Todavía no regreso a la realidad del todo. Enfrentar la desaparición de las personas siempre me ha costado largos períodos de adaptación y readaptación. De cabildeos internos entre la tristeza, el asombro y la estupefacción.
Es así que hoy no tengo mucho qué decir. Solamente les dejo otra probada, como hace más de un año lo hice, del comediante más valiente de Estados Unidos y su discurso en la cena de corresponsales de la casa blanca en 2006.
No tiene subtítulos. Estoy trabajando en unas versiones en español. Los que entiendan bien el inglés, disfrútenlo. Son 15 minutos que han dejado boquiabierto a medio mundo.
Ah, y busco voluntarios para integrar los mentados subtítulos en el video. Interesados escríbanme al mail.
PARTE 1:
PARTE 2:
Salud.
La linea que separa a un valiente de un cobarde está trazada con cinismo.
agosto 28, 2007
agosto 17, 2007
Soprano no es soplano.
En un mundo en el que la televisión es la gran educadora de las conciencias, además de ser la gran ejemplificadora de la idiosincrasia de uno u otro país, yo -sencillamente- me confieso rendido ante su poder. Soy -en efecto- un temible consumidor de televisión local y foránea. Desde pequeño, muy a pesar de la censura jipiteca de mis padres, drené mi potencial infantil durante largas horas de caricaturas incalculables y series detectivescas dobladas al español. Y como (casi) toda mi generación, crecí bajo los modelos y estereotipos que el canal 5 -y muy posteriormente la televisión por cable- bombardearon sobre una inexpugnable masa de púberes y adolescentes cansados del anacronismo del "chavo del ocho" o del "canal de las estrellas", y que encontraron su sino en los patéticos territorios de Michael Knight, Magnum P.I., MacGyver, Hunter, la "reportera del crimen" y poco después, abrumados por sus hormonas, descubrieron las delicadezas de la tensión sexual junto a Kevin Arnold y Winnie Cooper en "Los Años Maravillosos".
Lo malo, en mi caso, es que esa ansiedad mitificadora -mal o bien sublimada a través de la televisión- no sólo no terminó con el hartazgo que producía la eterna repetición de aquellas series televisivas que cruelmente dibujaron mi pubertad. El ritual, en lugar de terminar, se hizo aún más fuerte entre mis hábitos cotidianos, y entonces la "tele" se volvió una de las más inofensivas pero persistentes drogas que jamás se asomaron por mi vida. Aún hasta el día de hoy. Y sin los más mínimos hard feelings.
Mi trabajo entre las insondables y repetitivas arterias de la investigación de mercados se convirtió en la mejor excusa para seguir participando del ritual televisivo sin la menor culpa intelectual. Aun en mis más altas crestas inspiracionales de puro y llano esnobismo filosófico, siempre me tomé cuando menos unas horas cada semana para "mantenerme fresco" respecto a la basura mediática en turno, y -desde luego- frente a la fidelidad que alguna u otra serie me ha provocado durante mis concurrentes años de esta, mi supuesta edad "adulta. Era y "es" mi trabajo. De otro modo sería incapaz de confrontar las respuestas casi autómatas de los "grupos" que de cuando en cuando "estudio". No sabría diferenciar a George Clooney de la "Banda Machos" y -peor aún- no podría conocer inmediatamente el alto contenido discursivo de cada una de sus propuestas.
Es así que, excusas hechas y bien afincadas, hoy sigo siendo un feliz couch potato que conoce perfectamente las minucias de la producción televisiva, nacional y gringa, junto con todos los detalles estadísticos y económicos de cada éxito y fracaso televisivo. Y, no sin sentir algo de culpa, debo confesar que el fenómeno de "Los Soprano" nunca había trascendido hasta el ámbito de mi interés hasta este preciso momento. Consciente de su temática y su narrativa, pero incapaz de pagarle a HBO los 25 dólares que cuesta incorporar su programación a mi menú de opciones, nunca estimé importante hacerle caso a esta serie de mafiosos de New Jersey que -muy equivocadamente- consideraba una mala copia de las incontables aproximaciones que del fenómeno mobster se han realizado en cine y televisión. Y debo decir muy; MUY equivocadamente.
Pero como todo lo que llega a México (y esta es una excusa muy vil), "Los Soprano" llegaron a mí tras casi 7 u 8 años de haber despedazado los convencionalismos mediáticos de la televisión gringa. Inmerso en una depresión epopéyica, y azuzado por los paralelismos que mi querido Frank Goldman no repara en hacer acerca de Dr. Melfi (suculento personaje de la serie) y su situación personal propia (terrible tragedia de la vida real), me vi en la oportunidad de insertar cuatro temporadas en mi DVD y recetármelas intensivamente. Es decir: una insuperable chance de obtener mi degree en "Los Soprano", sólo para maravillarme del poder dramático de su propuesta televisiva, y de la magistralidad de sus guionistas y realizadores.
Sería absurdo y enteramente somnífero recetar, en estos prescindibles párrafos, la inmensa cantidad de líneas y parlamentos que me han resultado sublimes en estos pocos días de sobredosis soprana. La serie es sencillamente cautivadora y avasallante. Y lo es porque es capaz de seducir a todo tipo de espectadores, tal como "El Padrino" de Scorsese lo hizo en su tiempo. Está, obviamente, esa lineal pero también adictiva trama gangsteril, plagada de suspenso y violencia casi gratuita, capaz de fustigar las exigencias de más de un 80% de los fieles seguidores de la propia serie. Esa es cosa juzgada, y los números, y las consiguientes temporadas, y los innumerables premios de todo tipo hablan realmente por sí solos, al menos en lo que respecta a lo inteligible y seductora que resulta la fórmula en sí para el espectador promedio. Pero detrás de su éxito hay un universo entero de sutilezas casi teatrales, y que -para mí al menos- resultan ser lo verdaderamente mágico acerca de "Los Soprano" y su aparentemente "naca" (en términos de New Jersey) historia. Y es, por sobre todas las cosas, una magia inteligente y creativa. Forjada a través de signos tan sutiles como una mueca, una mirada, una suspicacia fílmica retratada en cierto personaje, y que termina por llenarte la cabeza de una infinidad de historias que no son necesariamente regaladas mediante frases o palabras. Pero que sin embargo, desde el primer momento, te son inferidas mientras la propia serie te educa acerca de los valores y el "way of life" de un débil pero despiadado ghetto como resulta ser el de la mafia italo-americana.
Y es que hay otras muchas cosas que debiera admitir. Por ejemplo, el hecho de ver a un Tony Soprano sentado en el sillón de una terapia pseudo-psicoanalítica -muy al estilo control freak americano- y ser partícipe de su renuencia y su temible encabronamiento frente a la interpretación pura y dura que sólo un buen terapeuta (hail, Dr. Melfi) puede hacer. Y luego mirar cómo este anti-héroe se abre camino entre la comodina y autoindulgente sociedad americana para convertirse en un personaje de culto. Todo en menos de una década. Todo porque -siendo honestos- este antihéroe tiene y ejercita su capacidad para ofender, herir y también matar. Y todo porque, en un arrebato de genuina genialidad creativa, los guionistas de "Los Soprano" tuvieron a bien el colocar, con toda su cruda humanidad, a un personaje que suave y mucho más inteligentemente que cualquier gringo promedio, representa a la propia sociedad americana y a su odio/fascinación por "il capo di capi", todo esto comprimido frente a la cámara, bajo un guión, dentro del alma de una actriz prodigiosa, y resuelto en una estrecha falda de lana cruda que responde al nombre de -la adorable y perversa doctora- Jennifer Melfi.
Soy un adorador de las historias. Y soy aun más adorador de las buenas historias. Y resulto ser un implacable fanático de las historias que son además metahistorias: historias dentro de las historias que, a su vez, están dentro de "Otras" historias. Y esto escasamente puede verse en la televisión norteamericana. Sí, se ve frecuentemente en grandes filmes. Particularmente en los que escribe Charlie Kaufman, o en algunos que ha fraguado Woody Allen, o en otros que ha dirigido Terry Gilliam. Pero no suele verse tan a menudo en la soberana televisión. Poniendo el caso de la multicelebrada pero paupérrimamente vista "Huff", otra serie de una inteligencia superior a la de sus espectadores, Los Soprano ha logrado sobrevivir gracias a sus múltiples capas e interpretaciones. Gracias a que toca una fibra que le compete, de algún modo o de otro, a cualquiera que le ponga la debida atención. Y esa es una verdadera magia. Una magia que no se palpa todos los días.
Termino mi apología con una de las innumerables frases que, dentro de todo ese universo maravilloso y no verbal que tienen "Los Soprano", ha logrado cautivarme un poquito más que lo acostumbrado. Esta es, obviamente, una conversación entre Tony Soprano -jefe en turno de la mafia italiana en New Jersey- y su valiente y aterrada siquiatra, mientras discuten acerca de la inclinación de Anthony Junior, hijo de Tony, hacia ciertas ideas existencialistas que de pronto ha dejado caer sobre el desayunador de su casa. Y esta es Doctor Melfi hablando sobre el existencialismo:
Dr. Melfi: "When some people first realize that they're solely responsible for their decisions, actions and beliefs, and that death lies at the end of every road, they can be overcome by intense dread."
Tony Soprano: "Intense dread?"
Dr. Melfi: "A dull, aching anger that the only absolute truth--is death."
Tony Soprano: "I think the kid's onto something..."
Lo malo, en mi caso, es que esa ansiedad mitificadora -mal o bien sublimada a través de la televisión- no sólo no terminó con el hartazgo que producía la eterna repetición de aquellas series televisivas que cruelmente dibujaron mi pubertad. El ritual, en lugar de terminar, se hizo aún más fuerte entre mis hábitos cotidianos, y entonces la "tele" se volvió una de las más inofensivas pero persistentes drogas que jamás se asomaron por mi vida. Aún hasta el día de hoy. Y sin los más mínimos hard feelings.
Mi trabajo entre las insondables y repetitivas arterias de la investigación de mercados se convirtió en la mejor excusa para seguir participando del ritual televisivo sin la menor culpa intelectual. Aun en mis más altas crestas inspiracionales de puro y llano esnobismo filosófico, siempre me tomé cuando menos unas horas cada semana para "mantenerme fresco" respecto a la basura mediática en turno, y -desde luego- frente a la fidelidad que alguna u otra serie me ha provocado durante mis concurrentes años de esta, mi supuesta edad "adulta. Era y "es" mi trabajo. De otro modo sería incapaz de confrontar las respuestas casi autómatas de los "grupos" que de cuando en cuando "estudio". No sabría diferenciar a George Clooney de la "Banda Machos" y -peor aún- no podría conocer inmediatamente el alto contenido discursivo de cada una de sus propuestas.
Es así que, excusas hechas y bien afincadas, hoy sigo siendo un feliz couch potato que conoce perfectamente las minucias de la producción televisiva, nacional y gringa, junto con todos los detalles estadísticos y económicos de cada éxito y fracaso televisivo. Y, no sin sentir algo de culpa, debo confesar que el fenómeno de "Los Soprano" nunca había trascendido hasta el ámbito de mi interés hasta este preciso momento. Consciente de su temática y su narrativa, pero incapaz de pagarle a HBO los 25 dólares que cuesta incorporar su programación a mi menú de opciones, nunca estimé importante hacerle caso a esta serie de mafiosos de New Jersey que -muy equivocadamente- consideraba una mala copia de las incontables aproximaciones que del fenómeno mobster se han realizado en cine y televisión. Y debo decir muy; MUY equivocadamente.
Pero como todo lo que llega a México (y esta es una excusa muy vil), "Los Soprano" llegaron a mí tras casi 7 u 8 años de haber despedazado los convencionalismos mediáticos de la televisión gringa. Inmerso en una depresión epopéyica, y azuzado por los paralelismos que mi querido Frank Goldman no repara en hacer acerca de Dr. Melfi (suculento personaje de la serie) y su situación personal propia (terrible tragedia de la vida real), me vi en la oportunidad de insertar cuatro temporadas en mi DVD y recetármelas intensivamente. Es decir: una insuperable chance de obtener mi degree en "Los Soprano", sólo para maravillarme del poder dramático de su propuesta televisiva, y de la magistralidad de sus guionistas y realizadores.
Sería absurdo y enteramente somnífero recetar, en estos prescindibles párrafos, la inmensa cantidad de líneas y parlamentos que me han resultado sublimes en estos pocos días de sobredosis soprana. La serie es sencillamente cautivadora y avasallante. Y lo es porque es capaz de seducir a todo tipo de espectadores, tal como "El Padrino" de Scorsese lo hizo en su tiempo. Está, obviamente, esa lineal pero también adictiva trama gangsteril, plagada de suspenso y violencia casi gratuita, capaz de fustigar las exigencias de más de un 80% de los fieles seguidores de la propia serie. Esa es cosa juzgada, y los números, y las consiguientes temporadas, y los innumerables premios de todo tipo hablan realmente por sí solos, al menos en lo que respecta a lo inteligible y seductora que resulta la fórmula en sí para el espectador promedio. Pero detrás de su éxito hay un universo entero de sutilezas casi teatrales, y que -para mí al menos- resultan ser lo verdaderamente mágico acerca de "Los Soprano" y su aparentemente "naca" (en términos de New Jersey) historia. Y es, por sobre todas las cosas, una magia inteligente y creativa. Forjada a través de signos tan sutiles como una mueca, una mirada, una suspicacia fílmica retratada en cierto personaje, y que termina por llenarte la cabeza de una infinidad de historias que no son necesariamente regaladas mediante frases o palabras. Pero que sin embargo, desde el primer momento, te son inferidas mientras la propia serie te educa acerca de los valores y el "way of life" de un débil pero despiadado ghetto como resulta ser el de la mafia italo-americana.
