Para todos los neófitos que ignoran el cúmulo de posibilidades de la virtualidad, aquí les va una de las más envidiables (con respecto a la vida común):
Billy Gates, o bien, su séquito de soldados de la creatividad contraproducente, inventó (y no hace muy poco) algo llamado "Punto de Restauración" y decidió añadirlo a sus mal-logrados pero adictivos sistemas operativos de nombre Windows. (Mi tracker público puede constatar que casi un 70% de los que visitan esta chingadera de blog, utilizan la versión más nueva de dicha plataforma, léase Windows XP)
Pues bien, desde aquellos tortuosos tiempos de Windows Millenium Edition, al buen Billy se le ocurrió una idea genial, inspirado por todos los usuarios bobos pero aventurados que decidían moverle demasiado al atole, hasta que lo acababan jodiendo irremediablemente. Para ellos, Billy ideó el "Punto de Restauración", o como el vulgo lo conoce, la herramienta para "Restaurar el Sistema".
No es nada del otro mundo. Solo hacía falta ser un poquito arrepentido, en términos generales, para ser capaz de idear semejante genialidad. Una herramienta capaz de tomar una fotografía precisa de nuestro sistema, antes de que decidiéramos darle en la madre. Así, si después de nuestras piruetas resultaba estar todo hecho mierda, podíamos (y podemos) regresar todo a la normalidad previa. Volver en el tiempo. Regresarlo todo al momento último antes de que, pendejada tras pendejada, lográramos darle en la madre a nuestra vida, ejem, quiero decir, a nuestro sistema.
Oh bendito señor Gates tan metafórico y consciente de la problemática virtual, lo hizo antes que nadie. Miles de computadoras pertenecientes a cualquier similar número de aventureros, pudieron salvarse de ser formateadas irremisiblemente gracias a semejante herramienta. Incontables MP3 salvados de la aniquilación. Varios miles de poemas (y por qué no, de amores toruosos) que lograron escapar de la ignominia eterna. Bendito Windows y benditas las manos que lo confeccionaron. Salve, oh, señor Puertas.
Pero habemos quienes queremos llevar toda esa sabiduría más allá de la nimia salvación de la pornografía barata de los millones de internautas amantes de Microsoft. Habemos quienes, atisbando el potencial de la "Restauración del Sistema", queremos consolidar ese poder en una única y esencial herramienta para la vida. Nada de chingaderas: Si es posible en la virtualidad, debe ser posible en la realidad. Punto y aparte.
Tras múltiples ensayos (erróneos, claro) ha quedado fehacientemente comprobado que el "punto de restauración" de la vida tiene los siguientes requisitos:
- Procesador de marca indistinta, pero capaz de reformular su propia existencia sin pasmarse, quedarse congelado, o volver la vista atrás para cobrar cuentas pertenecientes al lapso de tiempo que será reconstruido.
- Memoria incapaz de recriminaciones. Si no la halla (es difícil y cuesta mucho), se recomienda conseguir una que cuando menos sea veloz y versátil, dispuesta a llenarse de nuevas ambiguedades tan pronto suceden. Nada de recuerditos.
El resto del sistema es poco importante, siempre y cuando se cubran los anteriores fundamentos. Una vez completado lo necesario, procure continuar como sigue:
1.- Cuando todo vaya marchando "de puta madre", respire. Respire hondo. Respire otra vez. Relájese. Abandone por un segundo la euforia. Mire a su alrededor. Analícelo todo.
2.- Consígase un bolígrafo, un pincel, un lápiz sin punta: Vale Madres. Consígase algo capaz de detallar, cartográficamente, todo lo que dentro y fuera de sí mismo está sucediendo. Apúntelo, reapúntelo. Sea minucioso. No sea huevón.
3.- Para evitar ambigüedades, lea el ejemplo siguiente:
- Soy ciertamente feliz. Estoy fascinado de no conocerlo todo. Siento hambre de saber más, querer más, dar más, recibir más.
- A mi alrededor todo parece fluir adecuadamente: Hay chamba, hay proyectos, hay ganas de futuro, hay un par de ojos telúricos que no puedo descifrar y que me invitan a querer hacerlo. Hay chance. Hay paciencia. Hay deseo.
- No estoy omnibulado por la presencia de nadie. Tengo perfectamente claro que sigo siendo yo y que, también, algún día voy a morir. Sin embargo, elijo no abrumarme. Elijo continuar sin que me importen las consecuencias. Elijo apostar en lugar de lamentarme.
- Hay un gran agujero en mi vida que no va a llenar nadie. Es más, es igual que el agujero de los otros. Mi vacío no me es exclusivo. Es el vacío de todos. Todos nos colgamos de ese vacío: algunos para seguir llorando, otros para mantener el paso. Elijo lo segundo.
- No aspiro a ser salvado. No aspiro a salvar. No aspiro a otra cosa que la suave correlación entre mis dudas y certezas y las dudas y certezas de los otros. Sin lastimar. Sin ser lastimado. Motu proprio.
4.- Hecha la cartografía de ese instante de sabiduría, prosiga a delinearlo perfectamente. Escríbalo, píntelo, componga una melodía inolvidable, apártelo de su propia destructividad. Protéjalo de su temor. Aíslelo de todo lo que pueda dañarlo.
5.- Logrado eso, puede usted seguir viviendo. Ah, y no se olvide, siga viviendo. Nada de andar leyendo una y otra vez las características de su "punto de restauración". Nada de vivir en la añoranza pendeja. Atrévase a madrear su sistema (o a mejorarlo notablemente). Viva, no recuerde. Sueñe, no extrañe estúpidamente. Y menos aun lo que no ha tenido. Téngalo, después laméntese, si quiere (o si puede).
Gracias, Billy. Gracias.
Salud.


Xamiru, lei tu comentario en el blog de plaqueta:
"No tendría pedos en vivir en un estado totalitario. Al menos los pendejos como tú estarían hechos carnitas, jabón u otros derivados humanoides."
No puedo decir más que eres un imbécil. Un GRAN GRAN imbécil