartache) o insonora (-------). Quémásda.
Han sido largos los días. Ha sido largo, largo, largo.
Longo, oblongo y elástico. Ha sido un tiempo de hule.
Tiempo en que la paz persiste
sin persisitir
prevalece sin paciencia
se impaciente
se entumece
se recuenta, logra resisitir.
No importa. Nada importa.
Son días meritorios de dibujar un punto y seguido.
Varios.
Todos.
Ninguno.
Días en los que hay que sobrevivir.
Días para olvidar y morder cualquier carne.
Días sin rumbo.
Días sin lecciones.
Días añorando ser acariciados por el silencio más llano y sobrellevable, e inofensivo
inaguantable, cautivo.
Y me he despertado con ciertas convicciones.
Y no tienen hambre alguna de ser creíbles.
Detestan ser devoradas, de hecho.
Suplican perseverar, aguantar las dentelladas.
Créalas quien pueda. Créelas tú.
A mí me bastan.
(O cuando menos me dejan beber agua en lugar de vino)
Es ahora la hora esperada y extraña en que libro batallas pendientes
que relojes y susurros parecían guardar bajo las axilas.
Es hoy el tiempo de no mirar
no escuchar
no alimentarse de nada ajeno.
Segundos apenas quedan para exiliar dictadores.
Suspiros permitidos lograrían abolir toda creencia.
Gestos desechables vuelven mundano lo sagrado, o sea,
emputecen cualquier palabra.
Vivir. Hablar.
Decir "nada" no existe.
Decir "nada realmente existe".
Decir "jamás es decir nada"
Jugar con todo aquello es un deber
El deber de jugar
El deber de persistir
El sincreer de la fe.
El viaje no requiere destino: Sólo y solamente ocupantes.
Viajeros. Valientes sin rumbo.
Temerosos sin destino.
Caminantes sin origen brecha rodante ruedas para rodar
Nada
Pequeñas y enjutas aves esperando un estornudo
como se espera un tranvía
como se espera la muerte
y sí (ni modo)
como se mira el claro
el tenue
el despejado cielo
ciertamente azul cual vodka sin remedio
el que miramos cada domingo
el que mirábamos cada semana repleta de domingos.
La Magia levantando la mano
para hacernos decidir el no mirar ese preciso precipicio
Los viejos no son sabios
ni son tontos
sólo dicen cosas que leen en su propia deriva
y en su propio sueño:
El ojo no es ojo porque lo ves. Es ojo porque te mira.
¿Existirá otra pregunta, otra respuesta, otra ansiedad digna de ser engullida?