Y es que hay otras muchas cosas que debiera admitir. Por ejemplo, el hecho de ver a un Tony Soprano sentado en el sillón de una terapia pseudo-psicoanalítica -muy al estilo control freak americano- y ser partícipe de su renuencia y su temible encabronamiento frente a la interpretación pura y dura que sólo un buen terapeuta (hail, Dr. Melfi) puede hacer. Y luego mirar cómo este anti-héroe se abre camino entre la comodina y autoindulgente sociedad americana para convertirse en un personaje de culto. Todo en menos de una década. Todo porque -siendo honestos- este antihéroe tiene y ejercita su capacidad para ofender, herir y también matar. Y todo porque, en un arrebato de genuina genialidad creativa, los guionistas de "Los Soprano" tuvieron a bien el colocar, con toda su cruda humanidad, a un personaje que suave y mucho más inteligentemente que cualquier gringo promedio, representa a la propia sociedad americana y a su odio/fascinación por "il capo di capi", todo esto comprimido frente a la cámara, bajo un guión, dentro del alma de una actriz prodigiosa, y resuelto en una estrecha falda de lana cruda que responde al nombre de -la adorable y perversa doctora- Jennifer Melfi.
Soy un adorador de las historias. Y soy aun más adorador de las buenas historias. Y resulto ser un implacable fanático de las historias que son además metahistorias: historias dentro de las historias que, a su vez, están dentro de "Otras" historias. Y esto escasamente puede verse en la televisión norteamericana. Sí, se ve frecuentemente en grandes filmes. Particularmente en los que escribe Charlie Kaufman, o en algunos que ha fraguado Woody Allen, o en otros que ha dirigido Terry Gilliam. Pero no suele verse tan a menudo en la soberana televisión. Poniendo el caso de la multicelebrada pero paupérrimamente vista "Huff", otra serie de una inteligencia superior a la de sus espectadores, Los Soprano ha logrado sobrevivir gracias a sus múltiples capas e interpretaciones. Gracias a que toca una fibra que le compete, de algún modo o de otro, a cualquiera que le ponga la debida atención. Y esa es una verdadera magia. Una magia que no se palpa todos los días.
Termino mi apología con una de las innumerables frases que, dentro de todo ese universo maravilloso y no verbal que tienen "Los Soprano", ha logrado cautivarme un poquito más que lo acostumbrado. Esta es, obviamente, una conversación entre Tony Soprano -jefe en turno de la mafia italiana en New Jersey- y su valiente y aterrada siquiatra, mientras discuten acerca de la inclinación de Anthony Junior, hijo de Tony, hacia ciertas ideas existencialistas que de pronto ha dejado caer sobre el desayunador de su casa. Y esta es Doctor Melfi hablando sobre el existencialismo:
Dr. Melfi: "When some people first realize that they're solely responsible for their decisions, actions and beliefs, and that death lies at the end of every road, they can be overcome by intense dread."
Tony Soprano: "Intense dread?"
Dr. Melfi: "A dull, aching anger that the only absolute truth--is death."
Tony Soprano: "I think the kid's onto something..."
agosto 16, 2007
Epifanías desechables
De esas revelaciones de barro es que está llena la vida. Pero cuando uno es confrontado a la muerte (que como bien dijera alguien medianamente sabio, siempre es muerte de otros), y se muere un cachito a su vez, parecen llenar la copa con un ritmo despavorido e inescrutable. Así, uno camina por la calle y se da cuenta de cuánto tiempo ha desperdiciado en un número incontable de fruslerías tales como caminar por la calle. O de cuán inútil resulta pretender llegar a ningún lado. O de cuánto odiaba los chilaquiles de la abuela, y de cómo eso ha transtornado el curso de su vida.
La verdad es que hoy me siento enjuto, entumido. Cansado de llegar a conclusiones de todo tipo. Cansado de sumar, de restar, de sobrevivir dudando. Harto de no poder comprarme una tabla de surf dado mi reciente y permanente desprecio por las olas (las putas olas). Y lo peor es que resulta muy caro tumbarse en la palapa de la vida y seguir ordenando cervezas mientras pasa la tarde. El presupuesto es limitado, la cerveza agota, la borrachera cansa y las certezas simplemente no llegan (ni llegarán).
He invertido larguísimas horas en amores estériles, en musas de plastilina, en cantos de sirenas deformes y trasvestidas. Al llegar a casa, se quitan la ropa y detrás del sostén, donde debiera estar el alimento para las horas subsecuentas, lo único que presentan es un saco de vísceras y un montón de expectativas y un egoísmo galopante. Todo lo que quieren es cantarte un par de canciones para que luego seas tú quien le lleve serenata el resto de la vida. Patético.
Y las mujeres guerreras siguen muriéndose. Siguen desapareciendo. Siguen estando lejos de esta ciudad putrefacta y cada vez más exhaustiva. Me urge viajar. Me urge treparme en un bote y desaparecer de mi propia vista. Queda tan poco tiempo. Quedan muy pocos días.
Porque nunca sabes cuando te llega tu ola.
La verdad es que hoy me siento enjuto, entumido. Cansado de llegar a conclusiones de todo tipo. Cansado de sumar, de restar, de sobrevivir dudando. Harto de no poder comprarme una tabla de surf dado mi reciente y permanente desprecio por las olas (las putas olas). Y lo peor es que resulta muy caro tumbarse en la palapa de la vida y seguir ordenando cervezas mientras pasa la tarde. El presupuesto es limitado, la cerveza agota, la borrachera cansa y las certezas simplemente no llegan (ni llegarán).
He invertido larguísimas horas en amores estériles, en musas de plastilina, en cantos de sirenas deformes y trasvestidas. Al llegar a casa, se quitan la ropa y detrás del sostén, donde debiera estar el alimento para las horas subsecuentas, lo único que presentan es un saco de vísceras y un montón de expectativas y un egoísmo galopante. Todo lo que quieren es cantarte un par de canciones para que luego seas tú quien le lleve serenata el resto de la vida. Patético.
Y las mujeres guerreras siguen muriéndose. Siguen desapareciendo. Siguen estando lejos de esta ciudad putrefacta y cada vez más exhaustiva. Me urge viajar. Me urge treparme en un bote y desaparecer de mi propia vista. Queda tan poco tiempo. Quedan muy pocos días.
Porque nunca sabes cuando te llega tu ola.
agosto 04, 2007
Sobre lo dudoso.
Hay una parte mala en el escepticismo. De hecho, es muy mala. Es más mala que cualquier cosa. Es malísima. Es tremenda. Y su maldad tiene que ver con cómo es que lidiamos con las cosas, con la vida, con la muerte. Con esas "cosas" que no son cosas. Con esa "muerte" que nunca acaba de posarse sobre sus víctimas, ni termina tampoco siendo muerte. ¿Qué demonios podríamos hacer todos los que no tenemos dioses para explicarnos como es que algo vivo puede dejar de estarlo de un momento a otro? ¿Cómo, sin un dios, es que mi cuerpo podría explicarse algo? ¿Y cómo, finalmente, es que cualquiera podría creérselo?
Soy un escéptico consagrado y consumado. Soy un absoluto renegado de toda esperanza. Soy un minuto que desprecia, argumentativamente, todo aquel otro minuto que se suponga a sí mismo existiendo más allá de la muerte. Soy un desesperanzado. Soy una línea en blanco sobre la página 4 de la burocracia de la muerte. Soy la vil y más mundana huella de la desaparición. Soy un pedazo de nada que, por supuesto, tampoco tiene nombre. Soy la negritud y el espacio vacío. Soy el fotograma, velado por el hambre y sin sentido, y al que este mundo quiere darle sustantivos además de historias. Soy la muerte, que siempre es muerte de otros. Soy la nada, que siempre es nada ajena y que trasciende más allá del punto y aparte.
Soy la rendición. Soy el eterno contrario de todo milagro. Soy la negación que no se niega. Soy el vil final que nadie quiere y que nadie tampoco riega. Soy yo, el cero. Heme aquí, el cero absoluto. El "no soy" que, por lo tanto, es nomás la nada. Soy quien no soy. Soy el que de mí mejor habla mi viejo hermano el silencio. Soy sin ser nada.
Desde el lado de los hombres todavía puede verse un montón de humanidad. Todavía hay mil afanes. Todavía se revienta en sus pestañas la injusticia. Siguen húmedos. Siguen sin mirar atrás. Siguen reposando en el prodigio de sus mentes y persisten todos repletos de una intensa rabia. Siguen, sin más, atornillados a cierta e irrefutable desdicha. Prosiguen, y lo hacen buscando explicaciones: como si lo inexplicable tuviera realmente una salida.
No les importa: siguen relinchando. Siguen irascibles y rabiosos. Siguen retorciéndose. Siguen sin ver brisa. No hay un lugar donde haya nombres que ayuden a aliviarse. No hay resonancias que no duelan. No hay resquemores que se salven. Este es un hogar escéptico, y para los escépticos no consuela ningun dios, ni tampoco resisten o persisten esas menores coincidencias, cuasimísticas, cuasibellas. Todos los sin-dios están sometidos al escrutinio de la crueldad, realidad, camino sin señales ni designios. Y desde que están vivos simplemente lo están hasta que desaparece la carne. No hay tregua. No hay destino. No hay sentido más grande que el que ofrece el albedrío.
Pero supongamos que nadie sabe nada. Supongamos que todos aquí estamos igual de despojados. Y supongamos que todo el frío es nuestro frío. ¿Qué podríamos esgrimir frente a la muerte de un ser vivo? ¿Cuál de todas las historias podría aguantar el poder de la nada? ¿Quién se atrevería a renunciar a estar vivo?
Soy un escéptico consagrado y consumado. Soy un absoluto renegado de toda esperanza. Soy un minuto que desprecia, argumentativamente, todo aquel otro minuto que se suponga a sí mismo existiendo más allá de la muerte. Soy un desesperanzado. Soy una línea en blanco sobre la página 4 de la burocracia de la muerte. Soy la vil y más mundana huella de la desaparición. Soy un pedazo de nada que, por supuesto, tampoco tiene nombre. Soy la negritud y el espacio vacío. Soy el fotograma, velado por el hambre y sin sentido, y al que este mundo quiere darle sustantivos además de historias. Soy la muerte, que siempre es muerte de otros. Soy la nada, que siempre es nada ajena y que trasciende más allá del punto y aparte.
Soy la rendición. Soy el eterno contrario de todo milagro. Soy la negación que no se niega. Soy el vil final que nadie quiere y que nadie tampoco riega. Soy yo, el cero. Heme aquí, el cero absoluto. El "no soy" que, por lo tanto, es nomás la nada. Soy quien no soy. Soy el que de mí mejor habla mi viejo hermano el silencio. Soy sin ser nada.
Desde el lado de los hombres todavía puede verse un montón de humanidad. Todavía hay mil afanes. Todavía se revienta en sus pestañas la injusticia. Siguen húmedos. Siguen sin mirar atrás. Siguen reposando en el prodigio de sus mentes y persisten todos repletos de una intensa rabia. Siguen, sin más, atornillados a cierta e irrefutable desdicha. Prosiguen, y lo hacen buscando explicaciones: como si lo inexplicable tuviera realmente una salida.
No les importa: siguen relinchando. Siguen irascibles y rabiosos. Siguen retorciéndose. Siguen sin ver brisa. No hay un lugar donde haya nombres que ayuden a aliviarse. No hay resonancias que no duelan. No hay resquemores que se salven. Este es un hogar escéptico, y para los escépticos no consuela ningun dios, ni tampoco resisten o persisten esas menores coincidencias, cuasimísticas, cuasibellas. Todos los sin-dios están sometidos al escrutinio de la crueldad, realidad, camino sin señales ni designios. Y desde que están vivos simplemente lo están hasta que desaparece la carne. No hay tregua. No hay destino. No hay sentido más grande que el que ofrece el albedrío.
Pero supongamos que nadie sabe nada. Supongamos que todos aquí estamos igual de despojados. Y supongamos que todo el frío es nuestro frío. ¿Qué podríamos esgrimir frente a la muerte de un ser vivo? ¿Cuál de todas las historias podría aguantar el poder de la nada? ¿Quién se atrevería a renunciar a estar vivo?
agosto 01, 2007
Repoblar el mundo.
Para Aura Estrada Curiel, y para todos los que resentimos su muerte.
Hay voces como hay personas como hay sonrisas que pueblan el mundo. Aunque no estén ahí, a tu lado. Aunque no estén todo el tiempo (y es que nada, en realidad, está todo el tiempo -bienvenida la ilusión de lo permanente- pues todas las cosas tienen siempre ratos e intervalos). Pero, refraseando: hay voces como hay personas como hay sonrisas que, aun sin habitar los territorios imaginarios de lo perpetuo, pueblan con suficiencia su pedazo de mundo. Y como todo pedazo de mundo, poblado o despoblado, existe y ES sólo en función de aquellos otros territorios con los que convive. Y en esa dialéctica multipartita entre lo vacío y lo pleno es donde cohabitamos todos: Cada quien su pedazo de mundo. Cada quien sus naipes. Pero todos jugando.
Aura era una de esas voces, personas, sonrisas que parecían desbordarse sobre la mesa de este casino de repetitivos infortunios y escasos jackpots que resulta ser la vida. Y Aura siempre lo apostaba todo, lo poblaba todo con su voz, persona, sonrisa. Aun si se tratara de algún juego eminentemente oscuro y perdido, y aun si todos parecieran dispuestos a entregar las cartas y disponerse a la derrota, Aura, maestra súbita de la esperanza, fuese o no a través de un bluff arriesgadísimo, esperaba con una paciencia milenaria (que otros llamamos terquedad) el destape de las últimas cartas. Y por lo regular, blandiendo una carcajada como las que sólo ella y su voz pobladora de planetas podían hacerlo, se llevaba el pote entero bajo la mirada estupefacta de todos los que ya nos habíamos rendido. Aura era así. Era ahora y era Aura. Mientras todos los demás tratábamos de llevarle el paso.
Y Aura habitó el mundo con su voz, persona, sonrisa, durante muchos ahoras. Siempre anclada en el presente, siempre hambrienta, irredenta, prodigiosa y carente de tapujos y cadenas. Aura pobló su pedazo del mundo desencadenadamente, aun si con mucha mesura. Sabedora de su saber, pero también empuñando en todo momento esa modestia suya que hasta en estos tiempos posteriores a su vida le ha merecido alguna que otra saludable polémica. Frank dice que sí, Sam dice que no, Junot dice que quién sabe, y todo mientras David, el generoso e impasible David, dice que toda aquella modestia era sólo un resquicio de esa "pena" mexicana que tanto contamina el esplendor de ciertas personas, y que Aura estaba a punto de deslindarse por completo de ella.
Realmente no importa. Importa el que detrás de la marquesina y el retrato que de Aura han forjado su muerte y su tortuosa desaparición, subyace una verdad volcánica y esplendorosa, y que todos parecemos estar llegando a ella, ya en un momento o en otro:
Y es que no hay ninguna Aura. No hay Aura una. No existe más una sola Aura, sino que, por el contrario, y siguiendo en fila india los pasos de su voz (persona, sonrisa) este -aparentemente diminuto- pedazo de mundo desde el cada quien y cada cual la seguimos llorando, parece repoblarse cuasimágicamente. Las calles y las avenidas de nuestros corazones retumban bajo las botas de un amoroso ejército de Auras, tan milagrosas como distintas. Auras a medio hacer, Auras enteras, Auras microscópicas o telescópicas. Una labor de cada quien. Un cada quien que se está tejiendo para sí mismo una nueva Aura, beyond death, y cuyos estambres (que ahora son su nueva voz, persona, sonrisa) han sido hilados de memorias tan disímiles y maravillosas como pudo ser verla cantar -a grito pelado- TODO el Sergeant Pepper, o simplemente mirarla brincoteando una formidable imitación de Daniela Romo en sus mejores tiempos, o quizás escribiendo historias fascinantes y furiosamente incompartidas, todo para satisfacer sus cualesquieras ansias de un martes a las cuatro de la mañana, o de un domingo soporífero, o de su vida entera.
Hoy ya no sólo repudiamos el mar. Hoy ya no sólo le despreciamos mientras perseguimos -rompiéndonos- las olas que a ella, a su vez, la rompieron con esa estúpida e inesperada estocada final. Today our job keeps getting bigger: Pues hoy ya tampoco nos dedicamos -exclusivamente- a fiscalizar a Neptuno o a sus pútridos océanos en busca de un par de estériles respuestas, al mismo tiempo que tratamos de convencernos los unos a los otros de lo aconsejable que resulta claudicar a la fútil tarea que supone darle nombre al sinsentido de su muerte; peor aún, explicar LA muerte y -mucho peor- la de pretender rebautizar nuestra ingenua y comodina aproximación hacia la vida.
Así que ya no sólo se trata de buscar explicaciones: Hoy cada quien su Aura. Cada quien su "cyborg" personalizado y sus "Memorias de un estudiante graduado". Cada quien su robot peregrino e inmortal, forjado entre los infinitos materiales y circuitos que esa otra Aura de carne tuvo a bien dejarnos, minuciosamente, a cada uno. Y por eso nos reunimos. Y nos seguiremos reuniendo para dibujar con un esmero casi obsesivo -pero no- a esa Aura cúbica y cubista. La que su real presencia en nuestras vidas nos dejó, pieza tras pieza, entre las manos. Nos reuniremos para pintarla, repintarla, equivocarnos o acertar. Nos reuniremos para intercambiar lápices, ángulos, lienzos o pinturas enteras. Nos reuniremos, más que nada, para hacer trueques con nuestra angustia, como buenos seres mentales. Pero eventualmente, y juntos, repoblaremos el mundo. Haremos de ese deshabitado que antes ocupaba su cuerpo, una bomba que salpique su alma y acabe por empapar el mundo como un tsunami cataclísmico. Y persistiremos de apetito como también de asombro, y continuaremos viviendo siempre en su lugar. En su pedazo de mundo. Donde todavía se escucha y seguirá escuchándose el eco de su voz, persona, sonrisa. De esas que pueblan el mundo.
Ahí mismo. ¿Dónde más?
(And while we're at it, Frank, oh so dear and marvelous and divinely grieving husband Frank, you'll find a brother and sister inside each one of us.)
julio 26, 2007
Las olas...las putas olas.
A la memoria de Aura Estrada Curiel, querida amiga, muerta a manos del mar el 24 de Julio de 2007. (y con una gran disculpa por la evidente falta de acentos, cortesia de una mac indescifrable)
Estoy en el aeropuerto de Huatulco, esperando el avion que me regresara hasta tu cuerpo muerto, en una caja abierta, en una funeraria en la que decenas seguro te estaran llorando. Vine a recoger tus cosas. Las de Frank. Las de Fabiola. Todo lo que se quedo en una instantanea casi terrorifica en esa casa de Mazunte en la que pasaste el ultimo dia de tu vida. Era, ciertamente, una casa hermosa. Y un hermoso lugar. No lo conocia. Me hubiera gustado estar aqui contigo, con ustedes. Tal vez nada habria pasado, o tal vez, como dicen los taxistas y las ninias que siguen muy impresionadas con tu muerte, tal vez hubiera pasado de todos modos. En tu casa de Mexico. En Nueva York. En una escalera. En la regadera. Quien sabe.
Las olas te llevaron. Y yo que siempre he hablado del mar con amor, hoy siento que lo detesto. Que quisiera verlo seco y destruido por la erosion y el calentamiento global. Que quisiera, como me dijeron antes de venir, que el mar realmente hubiera hecho caso a las mentadas de madre que le lance ayer por la noche, despues de empacar tus maletas, y que ese mismo mar, ese puto mar no me escuche las solemnes despedidas que tu madre me pidio que le diera de tu parte. Puto mar. Putas olas. Como pudieron arrancarte de nosotros.
Te fuiste como Alfonsina, como Virginia Woolf. Te fuiste gracias a un beso del mar. Un beso quizas muy rabioso, quizas muy mordelon, quizas demasiado fuerte. Te fuiste muy antes de tiempo, querida Aura, y vamos a extraniarte mucho. El amiguito de Hemingway, ese puto mar, el adorado y temeroso oceano mar de Baricco, ese mar, el de la Woolf, el de sus olas, te llevo como a los grandes. Y lo eras. Eras una mujer juguetona y hermosa. Una gran mujer de 30 anios que se tropezo con la ola equivocada y nos dejo temblando. Aunque quizas te fuiste feliz.
Amabas el mar, amabas Oaxaca, amabas este oceano lleno de buenas memorias, ventanillas, JB's, Fabiolas, cervezas y mezcales tras largas conversaciones, algunas rudas y otras hermosas y ligeras, como tu. Tan mar como polimorfa. Sonriente y rabiosa. Una mujer llena de palabras. Una mujer llena de risas y de tacos del Califa y de sonrientes cervezas y de noches de fiesta salvaje en el centro o en la condesa o en donde fuera. Porque eras siempre la misma donde quiera que fueses.
No caben mas palabras para explicar el sinsentido. El absurdo de la muerte, otra vez, abrumandonos un verano que de por si ya habia empezado bastante mal. Por una u otra razon siguen desapareciendo mis amigas, mis hermanas, las personas. Sigue empecinada la muerte en chingarnos la existencia fuera de tiempo. Llevandose a los mejores, dejandonos aqui a los mas pendejos. Que tristeza, Aura. Vamos a extraniarte mucho.
Pero seremos fuertes. Voy en camino. Aqui vine solo por tus maletas, y a dejarle un escupitajo a este paraiso en el que el absurdo decidio robarse tu vida. Unas patadas en el suelo. Unos honestos intentos por desahogar esta tristeza que solo aqui, lejos de Frank y de Fabiola y de tu madre, puedo libremente dejar fluir sin que ellos me vean. Porque para ellos soy el fuerte. El que vino por todo lo que dejaron atras en su carrera por salvarte la vida. El que nunca llora.
Pero si lloro. Ahora mismo estoy sentado con un nudo atroz en el cogote, esperando a que el avion despegue y entonces pueda echar otro vistazo en el cielo para comprobar que dios no existe y que no estas por ahi flotando, esperando que nos despidamos de beso, o sufriendo por haberte ido. Voy a mirar el cielo y encontrarlo vacio, y ahi, a 35000 pies de altura, como en el vuelo de venida, voy a poder llorar libremente y a cantaros. Una vez mas.
Luego dejare de escribirte como si me leyeras. Luego me pondre fuerte otra vez y bajare del avion para llevarme las 9 maletas hasta algun lugar donde pueda quitarme esta ropa sudorosa, la misma con la que sali del hospital en el que terminaste de morir, y ponerme otra sobre la cual puedan llorar tu hermana, tu madre, tu marido y tus amigos.
Y luego me marchare a mi casa. A mi cama vacia. A mi otra desesperacion y a mis otras anioranzas. Y pensare en toda la gente que se ha ido en tan poco tiempo. Y pensare en la que aun me queda.
Y me quedare dormido.
Prometo escribirte algo mas decente, pronto. Ahora mismo me faltan las fuerzas.
Estoy en el aeropuerto de Huatulco, esperando el avion que me regresara hasta tu cuerpo muerto, en una caja abierta, en una funeraria en la que decenas seguro te estaran llorando. Vine a recoger tus cosas. Las de Frank. Las de Fabiola. Todo lo que se quedo en una instantanea casi terrorifica en esa casa de Mazunte en la que pasaste el ultimo dia de tu vida. Era, ciertamente, una casa hermosa. Y un hermoso lugar. No lo conocia. Me hubiera gustado estar aqui contigo, con ustedes. Tal vez nada habria pasado, o tal vez, como dicen los taxistas y las ninias que siguen muy impresionadas con tu muerte, tal vez hubiera pasado de todos modos. En tu casa de Mexico. En Nueva York. En una escalera. En la regadera. Quien sabe.
Las olas te llevaron. Y yo que siempre he hablado del mar con amor, hoy siento que lo detesto. Que quisiera verlo seco y destruido por la erosion y el calentamiento global. Que quisiera, como me dijeron antes de venir, que el mar realmente hubiera hecho caso a las mentadas de madre que le lance ayer por la noche, despues de empacar tus maletas, y que ese mismo mar, ese puto mar no me escuche las solemnes despedidas que tu madre me pidio que le diera de tu parte. Puto mar. Putas olas. Como pudieron arrancarte de nosotros.
Te fuiste como Alfonsina, como Virginia Woolf. Te fuiste gracias a un beso del mar. Un beso quizas muy rabioso, quizas muy mordelon, quizas demasiado fuerte. Te fuiste muy antes de tiempo, querida Aura, y vamos a extraniarte mucho. El amiguito de Hemingway, ese puto mar, el adorado y temeroso oceano mar de Baricco, ese mar, el de la Woolf, el de sus olas, te llevo como a los grandes. Y lo eras. Eras una mujer juguetona y hermosa. Una gran mujer de 30 anios que se tropezo con la ola equivocada y nos dejo temblando. Aunque quizas te fuiste feliz.
Amabas el mar, amabas Oaxaca, amabas este oceano lleno de buenas memorias, ventanillas, JB's, Fabiolas, cervezas y mezcales tras largas conversaciones, algunas rudas y otras hermosas y ligeras, como tu. Tan mar como polimorfa. Sonriente y rabiosa. Una mujer llena de palabras. Una mujer llena de risas y de tacos del Califa y de sonrientes cervezas y de noches de fiesta salvaje en el centro o en la condesa o en donde fuera. Porque eras siempre la misma donde quiera que fueses.
No caben mas palabras para explicar el sinsentido. El absurdo de la muerte, otra vez, abrumandonos un verano que de por si ya habia empezado bastante mal. Por una u otra razon siguen desapareciendo mis amigas, mis hermanas, las personas. Sigue empecinada la muerte en chingarnos la existencia fuera de tiempo. Llevandose a los mejores, dejandonos aqui a los mas pendejos. Que tristeza, Aura. Vamos a extraniarte mucho.
Pero seremos fuertes. Voy en camino. Aqui vine solo por tus maletas, y a dejarle un escupitajo a este paraiso en el que el absurdo decidio robarse tu vida. Unas patadas en el suelo. Unos honestos intentos por desahogar esta tristeza que solo aqui, lejos de Frank y de Fabiola y de tu madre, puedo libremente dejar fluir sin que ellos me vean. Porque para ellos soy el fuerte. El que vino por todo lo que dejaron atras en su carrera por salvarte la vida. El que nunca llora.
Pero si lloro. Ahora mismo estoy sentado con un nudo atroz en el cogote, esperando a que el avion despegue y entonces pueda echar otro vistazo en el cielo para comprobar que dios no existe y que no estas por ahi flotando, esperando que nos despidamos de beso, o sufriendo por haberte ido. Voy a mirar el cielo y encontrarlo vacio, y ahi, a 35000 pies de altura, como en el vuelo de venida, voy a poder llorar libremente y a cantaros. Una vez mas.
Luego dejare de escribirte como si me leyeras. Luego me pondre fuerte otra vez y bajare del avion para llevarme las 9 maletas hasta algun lugar donde pueda quitarme esta ropa sudorosa, la misma con la que sali del hospital en el que terminaste de morir, y ponerme otra sobre la cual puedan llorar tu hermana, tu madre, tu marido y tus amigos.
Y luego me marchare a mi casa. A mi cama vacia. A mi otra desesperacion y a mis otras anioranzas. Y pensare en toda la gente que se ha ido en tan poco tiempo. Y pensare en la que aun me queda.
Y me quedare dormido.
Prometo escribirte algo mas decente, pronto. Ahora mismo me faltan las fuerzas.
julio 15, 2007
Hoy vi a la enfermera más guapa del mundo...
Pero eso vale madres.
Lo verdaderamente importante es que, bajo el mandato panista, los números que tanto aprecian los supuestos "intelectuales calderonistas" (léase, Kakin Fonseca y Chespirito) van como sigue:
http://www.eluniversal.com.mx/primera/29259.html
México pasó del lugar 9 al oprobioso sitio 15 entre las economías mundiales.
¿No que muy capaces? ¿No se supone que ustedes "saben cómo hacerlo"?
Ay, perdón. Me confundí de eslogan por unos 15 años. Pero la última vez que revisé, Calderón había estudiado en Harvard y Fox también.
Aaaaaaay, chiquiiiiiitos. Hasta ternura me dan.
Qué bonito es ser tercer mundista, caray.
Lo verdaderamente importante es que, bajo el mandato panista, los números que tanto aprecian los supuestos "intelectuales calderonistas" (léase, Kakin Fonseca y Chespirito) van como sigue:
http://www.eluniversal.com.mx/primera/29259.html
México pasó del lugar 9 al oprobioso sitio 15 entre las economías mundiales.
¿No que muy capaces? ¿No se supone que ustedes "saben cómo hacerlo"?
Ay, perdón. Me confundí de eslogan por unos 15 años. Pero la última vez que revisé, Calderón había estudiado en Harvard y Fox también.
Aaaaaaay, chiquiiiiiitos. Hasta ternura me dan.
Qué bonito es ser tercer mundista, caray.
julio 11, 2007
Sobre los "atentados" del EPR y la industria del miedo...
Para el regocijo de niños y niñas y para estimular el hígado de mi fan pendejete favorito (el mismo que firma como jorge garralda, el pelon de tepito, brozo, john laroche y cualquier mamada que se le ocurre para seguir alimentando mi ego y mi contador -gracias-) les regalo un pequeño post político en referencia a los nada nuevos terroristas del EPR y a las reacciones que -obviamente- no se hicieron esperar.
Si ya sabemos que la IP y la iglesia están preocupadísimas por la seguridad. Por eso no contratan guardias en sus bancos y lloran porque el gobierno no se los proporciona. Y por eso guardan las fortunas de los narcos en lindas y productivas cuentas. En fin. Aquí las notas a las que hago referencia. Para aquellos que no creen que vamos en camino a convertirnos en un remedo chaqueto de los gringos y su presidente ("el superman contra los evil-doers"). Claro, es chaqueto porque aquí los sueldos son de risa y a los fundamentalistas les valemos madre. Por eso hay que inventar nuevos y mmejores enemigos. Qué tal las marchas y sus "asesinos irresponsables" (los mismos que mataron a "Juan" (?) muajajaja, qué ridículez). En fin, antes de que alguien estrelle un avioncito de control remoto contra el castillo de chapultepec, los dejo con el verdadero post y con los links a las notas más ridículas que he leído en "muchos tiempos".
Groseros, violentos, horribles, tontos irresponsables que se "manifiestan irresponsablemente". (No cabe duda que la manipulación semiológica en este país está cabrona. usan el lenguaje como un papel de bañop pa embarrarle su caca) : http://www.eluniversal.com.mx/notas/436409.html
México siempre fiel (a llevar agua a su molino) "Sólo la razón y el amor son medios para resolver nuestras diferencias" (jojojojojo, cuéntenselo a los indígenas que se siguen muriendo de hambre y que recibieron a Cristo a chingadazos): http://www.eluniversal.com.mx/notas/436374.html
Estos violentos horribles, irresponsables que no saben lo que es hacer política limpiamente y recurren a la violencia (como los soldados violadores, o los matones, o los chinos millonarios que sueltan la sopa won-ton): http://www.eluniversal.com.mx/notas/436359.html
Alguien la está preparando buena en México.
Por mi parte, les dejo mis impresiones en este post.
Espero que lo disfruten o se retuerzan del asco.
Salud!
Si ya sabemos que la IP y la iglesia están preocupadísimas por la seguridad. Por eso no contratan guardias en sus bancos y lloran porque el gobierno no se los proporciona. Y por eso guardan las fortunas de los narcos en lindas y productivas cuentas. En fin. Aquí las notas a las que hago referencia. Para aquellos que no creen que vamos en camino a convertirnos en un remedo chaqueto de los gringos y su presidente ("el superman contra los evil-doers"). Claro, es chaqueto porque aquí los sueldos son de risa y a los fundamentalistas les valemos madre. Por eso hay que inventar nuevos y mmejores enemigos. Qué tal las marchas y sus "asesinos irresponsables" (los mismos que mataron a "Juan" (?) muajajaja, qué ridículez). En fin, antes de que alguien estrelle un avioncito de control remoto contra el castillo de chapultepec, los dejo con el verdadero post y con los links a las notas más ridículas que he leído en "muchos tiempos".
Groseros, violentos, horribles, tontos irresponsables que se "manifiestan irresponsablemente". (No cabe duda que la manipulación semiológica en este país está cabrona. usan el lenguaje como un papel de bañop pa embarrarle su caca) : http://www.eluniversal.com.mx/notas/436409.html
México siempre fiel (a llevar agua a su molino) "Sólo la razón y el amor son medios para resolver nuestras diferencias" (jojojojojo, cuéntenselo a los indígenas que se siguen muriendo de hambre y que recibieron a Cristo a chingadazos): http://www.eluniversal.com.mx/notas/436374.html
Estos violentos horribles, irresponsables que no saben lo que es hacer política limpiamente y recurren a la violencia (como los soldados violadores, o los matones, o los chinos millonarios que sueltan la sopa won-ton): http://www.eluniversal.com.mx/notas/436359.html
Alguien la está preparando buena en México.
Por mi parte, les dejo mis impresiones en este post.
Espero que lo disfruten o se retuerzan del asco.
Salud!
julio 05, 2007
Amor y odio.
Por muchos meses me he encontrado carente de cualesquiera reputísimas ganas de escribir y/o seguir narrando mi vida en este lugar. Mes tras mes cada idea me sigue pareciendo prescindible y estéril, al punto de que incluso comulgo con mi cotidiano detractor en lo que se refiere a lo poco que importa el que diga lo que digo. No más.
Hoy tengo que confesar, y para ello tengo que apegarme a la "necesidad confesional del hombre occidental" (concepto que leí esta mañana y que me pareció por demás pertinente y cierto), y -para ello- ahora que, otra vez, me decido a confesar, tengo que hacerlo bien y de buenas. ¿Y por eso, necio, me pregunto: Cuándo mejor que ahora?
Confesaré, entonces. Admitiré lo que ya otros han evidenciado como inexpugnable y dejaré de hacerme partícipe y pendejo de la simulación de lo contrario. Hablaré, pues, de cómo la gente suele odiarme o adorarme, la misma cosa, la mera neta, y que pasa siempre y cada vez. Juro que no es narcisismo, del malo o del bueno. Simplemente así sucede.
Y es que eso sigue sorprendiéndome. Siempre y en cada oportunidad. Y es que también he de admitir que tan sólo apenas hace pocas noches fue que aquella realidad alcanzó a -realmente- colarse entre mis nociones de la vida cotidiana.
Porque sí. Porque la neta es que desde que tengo noción, la gente suele amarme o despreciarme, pero nunca lo contrario. No soy de esos seres casi prescindibles a los que la gente ubica en un justo medio. A mí, por lo regular, me odian o me quieren. Y yo, igualmente regular, casi siempre hago lo mismo. Y disfruto siempre del gran juego que me brindan los extremos de la vida: sublime o asqueroso. Notable o pendejísimo. Entero o en pedazos.
Y cuando más lo creía una característica única y propia de mi vida virtual, más han llegado los detractores fantasmagñoricos a empujar su desprecio frente a mi cara. Ya no es sólo una cuestión de amar o ser amado. Ya hasta los que no me conocen (realmente), se toman las libertades de escupir sus improperios, in a daily basis, o sea, diariamente, y persisten bien jocosos y apestando este despreocupado pedacito de autocomplacencia que, libremente, resulta ser mi blog. Y muy a su pesar, les sigo disfrutando (sí, a ellos). Y siguen alimentándome sus atenciones obsesivas y sus tristes anhelos. Y siempre prosigo con mi vida, de buenas a primeras. Y siempre sigo contemplando esa vida, la misma y la mismita. La que desde aquellos dos extremos he contemplado por siempre. La vida en la balanza. La vida bella y sin desesperanza.
+++
Adórame, sí, y si no, ódiame. Pero nunca te quedes callado. Prescinde de prescindir y regálame una reacción. Vuélvete reaccionario. Y luego date las gracias a ti mismo, que yo, por mi parte, ya te las estoy dando (las gracias, y nada más).
En menos de un año hoy me siento complacido y satisfecho por las dos grandes parejas que presenté entre sí hace unos cuantos pocos años. Una, hoy, está a sólo cuatro meses de parir a su primer hijo. La otra, igual de buena, está aún debatiéndose entre procrear o escaparse del mundo. Y sé muy bien en qué terminará la cosa. Maravilloso alivio. Tan bueno que es capaz de soportar cualquier rebeldía.
Y entonces sí: ámenme y si no, ódienme. Estoy preparado para lo que sea. Llevo estándolo desde siempre. Toda la vida me he cimbrado frente a lo hermoso, al tiempo que me revuelto frente a lo catastrófico. No me hace falta validación. Esa ya la tengo. Y la tengo gracias a que no requiero risas ni tampoco vómitos. Yo sí estoy aquí. Y en el aquí están siempre los que quieren estar aquí, conmigo. Y los que no, pues no.
Y que el amor pinte siempre el impoluto reino de las debacles.
Y más nada.
XDDDDDD
au-to-com-pla-cien-te
Sustantivo compuesto. A ver si lo entienden:
autocomplaciente, hermano casi gemelo de autoindulgente. Primo hermano mexicano de self indulgent. Primo segundo pero casi primero de autocompasivo.
Definición:
autocomplaciente: Masturbatorio. Tramposo. Vil. Que sólo se complace a sí mismo. Que no le importan nada los demás. Que poco le menoscaban las demostraciones de desprecio.
Traducción:
Cada "pendejooooo" que me dejan medio sembrado entre los comentarios del blog a mí me supone casi una caricia. Entre "pendejoooo" y "pendejoo" disfruto ser el leit motiv de cualquiera. Y más aún de cualquiera que no tiene nada que hacer. Bendigo, pues, esas despreciables alabanzas.
Y que siga la fiesta.
autocomplaciente, hermano casi gemelo de autoindulgente. Primo hermano mexicano de self indulgent. Primo segundo pero casi primero de autocompasivo.
Definición:
autocomplaciente: Masturbatorio. Tramposo. Vil. Que sólo se complace a sí mismo. Que no le importan nada los demás. Que poco le menoscaban las demostraciones de desprecio.
Traducción:
Cada "pendejooooo" que me dejan medio sembrado entre los comentarios del blog a mí me supone casi una caricia. Entre "pendejoooo" y "pendejoo" disfruto ser el leit motiv de cualquiera. Y más aún de cualquiera que no tiene nada que hacer. Bendigo, pues, esas despreciables alabanzas.
Y que siga la fiesta.
julio 02, 2007
Descártes-e (versión e-commerce)
Sólo falta ponerse a pensar un segundo. Es más: incluso un poco menos. Centésimas relampagueantes sobre las alfombras del tiempo son las únicas invitadas obligatorias para poder bailar la danza de la sorpresa.
+++
¿Es la comprensión una truculenta asunción de debilidad o es acaso una extraña veneración de la fortaleza? ¿Se trata de una frontera notoriamente humana y patética o es, por el contrario, el mismísimo centro del gran círculo perfecto que nos conecta con los dioses? ¿Debiéramos claudicar nuestros vanísimos esfuerzos en pos del entendimiento o sencillamente seguir el camino paralelamente opuesto y entonces maravillarnos, sí, embelesarnos –pues- con lo mucho que nuestros ojos de hule sí son capaces de ver?
+++
Como cada tanto tiempo, me descubro despojado y carente de una buena respuesta a esas, las mismas interrogantes de siempre. Y es que, a pesar de ser capaz de reescribirlas y reinventarlas de una forma cada vez más precisa, o tal vez barroca, o quizás más tramposa y sofisticada, sigo siendo el mismo enano incapaz de responderse a sí mismo que siempre he sido. Soy un estéril esclavo de preguntas que se desenvuelven y se desdoblan en un vértigo asombroso, pero que acaban siempre imbéciles y paralíticas. Posadas como una mosca enjuta sobre las nalgas de un jamelgo que tan sólo agita la cola para luego mascar. Mascar y mascar y remascar una y otra vez la pastura idiota que lo redime del peligro.
+++
Porque el peligro se esconde detrás de cada palabra. El peligro está ahí, encaramado y al acecho, dispuesto a la yugular como ningunos otros dientes lo están en el centro de la vida. El peligro espera aquí y en todas partes, ubicuo y certero, adormilado a veces –sí- pero siempre –siempre- pertinaz. Pertinaz como una lluvia muda y sin torrentes que tan sólo espera y continúa esperando. Y que luego llueve odiosa y eficazmente sobre todo lo que toca. Llueve, sí, sobre todo lo que toca, y llueve rápido. Llueve tan pronto como escucha las palabras mágicas, las preguntas mágicas, el hechizo mismo. Y entonces yo me ahogo en los goteros del peligro. Y sucumbo al pánico. Y me vuelvo sobre mis pasos, derrotado. Incapaz. Sin ninguna otra respuesta que el sinfónico golpeteo que esa lluvia de terror transcribe en mí y en mi destino. Anonadado y algunas veces dichoso, caigo vil, vil presa. Y me devuelvo a mi cubil siempre bien dispuesto. Atolondrado de adjetivos nuevos y palabras frescas. Preguntas de cultivo para la próxima pesca. Carnadas que por un momento se creen respuestas pero que luego fallan. Fracasan y se suman –nuevamente- a las filas de la duda y de la ausencia. Y comienza el baile desde arriba. Y desde el primer compás se vuelve a tocar la pieza. Esta vez no es un vals. Hoy se trata de guitarras y violencia. Aquí vamos de nuevo…
+++
¿Cuántas veces llega el fin de la misma partitura, hasta que el loco se da cuenta? ¿Será que todo es un gran juego sin sentido? ¿Podrá dejarse de jugar sin estar muerto? ¿Habrá algún modo de escapar de esta gran rueda? ¿Podría alguien, tan sólo, alcanzarme la pijama y sentarse aquí, al lado mío, y reírse conmigo mientras la vida se revuelca?
+++
Ahora sé porque es que extraño haber sido un niño. Y porqué añoro los crayones, las hojas sueltas, el balón y a los amigos, las tardes o los días de niñas dóciles y sus faldas y sus trenzas. Ahora entiendo de ese amor y de esas piernas que no pedían nada. Ahora sé porqué anidarse en el presente valía tanto más que estar perdido en ser sólo uno, y uno nada más, y cómo es que eso me hace esclavo del futuro, del pasado y, por ende, del hacer siempre las cuentas. Uno más uno: Dos. Menos uno: Uno. Más nada.
+++
¿Y qué es lo que soy sin un hambre y una boca? ¿Y a dónde llego si no sé si voy o si me lleva la chingada? ¿Y dónde estoy si no es contigo, si no es conmigo, si no es el mar o no es su hermana marejada? Tengo frío.
+++
Y es que yo añoro abandonarme ante la duda. Añoro no querer saber de nada, y luego preguntármelo todo. Y es que añoro no respuestas, sólo cánticos y calma. Una espalda, una frente, unas horas de zozobra sin preguntas, un tiempo de mordidas que no requieran diccionarios ni mapas ni apellidos ni dentelladas ni designios.
+++
Quiero, como diría John Laroche en la boca de Chris Cooper, en las letras de Charlie Kaufmann, en la mano mágica de Spike Jonze, estar tranquilamente y deambulando por la vida, y sorprenderme con la orilla de la carretera, donde estás tú, y tu mirada, y tu pulgar levantado esperando al asesino del camino, el viejo rider on the storm, y poder mirarte a los ojos y decir, simplemente: Eres tú. Y que digas: Soy yo. Y tú también eres tú. Y que luego nomás somos.
+++
- Si te esfuerzas sólo un poquito, puedes sentir como que el viento te rompe.
- ¿De verdad?
- Te lo juro. Mírame. Me estoy rompiendo.
- Llévame contigo. Rompámonos.
- Te llevo. Pero sólo si cierras los ojos.
+++
Y cuando los ojos se cierran, habémonos todos rotos. Rotos, descuartizados, desparramados sobre el camino. Pero siempre –siempre- en paz.
+++
¿Es la comprensión una truculenta asunción de debilidad o es acaso una extraña veneración de la fortaleza? ¿Se trata de una frontera notoriamente humana y patética o es, por el contrario, el mismísimo centro del gran círculo perfecto que nos conecta con los dioses? ¿Debiéramos claudicar nuestros vanísimos esfuerzos en pos del entendimiento o sencillamente seguir el camino paralelamente opuesto y entonces maravillarnos, sí, embelesarnos –pues- con lo mucho que nuestros ojos de hule sí son capaces de ver?
+++
Como cada tanto tiempo, me descubro despojado y carente de una buena respuesta a esas, las mismas interrogantes de siempre. Y es que, a pesar de ser capaz de reescribirlas y reinventarlas de una forma cada vez más precisa, o tal vez barroca, o quizás más tramposa y sofisticada, sigo siendo el mismo enano incapaz de responderse a sí mismo que siempre he sido. Soy un estéril esclavo de preguntas que se desenvuelven y se desdoblan en un vértigo asombroso, pero que acaban siempre imbéciles y paralíticas. Posadas como una mosca enjuta sobre las nalgas de un jamelgo que tan sólo agita la cola para luego mascar. Mascar y mascar y remascar una y otra vez la pastura idiota que lo redime del peligro.
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Porque el peligro se esconde detrás de cada palabra. El peligro está ahí, encaramado y al acecho, dispuesto a la yugular como ningunos otros dientes lo están en el centro de la vida. El peligro espera aquí y en todas partes, ubicuo y certero, adormilado a veces –sí- pero siempre –siempre- pertinaz. Pertinaz como una lluvia muda y sin torrentes que tan sólo espera y continúa esperando. Y que luego llueve odiosa y eficazmente sobre todo lo que toca. Llueve, sí, sobre todo lo que toca, y llueve rápido. Llueve tan pronto como escucha las palabras mágicas, las preguntas mágicas, el hechizo mismo. Y entonces yo me ahogo en los goteros del peligro. Y sucumbo al pánico. Y me vuelvo sobre mis pasos, derrotado. Incapaz. Sin ninguna otra respuesta que el sinfónico golpeteo que esa lluvia de terror transcribe en mí y en mi destino. Anonadado y algunas veces dichoso, caigo vil, vil presa. Y me devuelvo a mi cubil siempre bien dispuesto. Atolondrado de adjetivos nuevos y palabras frescas. Preguntas de cultivo para la próxima pesca. Carnadas que por un momento se creen respuestas pero que luego fallan. Fracasan y se suman –nuevamente- a las filas de la duda y de la ausencia. Y comienza el baile desde arriba. Y desde el primer compás se vuelve a tocar la pieza. Esta vez no es un vals. Hoy se trata de guitarras y violencia. Aquí vamos de nuevo…
+++
¿Cuántas veces llega el fin de la misma partitura, hasta que el loco se da cuenta? ¿Será que todo es un gran juego sin sentido? ¿Podrá dejarse de jugar sin estar muerto? ¿Habrá algún modo de escapar de esta gran rueda? ¿Podría alguien, tan sólo, alcanzarme la pijama y sentarse aquí, al lado mío, y reírse conmigo mientras la vida se revuelca?
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Ahora sé porque es que extraño haber sido un niño. Y porqué añoro los crayones, las hojas sueltas, el balón y a los amigos, las tardes o los días de niñas dóciles y sus faldas y sus trenzas. Ahora entiendo de ese amor y de esas piernas que no pedían nada. Ahora sé porqué anidarse en el presente valía tanto más que estar perdido en ser sólo uno, y uno nada más, y cómo es que eso me hace esclavo del futuro, del pasado y, por ende, del hacer siempre las cuentas. Uno más uno: Dos. Menos uno: Uno. Más nada.
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¿Y qué es lo que soy sin un hambre y una boca? ¿Y a dónde llego si no sé si voy o si me lleva la chingada? ¿Y dónde estoy si no es contigo, si no es conmigo, si no es el mar o no es su hermana marejada? Tengo frío.
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Y es que yo añoro abandonarme ante la duda. Añoro no querer saber de nada, y luego preguntármelo todo. Y es que añoro no respuestas, sólo cánticos y calma. Una espalda, una frente, unas horas de zozobra sin preguntas, un tiempo de mordidas que no requieran diccionarios ni mapas ni apellidos ni dentelladas ni designios.
+++
Quiero, como diría John Laroche en la boca de Chris Cooper, en las letras de Charlie Kaufmann, en la mano mágica de Spike Jonze, estar tranquilamente y deambulando por la vida, y sorprenderme con la orilla de la carretera, donde estás tú, y tu mirada, y tu pulgar levantado esperando al asesino del camino, el viejo rider on the storm, y poder mirarte a los ojos y decir, simplemente: Eres tú. Y que digas: Soy yo. Y tú también eres tú. Y que luego nomás somos.
+++
- Si te esfuerzas sólo un poquito, puedes sentir como que el viento te rompe.
- ¿De verdad?
- Te lo juro. Mírame. Me estoy rompiendo.
- Llévame contigo. Rompámonos.
- Te llevo. Pero sólo si cierras los ojos.
+++
Y cuando los ojos se cierran, habémonos todos rotos. Rotos, descuartizados, desparramados sobre el camino. Pero siempre –siempre- en paz.
junio 18, 2007
México avanza en su nivel educativo...
http://www.eluniversal.com.mx/notas/431875.html
Es importantísimo que nuestros niños y niñas aprendan a darle dinero a las grandes corporaciones, y sepan que -en caso de que elijan no hacerlo- les van a pasar una aplanadora por encima. Una escena que estos pequeños censores en potencia no olvidarán.
Fundamental. Imprescindible. Genial.
Yo creo que ahora sí salimos del tercer mundo. Sólo falta que nos enseñen a qué tanto mejor es la Coca Cola que el agua y porque hay que creer en el capital por sobre todas las cosas. Pronto nos enseñarán cómo hacer un buen pase filtrado en los linderos del área, cómo picar el algodón y cómo servir un buen hot-dog en las primarias. Será lo más práctico de nuestro sistema educativo, orientado hacia el servilismo, la mediocridad y la creación de más y mejores ignorantes.
Hay días en que el mundo es deprimente. Y cuando el mundo es deprimente, México lo es todavía más.
¿Pero qué clase de mente perversa y retorcida lleva a los niños a ver aplanadoras gigantes destrozando películas porno, discos de luis miguel y llaveros del PAN -made in rancho San Cristobal-?
Un vistazo a la carrera política de este "Robin Hood" de las aplanadoras, las disqueras y los chocolates Ferrero-Rocher:
Germán de la Garza
Partido:
PAN
Uff, tenía que ser. Juro que no lo sabía antes de empezar a escribir esto.
EDAD:
49 años
Si cuando llegas a los 50 años tu única diversión es arruinarle la diversión a los demás, definitivamente has fracasado en la vida.
ESTADO CIVIL:
Casado
ESCOLARIDAD:
Licenciado en Medicina Veterinaria Zootecnista por la UNAM
Un verdadero político de carrera. Sabe tratar con animales y seguro que conoce como opera un buen chiquero de puercos.
TRAYECTORIA:
Director de abastecimientos de la Secretaría de Salud. Director de Administración en la delegación Benito Juárez y director corporativo de adquisiciones en Fertilizantes Mexicanos
Lo cual confirma mi teoría. Burócrata de la Secretaría de Salud y director de compras de Fertilizantes Mexicanos. Lo más seguro es que este señor se ha dedicado a comprar mierda y a limpiar jaulas apestosas gran parte de su vida. Me retracto, este tipo debería ser el presidente de México. Sus años de experiencia entre perros rabiosos, enfermeras jetonas, y costales de caca de todos los colores, tamaños y sabores, lo comprueban.
P.D.
Para "Rafita" y sus comentarios ardillas en cada uno de mis posts desde hace seis meses: Ya desclávate hombre, ¿qué no te das cuenta de que me importas un bledo? Disfruta el sol de california y deja la envidia atrás.
Es importantísimo que nuestros niños y niñas aprendan a darle dinero a las grandes corporaciones, y sepan que -en caso de que elijan no hacerlo- les van a pasar una aplanadora por encima. Una escena que estos pequeños censores en potencia no olvidarán.
Fundamental. Imprescindible. Genial.
Yo creo que ahora sí salimos del tercer mundo. Sólo falta que nos enseñen a qué tanto mejor es la Coca Cola que el agua y porque hay que creer en el capital por sobre todas las cosas. Pronto nos enseñarán cómo hacer un buen pase filtrado en los linderos del área, cómo picar el algodón y cómo servir un buen hot-dog en las primarias. Será lo más práctico de nuestro sistema educativo, orientado hacia el servilismo, la mediocridad y la creación de más y mejores ignorantes.
Hay días en que el mundo es deprimente. Y cuando el mundo es deprimente, México lo es todavía más.
¿Pero qué clase de mente perversa y retorcida lleva a los niños a ver aplanadoras gigantes destrozando películas porno, discos de luis miguel y llaveros del PAN -made in rancho San Cristobal-?
Un vistazo a la carrera política de este "Robin Hood" de las aplanadoras, las disqueras y los chocolates Ferrero-Rocher:
Germán de la Garza
Partido:
PAN
Uff, tenía que ser. Juro que no lo sabía antes de empezar a escribir esto.
EDAD:
49 años
Si cuando llegas a los 50 años tu única diversión es arruinarle la diversión a los demás, definitivamente has fracasado en la vida.
ESTADO CIVIL:
Casado
ESCOLARIDAD:
Licenciado en Medicina Veterinaria Zootecnista por la UNAM
Un verdadero político de carrera. Sabe tratar con animales y seguro que conoce como opera un buen chiquero de puercos.
TRAYECTORIA:
Director de abastecimientos de la Secretaría de Salud. Director de Administración en la delegación Benito Juárez y director corporativo de adquisiciones en Fertilizantes Mexicanos
Lo cual confirma mi teoría. Burócrata de la Secretaría de Salud y director de compras de Fertilizantes Mexicanos. Lo más seguro es que este señor se ha dedicado a comprar mierda y a limpiar jaulas apestosas gran parte de su vida. Me retracto, este tipo debería ser el presidente de México. Sus años de experiencia entre perros rabiosos, enfermeras jetonas, y costales de caca de todos los colores, tamaños y sabores, lo comprueban.
P.D.
Para "Rafita" y sus comentarios ardillas en cada uno de mis posts desde hace seis meses: Ya desclávate hombre, ¿qué no te das cuenta de que me importas un bledo? Disfruta el sol de california y deja la envidia atrás.
junio 07, 2007
Palomar mirando el mar...(el océano mar).
Feliz cumpleaños, gemas geminoides.
El juego del amor es la cosa más rara del mundo. Es, primero que nada, una palabra. Y es una palabra de las más putas a la redonda. Ya me lo dije a mí mismo hace cierto tiempo. (y ahora que lo reveo, me parece curioso haberle llamado "versos del recuerdo". Quizás por su poder recordatorio). Pero antes de eso también me lo dije, también lo sabía. El amor es una palabra puta, puta palabra al fin y al cabo. Pero lo importante es lo otro. Cómo la vivimos. Cómo la vivo. Cómo la perdono y la recibo nuevamente en el reino de mi vocabulario, a sabiendas de su prestanza inmoral y deliciosa, y cómo una vez más la colmo de adjetivos (joyas y regalos para la meretriz), y cómo eso termina por importarme un pito. Y cómo vuelvo a empezar: El amor, el juego del amor, o el juego del juego del amor, o el jugar el juego, lo que sea, es -entonces- la cosa más rara del mundo.
**
Y es más rara aún cuando sabes que juegas y que es rara. Cuando sabes que no es un "amor" como el que pronunciaría una colegiala excitable y conformista. Cuando sabes que cada vez sabes menos de aquello que se esconde en el disfraz de la palabra-meretriz, y más de los aullidos que te provoca verla bailar frente a tu sapiencia y tu supuesta agudeza mental. Es más rara cuanto más la piensas y -por ende- menos la sujetas. Es más cosa que amor. Es más raro que todo lo demás. Pero ES. A pesar tuyo. A pesar del itinerario y de todas las cosas que en el cuello le cuelgas. Esperanzas, albedríos, futuros que nunca se alcanzan, orgullos mustios, racionales alabanzas. Es, tan sólo. Es, tan solo. Ya si culpas al frankenstein lingüístico o te dejas aturdir por el frenesí, no importa. El amor, nuevamente, es la cosa más rara del mundo. Y existe muy a pesar de si lo nombras.
***
A veces se hacen cálculos y mediciones muy prolijas. A veces se construyen molinos de viento y otras metáforas que no pretenden otra cosa que enjaularle. Otros días cae como un rayo y te revienta las entrañas como un veneno infalible y puntiagudo. Unos más te decepciona y le exilias con todas las fuerzas que te imprime la rutina hasta el punto que -casi- no lo piensas. Pero como buen fénix, como buen círculo, como buen sinsentido, como buen manantial, siempre, léase: Siempre, resurge. Unos días como callo o como costra. Otros días como la mirada indulgente de todos tus amigos. Ciertas noches como piel de un torbellino. Otras más como una puta. Como una puta palabra. Como una meretriz que gobierna y decide sobre todo el sinsentido. Y entonces te arrodillas, nuevamente. Te arrodillas frente a la Magdalena, frente al mare magnum, frente al apocalípsis, frente a su implacable ruido. Y concedes. Y le llamas la cosa más rara del mundo. Y prosigues bajo esa gigantesca sombra, andando a pequeños pasos: turbio, terco, vivo o muerto pero feliz. Feliz de ser falaz y andar rumbo a la muerte junto al amor, hacia el amor pero bien coludido.
**
Hoy, creo, es el cumpleaños de dos grandes amores que no estan aquí conmigo. Y si no, es en unos días, pero es ahora o es pronto. Es ya porque ya lo siento y ya me tomé el tiempo de creerlo en esta noche de hartazgos tranquilos remojados en vino. Son apenas las 3 y todavía no hay nada que me nuble suficientemente la cabeza como para no pensar en el amor -el juego o la cosa más rara(o) del mundo- o que simplemente me quite las ganas de querer abrazar a estos personajes y arrancarles -al mismo tiempo y de una vez por todas- ese asqueroso frío que los petrifica a cada rato, y que los mantiene siempre en esa asfixia complaciente que resulta ser de sí mismos su propio hastío.
***
No me importa. Esta noche les añoro. Una es una orquídea apanicada y burbujeante, una flor que no encuentra jardín ni otra aldea meritoria en donde reposar su pánico para explotar en paz y recoger luego sus propios sonidos. El otro es un hermano grande, un esclavo del nombre Héctor y de la beligerancia que implícita contiene el llamarse como se llama un gran guerrero que nunca deja de ser niño. Esclavo, como todos. Esclavos ambos, como todo. Ya del amor-palabra o del amor-meretriz. Ya de la circunstancia y ya también de "las" circunstancias. Vástagos ardientes de las ganas de escapar a donde sea, pero también -ay paradoja (sí, la hay)- de la cárcel del temor a no ser la historieta o la cantata épica que uno cree pero no cree VER en sí mismo. Pero basta de descripción y narrativa. Basta de amuletos en el cuello de la gran meretriz. Basta de adjetivos y de biblias que no alcanzan a ser libro. Yo nomás quisiera verlos, aquí mismo, junto conmigo. Verlos y abrazarlos como se abraza algo vivo. Como se quiere al amor, a la gran puta, la gran sombra. La noche que junto a sí trae anclados a todos mis amigos. Esta noche. Todas.
***
El amor, no, el amor no. El "juego del amor" (sí, eso sí) es la cosa más rara del mundo. No me alcanzarían los párrafos ni las horas para seguirlo desdoblando hasta que uno de los dos perdiese el sentido. (Y claro, ya sabemos quién cae siempre primero.) Pero el amor, no, el juego del amor sigue desubicándome y haciéndome -a la vez- más fuerte. Cada vez creo menos en los mapas y más en la ceguera del que no tiene camino. Cada vez me seduce más, por ejemplo, el deseo de decirle a una mujer muralla un centenar de palabras que son dardos y dardos de caricias pero que al final no le digo. Cada vez me convence más que el amor que yo concibo es una puta herrumbrosa a la que nadie le hará el mismo caso que el que yo le preciso, y sin embargo, y esto como un GRAN "sin embargo", sé que algunas de esas mujeres muralla lo alcanzan a ver todo aunque se callen redonditas y hasta el ombligo. Y me deleita, y me aromatiza la existencia, y me retuerce de placer leerlas o escucharlas diciendo un simple "hola" que saluda mi terror y mi desesperanza como la gran caricia que realmente es. Un buen "hola" puede terminar siéndolo todo. Un buen "hola" luego de alguno de mis arrebatos de cordura honesta y cínica, o de algunos versos sin trampa ni motivo, vale más que los cientocincuenta (mil) besos bajo cero que en alguna boca todos hemos dispendiado a lo pendejo y sin sentido. Un "hola". Algunos "holas". Ciertas olas. Olas que no son nunca la misma ola. Ni el mismo "hola". Porque todos somos boyas y no faros (y aunque todos andemos chupándolos) -sic muy chilango e iluminador-
Si te encuentro, no te dejaré. Si ya estás aquí, quédate. Si no piensas venir, tan sólo avisa. Porque nadie sabe a dónde conduce la próxima ola. O el próximo "hola". Y por eso, el mar es el mar. El océano mar.
***
Así que
-Hola. Hola ola. ¿A dónde me llevas esta noche? ¿Ahí? ¿A ese cruce de caminos?-
(dubitativo)
-Hmmm, vale. Vale, ola. Hola. Vámonos ya. Vámonos que se está haciendo tarde...
-¿Ola? ¿Sabes qué? Mejor nos regresamos.-
***
¿A dónde?
mayo 29, 2007
Sana y decente respuesta al "meme" de un muy apreciado librepensador...
Héctor (o quizás Julián), léase un mamón probablemente más mamón que yo, o probablemente menos -no importa- me ha mandado un "meme". Y -parafraseándolo- un meme es " una unidad de transmisión de información cultural" que mejor es respetable y no prescindible. Y nomás por eso -o sea, así nomás-, heme aquí respondiéndola en lugar de despreciándola. Y vaya pues.
El "meme" en cuestión consiste en reproducir -originalmente- la página número 123 del último libro que se haya leído. Convenientemente, Héctor (o Julián, como se prefiera), ha decidido que no debe tratarse de la 123, sino de cualquier otra página que a uno le resulte reproducible. Es decir, "a reproducir se ha dicho". Por el bien del meme.
Salud.
El libro es "Leviatán", de Paul Auster. El párrafo habla de mi envidia. De mis ganas. De lo mucho que quisiera crear sin editar.
Y nada más.
Ahí está tu meme, Librepensador.
Salud entonces.
"Siempre me asombraba la rapidez con que trabajaba, su habilidad para pergeñar artículos bajo la presión de las fechas fijas, de producir tanto sin agotarse. Para Sachs no era nada escribir diez o doce páginas de una sentada, empezar y terminar todo un artículo sin levantarse ni una sola vez se la máquina. El trabajo era para él como una competición atlética, una carrera de resistencia entre su cuerpo y su mente, pero puesto que podía abatirse sobre sus pensamientos con tal concentración, pensar con tal unanimidad de propósito, las palabras siempre parecían estar a su disposición, como si hubiese encontrado un pasadizo secreto que fuera directamente de su cabeza a la yema de sus dedos. "Escribir a máquina por dinero", lo llamaba a veces, pero eso era solamente porque no podía resistir la tentación de burlarse de sí mismo. Su trabajo nunca era menos que bueno, en mi opinión, y con mucha frecuencia era brillante. Cuanto más le conocía, más me impresionaba su productividad. Yo siempre he sido lento: una persona que se angustia y lucha con cada frase, e incluso en mis mejores días, no hago más que avanzar centímetro a centímetro, arrastrándome sobre el vientre como un hombre perdido en el desierto. La palabra más corta está rodeada de kilómetros de silencio para mí, y hasta cuando consigo poner esa palabra en la página, me parece que está allí como un espejismo, una partícula de duda que brilla en la arena. El idioma nunca ha sido accesible para mí de la misma forma que lo era para Sachs. Estoy separado de mis propios pensamientos por un muro, atrapado en una tierra de nadie entre el sentimiento y su articulación, y por mucho que trate de expersarme, raras veces logro algo más que un confuso tartamudeo. Sachs nunca tuvo ninguna de estas dificultades. Las palabras y las cosas se emparejaban para él, mientras que para mí se separaban contínuamente, volaban en cien direcciones diferentes.
Yo paso la mayor parte de mi tiempo recogiendo los pedazos y pegándolos, pero Sachs nunca tenía que ir dando traspiés, buscando en los vertederos y en los cubos de basura, preguntándose si no había colocado juntos los pedazos equivocados. Sus incertidumbres eran de un orden diferente.
Pero por muy dura que la vida se volviese para él en otro sentido, las palabras nunca fueron su problema. El acto de escribir estaba notablemente libre de dolor para él, y cuando trabajaba bien, podía escribir las palabras en la página a la misma velocidad que podía decirlas. Era un curioso talento, y como el propio Sachs apenas era consciente de él, parecía vivir en un estado de perfecta inocencia. Casi como un niño, pensaba yo a veces. Como un niño prodigio jugando con sus juguetes.
El "meme" en cuestión consiste en reproducir -originalmente- la página número 123 del último libro que se haya leído. Convenientemente, Héctor (o Julián, como se prefiera), ha decidido que no debe tratarse de la 123, sino de cualquier otra página que a uno le resulte reproducible. Es decir, "a reproducir se ha dicho". Por el bien del meme.
Salud.
El libro es "Leviatán", de Paul Auster. El párrafo habla de mi envidia. De mis ganas. De lo mucho que quisiera crear sin editar.
Y nada más.
Ahí está tu meme, Librepensador.
Salud entonces.
"Siempre me asombraba la rapidez con que trabajaba, su habilidad para pergeñar artículos bajo la presión de las fechas fijas, de producir tanto sin agotarse. Para Sachs no era nada escribir diez o doce páginas de una sentada, empezar y terminar todo un artículo sin levantarse ni una sola vez se la máquina. El trabajo era para él como una competición atlética, una carrera de resistencia entre su cuerpo y su mente, pero puesto que podía abatirse sobre sus pensamientos con tal concentración, pensar con tal unanimidad de propósito, las palabras siempre parecían estar a su disposición, como si hubiese encontrado un pasadizo secreto que fuera directamente de su cabeza a la yema de sus dedos. "Escribir a máquina por dinero", lo llamaba a veces, pero eso era solamente porque no podía resistir la tentación de burlarse de sí mismo. Su trabajo nunca era menos que bueno, en mi opinión, y con mucha frecuencia era brillante. Cuanto más le conocía, más me impresionaba su productividad. Yo siempre he sido lento: una persona que se angustia y lucha con cada frase, e incluso en mis mejores días, no hago más que avanzar centímetro a centímetro, arrastrándome sobre el vientre como un hombre perdido en el desierto. La palabra más corta está rodeada de kilómetros de silencio para mí, y hasta cuando consigo poner esa palabra en la página, me parece que está allí como un espejismo, una partícula de duda que brilla en la arena. El idioma nunca ha sido accesible para mí de la misma forma que lo era para Sachs. Estoy separado de mis propios pensamientos por un muro, atrapado en una tierra de nadie entre el sentimiento y su articulación, y por mucho que trate de expersarme, raras veces logro algo más que un confuso tartamudeo. Sachs nunca tuvo ninguna de estas dificultades. Las palabras y las cosas se emparejaban para él, mientras que para mí se separaban contínuamente, volaban en cien direcciones diferentes.
Yo paso la mayor parte de mi tiempo recogiendo los pedazos y pegándolos, pero Sachs nunca tenía que ir dando traspiés, buscando en los vertederos y en los cubos de basura, preguntándose si no había colocado juntos los pedazos equivocados. Sus incertidumbres eran de un orden diferente.
Pero por muy dura que la vida se volviese para él en otro sentido, las palabras nunca fueron su problema. El acto de escribir estaba notablemente libre de dolor para él, y cuando trabajaba bien, podía escribir las palabras en la página a la misma velocidad que podía decirlas. Era un curioso talento, y como el propio Sachs apenas era consciente de él, parecía vivir en un estado de perfecta inocencia. Casi como un niño, pensaba yo a veces. Como un niño prodigio jugando con sus juguetes.
mayo 26, 2007
Mujer Talismán
Hay una mujer que es un talismán. Un nido de coincidencias. Un centro del remolino. Una mujer que trae consigo un poder casi cósmico, una mujer con la que me han ocurrido las cosas más extrañas e improbables de la vida. Una duquesa de Morphy. Una mujer didáctica y con quien reirse y gozar de un buen whisky, una tarde, una noche, una vez al año, puede ser una experiencia mortal, flamígera, orgásmica, pero siempre -siempre- memorable.
Y siempre una vez al año. O de otro modo se pierde la magia.
No puedo verla mucho tiempo. Es una mujer que concede un número limitado de deseos, por lo que vale mucho la pena pedirlos con toda calma. Gozando hasta el límite de lo posible, reviviendo viejos cuentos que siempre -siempre- suenan como nuevos. O tomándola del brazo por la calle y caminando por la ciudad para inaugurar con su mirada docenas de nuevos tugurios y lugares improbables en cada barrio, a toda hora. Volviendo locos a los meseros, a los barmans, a las mujeres recelosas, a los hombres hambrientos, a las rockolas, las pistas de baile y los caballitos de tequila. A la mujer talismán el pavimento le hace reverencias, la oscuridad la reconoce como ama y señora, los vinos y los manjares -caros o baratos- la orbitan, la circundan, nos circundan. Una vez al año hacemos rugir a las calles. Porque sabemos -muy bien- que cuando estamos juntos se desatan fuerzas extrañas y las coincidencias comienzan a sucederse misteriosamente. Por eso siempre es un ratito, nada más. Antes de que lluevan meteoritos.
Mujer talismán siempre llega a torcerme el mundo, unas cuantas semanas al año. Y desde que se marchó, desde que dejó de ser mía (aunque creo que nunca lo fue, y que esa sensación de pertenencia siempre fue más una deliciosa ilusión que un vínculo convencional y aburrido), ha repetido sus visitas con una religiosidad refrescante. Porque es suave y dura, como nuestra historia. Pero nunca, nunca nos exigimos nada. Todo es siempre dar. Y ahora, como cada vez, cada año, vino a hacerme añicos la cordura y el aburrimiento. A hacerme recordar por qué y cuánto quiero a quienes quiero. A escaparse conmigo, darle una vuelta a nuestro mundo y encelar a quienes se dejen encelar, pues son muchas las horas que pasamos juntos y que nadie entiende. Nadie nos entiende. Y no importa: Tenemos un mundo propio.
Un mundo para dos. Un mundo de mucha suerte. Un mundo que me visita una vez al año.
Y que trae puesta encima la mirada filosa de una mujer talismán. Esta mirada. Y no diré más
Y siempre una vez al año. O de otro modo se pierde la magia.
No puedo verla mucho tiempo. Es una mujer que concede un número limitado de deseos, por lo que vale mucho la pena pedirlos con toda calma. Gozando hasta el límite de lo posible, reviviendo viejos cuentos que siempre -siempre- suenan como nuevos. O tomándola del brazo por la calle y caminando por la ciudad para inaugurar con su mirada docenas de nuevos tugurios y lugares improbables en cada barrio, a toda hora. Volviendo locos a los meseros, a los barmans, a las mujeres recelosas, a los hombres hambrientos, a las rockolas, las pistas de baile y los caballitos de tequila. A la mujer talismán el pavimento le hace reverencias, la oscuridad la reconoce como ama y señora, los vinos y los manjares -caros o baratos- la orbitan, la circundan, nos circundan. Una vez al año hacemos rugir a las calles. Porque sabemos -muy bien- que cuando estamos juntos se desatan fuerzas extrañas y las coincidencias comienzan a sucederse misteriosamente. Por eso siempre es un ratito, nada más. Antes de que lluevan meteoritos.
Mujer talismán siempre llega a torcerme el mundo, unas cuantas semanas al año. Y desde que se marchó, desde que dejó de ser mía (aunque creo que nunca lo fue, y que esa sensación de pertenencia siempre fue más una deliciosa ilusión que un vínculo convencional y aburrido), ha repetido sus visitas con una religiosidad refrescante. Porque es suave y dura, como nuestra historia. Pero nunca, nunca nos exigimos nada. Todo es siempre dar. Y ahora, como cada vez, cada año, vino a hacerme añicos la cordura y el aburrimiento. A hacerme recordar por qué y cuánto quiero a quienes quiero. A escaparse conmigo, darle una vuelta a nuestro mundo y encelar a quienes se dejen encelar, pues son muchas las horas que pasamos juntos y que nadie entiende. Nadie nos entiende. Y no importa: Tenemos un mundo propio.
Un mundo para dos. Un mundo de mucha suerte. Un mundo que me visita una vez al año.
Y que trae puesta encima la mirada filosa de una mujer talismán. Esta mirada. Y no diré más
mayo 24, 2007
Vergüenza bloguera.
Sí. Cada vez me comporto peor. Actualizando una vez al mes. Dejando en el olvido mis recuerdos. Debo disculparme con quienes leen este espacio religiosamente. Sé que lo hacen y que -a pesar de mis ausencias- lo han seguido haciendo. Con ustedes siento un poco de vergüenza, a pesar de que prefiero no escribir nada, a llenar la pantalla de tonterías que no tienen pies ni cabeza (como hoy).
La realidad es que he estado abrumado por otras cosas. Unos ojos por allí, unas letras por allá, un trabajo nuevo e interesante, una búsqueda de roommate, dos libros y un guión que caminan cada vez mejor, una separación, un trueque, un poco de jazz, un poco de alcohol. Vida. Vida real pero que -curiosamente- no me ha provisto muchas ganas de escribir sandeces. Pocas historias nuevas que se puedan contar en este blog. Pocas noches en las que haya llegado a casa con la imperiosa necesidad de escribir algunas líneas por aquí.
Así que me da un poco de vergüenza, pero no me arrepiento. Ya vendrán días en los que no pueda dejar de escribir en este sitio y las cosas regresen a su orden normal. Mientras tanto, baste una disculpa, un abrazo público a las princesas sin cuento, un grito salvaje a los cuentos sin princesas y la promesa de que ya prontito, con más dinero y menos obstáculos, estaré de vuelta por aquí.
Salud.
La realidad es que he estado abrumado por otras cosas. Unos ojos por allí, unas letras por allá, un trabajo nuevo e interesante, una búsqueda de roommate, dos libros y un guión que caminan cada vez mejor, una separación, un trueque, un poco de jazz, un poco de alcohol. Vida. Vida real pero que -curiosamente- no me ha provisto muchas ganas de escribir sandeces. Pocas historias nuevas que se puedan contar en este blog. Pocas noches en las que haya llegado a casa con la imperiosa necesidad de escribir algunas líneas por aquí.
Así que me da un poco de vergüenza, pero no me arrepiento. Ya vendrán días en los que no pueda dejar de escribir en este sitio y las cosas regresen a su orden normal. Mientras tanto, baste una disculpa, un abrazo público a las princesas sin cuento, un grito salvaje a los cuentos sin princesas y la promesa de que ya prontito, con más dinero y menos obstáculos, estaré de vuelta por aquí.
Salud.
abril 26, 2007
Mi mayeutica chilanga (sin acentos cortesia de Apple Computers, Inc.)
Antenoche escribia una de estas descripciones que ciertos sitios de internet te piden para definir tu "perfil". Y no hay mayor reto que ese para un desquiciado como yo: Definir, con limitacion de caracteres, lo que pienso acerca de mi mismo. Y no nada mas: definir tambien, que tanto de todo eso quiero prefiero decir a los "demas", todos visiantes de un sitio bobo y harto exitoso en donde nadie pone realmente atencion a otra cosa que las caras y los cuerpos que le rebotan hasta los ojos, de entrada.
Si, es mi culpa por siquiera estar ahi. Yo me lo busque, podria decirse, por andar pendejeando en semejante plataforma tecnologica entregada a la estupidizacion mas insulsa del deseo y la seduccion. No tengo derecho a quejarme, no solo del sitio mismo, sino de mi asuncion de ese supuesto "deber" de llenar una forma electronica en la que resumo quien demonios soy y cuantas bobadas soy capaz de decir. Tomo ese infalible argumento como un "hombre" (en el sentido humano) y no me regodeare en las circunstancias atenuantes que conciernen a la hueva que tenia esa noche, las ganas de no quedarme callado, o el propio reto que me significa preguntarme honestamente quien chingados soy o que demonios quiero inventar sobre mi mismo. Lo hice, lo dije, lo fui. Y ahora esas pavadas siguen ahi, mientras yo me cuestiono ironicamente la estupidez de mi estupidez, o sea, la metaestupidez que puede llegar a regir mis actos en una madrugada de ocio y preguntas personales.
Lo curioso no es mi neurosis. Esa ya la conozco, y, en buena parte, quienes me quieren la conocen y la soportan tambien. Lo curioso es lo que me veo decir de mi mismo. Lo que me permito escupir y que luego, en un redoble por demas narcisista, leo y leo hasta que me convenzo de que soy una caricatura de cierto mi mismo que no conozco realmente. Eso es lo que me sorprende: que, sin sentirme mejor o peor por ello, me doy cuenta que soy muchas cosas muchas veces, y al mismo tiempo, una cosa cada vez. Soy necio, si, tengo inscritas algunas muchas certezas pendejas como el izquierdismo, la cursileria, el terror, la desesperanza, la mamoneria, la verbalidad, el abuso del idioma, el desamparo frente a lo real, etcetera, si, las tengo; pero tambien opera en mi otra forma de mirar el mundo. Una que tiene que ver con todas esas certezas pero que lo unico que consigue es dejarme incierto. Una de la que me cuelgo en intervalos diminutos de tiempo, y que rige gran parte de mi deambular fantasmagorico por la vida. Una que no es mas que la duda perpetua empaquetada por el hijo de puta de Descartes, y luego reprocesada por decenas de brillantes hijos de puta existencialistas, racionalistas, idealistas, fanaticos y un sinfin mas de contrarios coincidentes que solo logran hacerme sentir lo que ya dijo el primero de estos grandes cabrones sin rumbo: Y es que yo solo se que no se una chingada.
Y aun asi, me atrevo a hablar de mi. Aun asi, persisto. Aun asi, no me atreveria al suicidio o a la sobajacion voluntaria de mi mismo. Aun asi, con toda esa falta de fe, aun creo en el amor. Como buen habitante del caos globalizado, como buen superviviente del tsunami de la informacion, como buen pretexto para la debilidad, me permito creer. En el amor. Donde quiera que este. Dentro o fuera. Como un billete de 3 o de 3000 dolares, tirado en el piso de algun palacio morisco que aun no conozco. O como una nueva certeza, dentro de mi pero cerca de alguien. Alguien que aun no conozco. Como a mi. Como a esa certeza. Como al palacio morisco. Como a esa chingada chingada.
Y me asusta, con una dulzura terrorifica, que esa esperanza perviva con semejante permanencia. Pero es permanencia voluntaria. Ya conozco el final de la pelicula: Ahora quiero ver el principio.
Salud.
Si, es mi culpa por siquiera estar ahi. Yo me lo busque, podria decirse, por andar pendejeando en semejante plataforma tecnologica entregada a la estupidizacion mas insulsa del deseo y la seduccion. No tengo derecho a quejarme, no solo del sitio mismo, sino de mi asuncion de ese supuesto "deber" de llenar una forma electronica en la que resumo quien demonios soy y cuantas bobadas soy capaz de decir. Tomo ese infalible argumento como un "hombre" (en el sentido humano) y no me regodeare en las circunstancias atenuantes que conciernen a la hueva que tenia esa noche, las ganas de no quedarme callado, o el propio reto que me significa preguntarme honestamente quien chingados soy o que demonios quiero inventar sobre mi mismo. Lo hice, lo dije, lo fui. Y ahora esas pavadas siguen ahi, mientras yo me cuestiono ironicamente la estupidez de mi estupidez, o sea, la metaestupidez que puede llegar a regir mis actos en una madrugada de ocio y preguntas personales.
Lo curioso no es mi neurosis. Esa ya la conozco, y, en buena parte, quienes me quieren la conocen y la soportan tambien. Lo curioso es lo que me veo decir de mi mismo. Lo que me permito escupir y que luego, en un redoble por demas narcisista, leo y leo hasta que me convenzo de que soy una caricatura de cierto mi mismo que no conozco realmente. Eso es lo que me sorprende: que, sin sentirme mejor o peor por ello, me doy cuenta que soy muchas cosas muchas veces, y al mismo tiempo, una cosa cada vez. Soy necio, si, tengo inscritas algunas muchas certezas pendejas como el izquierdismo, la cursileria, el terror, la desesperanza, la mamoneria, la verbalidad, el abuso del idioma, el desamparo frente a lo real, etcetera, si, las tengo; pero tambien opera en mi otra forma de mirar el mundo. Una que tiene que ver con todas esas certezas pero que lo unico que consigue es dejarme incierto. Una de la que me cuelgo en intervalos diminutos de tiempo, y que rige gran parte de mi deambular fantasmagorico por la vida. Una que no es mas que la duda perpetua empaquetada por el hijo de puta de Descartes, y luego reprocesada por decenas de brillantes hijos de puta existencialistas, racionalistas, idealistas, fanaticos y un sinfin mas de contrarios coincidentes que solo logran hacerme sentir lo que ya dijo el primero de estos grandes cabrones sin rumbo: Y es que yo solo se que no se una chingada.
Y aun asi, me atrevo a hablar de mi. Aun asi, persisto. Aun asi, no me atreveria al suicidio o a la sobajacion voluntaria de mi mismo. Aun asi, con toda esa falta de fe, aun creo en el amor. Como buen habitante del caos globalizado, como buen superviviente del tsunami de la informacion, como buen pretexto para la debilidad, me permito creer. En el amor. Donde quiera que este. Dentro o fuera. Como un billete de 3 o de 3000 dolares, tirado en el piso de algun palacio morisco que aun no conozco. O como una nueva certeza, dentro de mi pero cerca de alguien. Alguien que aun no conozco. Como a mi. Como a esa certeza. Como al palacio morisco. Como a esa chingada chingada.
Y me asusta, con una dulzura terrorifica, que esa esperanza perviva con semejante permanencia. Pero es permanencia voluntaria. Ya conozco el final de la pelicula: Ahora quiero ver el principio.
Salud.
abril 23, 2007
Porque en realidad, para la iglesia, todos los niños son MUY deseados...
Ni hablar de las sociedades patriarcales, del poder de la televisión, del machismo y la vuelta a la inquisición. Ni hablar de México como un país retrógrada, oscuro y oscurantista, de antorchas y cristeros, de ignorantes y manipuladores que hoy salen por docenas a la calle a tratar de quemar ideas ( aunque como dice la canción, menos mal que los fusiles no asesinan las palabras...).
***
Ni hablar de los caricaturistas que comparan la despenalización del aborto con la era del terror de Robespierre (a.k.a. el patético de Paco Calderón). Ni hablar de las señoras con mucho tiempo libre, vestidas de blanco y acompañadas por su séquito de trabajadoras domésticas, acudiendo a marchar en favor "de la vida". Mientras más experimento vivir en este país, más se me antoja ser una mancha de óleo o de mugre en alguna pintura violenta de Jackson Pollock.
***
El ajedrez estuvo fantástico. Aguascalientes no tanto. Hordas de mujeres preciosas, o por lo menos más guapas que el promedio nacional -por mucho- pero que no miran a los ojos. Es raro ver mujeres tan guapas con pudor de mirar a los ojos. Y esa escasez de hombres. No me sorprende que falten varones en ese pequeño pueblito (porque eso es lo que es, en realidad), si casi 4 millones, de acuerdo a las últimas cifras, se fueron a Estados Unidos durante el sexenio foxista. Eso sí, Aguascalientes, como buen estado del bajío mexicano, sigue creyendo en la iglesia católica y sus cristerías manipulatorias. Sigue votando por la derecha medieval de México y sigue contento de mantener solas, aburridas y desamparadamente guapas a sus mujeres. Y ellas, contentas por no conocer mejor, van por la calle del brazo de sus madres, cuando son pequeñas, o cargando hijos apenas cumplen los 18 años. Me quedo con el ajedrez.
***
Y es que, en México, es ese el punto. La derecha que se ostenta como una facción política con visión "moderna" no es más que una cortina de humo para el cobijo clerical de los otrora conservadores y antijuaristas. Es curioso como, en apenas un siglo y medio, liberales y conservadores forman parte de las mismas filas y ni siquiera les importa o se percatan de ello. Los curas marchan por las calles de México. Los curas marchan por las calles de Reforma, llevando -encadenadas a su grisaciedad- a cientos de monjas que sólo sirven para atenderlos. Los curas marchan por reforma junto a las señoras de sociedad, cuyas sobrinas, hijas o hasta ellas mismas se han practicado un aborto en alguno de los "mejores" hospitales del país, o incluso en Houston o Los Angeles, so pretexto de ir de shopping a los "esteits". Los curas marchan empuñando sus antorchas ideológicas medievales, incapaces de entender que el neocórtex de un embrión no se desarrolla hasta después de la doceava semana de gestación y que -por ende- no tiene conciencia de ser ni siente dolor, o ninguna otra cosa, para esos efectos.
Los curas de México marchan una tras otra las esquinas de Reforma, calle principal de la capital, y en esos semáforos hay un niño. No, hay docenas. No, hay cientos. Cientos de niños cubiertos en mugre. Niños producto de violaciones callejeras, madres que les abandonan, padres pobres, niños que viven en la calle, hacinados, vendiendo chicles o haciendo jueguitos con un culo enorme hecho con un par de globos descomunales, y una máscara de Salinas, Fox y hasta el Peje, en el cruce peatonal, por un par de monedas. Niños muy deseados. Niños con mucha vida. Con una VIDA fenomenal. Niños que quizás deban quitarse esos globos de encima del culo y habrán de vender, pronto, el verdadero. Todo por un pedazo de pan, un poco de resistol, algo de aguarrás. Niños muy deseados -sí- pero por los curas.
***
En México se realizan cientos de miles de abortos por año. Muchos de ellos ocurren bajo extorsión médica, en clínicas clandestinas o en consultorios de primer nivel, pero siempre con la presión y el miedo inherentes al procedimiento, todos ellos volcados sobre la mujer que muchas veces resulta una pequeña niña o adolescente que tuvo una relación sexual sin protección -por falta de información, o por exceso de calentura, o por que tuvo la desgracia de meterse con un hijo de puta, o porque la violaron en su propia casa, o en su propia escuela- o una mujer mayor, o una mujer de mediana edad, pero SIEMPRE, SIEMPRE, una MUJER. Nunca un cura, nunca un violador, nunca un pederasta. Siempre una mujer y siempre el miedo. Siempre la preocupación, siempre la tragedia personal, porque, contrario a lo que piensan los muchachos de PROVIDA y su huestes de la estupidez, las mujeres que abortan no van a estos lugares con una sonrisa y salen brincando de gusto. Es siempre una tragedia personal la que acompaña un aborto, y a las mujeres que lo padecen suele tomarles tiempo el superar las otras secuelas. Aun cuando se trate de un aborto necesario médicamente, no suele serles fácil ni conozco una sola que lo considere como un práctico método anticonceptivo. Alguien debe entender que es muy caro y doloroso en comparación con el resto y que ninguna mujer es tan estúpida para considerarlo deseable o -vaya- siquiera práctico.
***
Asi que el que sean los hombres quienes deban decidir u opinar me resulta más y más curioso. Yo lo hago sencillamente porque detesto a Jorge Serrano Limón y su hipocresía, a Provida y su triple moral, y -finalmente- a la iglesia católica y su invariable necesidad de meter las manos donde no le corresponde. ¿Qué autoridad moral tienen los curas, los obispos y los cardenales para opinar sobre sexualidad, cuando las pruebas y la historia nos demuestran que no sólo no saben del tema, sino que parecen tener muchos problemas enfrentándolo? ¿Qué autoridad tienen los curas para hablar de su amor por la "vida" mientras se comen un pedazo de vaca MUERTA? ¿Y la vida de las mujeres que deben abortar, no importa? ¿Y la vida de los niños que no tienen para comer, no importa tampoco? Su concepto de vida es tan restringido como su sinápsis neuronal. Vida es sólo la humana y -de entre esta- la de sus feligreses. Toda la demás "vida" puede obviarse o considerarse "daño colateral".
***
Si la vida se tratara nada más de vivirla. La vida es una palabra muy grande para describir un proceso que suele ser por demás largo. Pero no, no es sólo cuestión de vivirla o sobrevivirla. La vida, y el respeto a ella, tiene también que ver con las condiciones en las que la gente puede transitar en ella. Y la iglesia, con su noción de pecado, y el estado neoclerical-liberaloide en el que vivimos, con su discreto pero sostenido apoyo a la iglesia y sus fundaciones promotoras de la pobreza y la ignorancia perpetua, no están ayudando ninguno a que la vida de sus huestes sea mejor. En el caso de la Iglesia, me importa un rábano. Soy un feliz satánico agnóstico olvidado de Dios y mi única capilla son los abrazos de la gente que quiero y de las mujeres que me han entregado su corazón o su cuerpo. En el caso del gobierno, debe importarme, pues -por desgracia- sí tiene injerencia en los límites a los que se supedita mi actividad privada y pública. y por ello me permito escupir en su falta de integridad, secularidad y objetividad pública. Si la Iglesia prohibe el aborto, que sus feligreses la atiendan. El resto de nosotros debemos tener resguardado el derecho a discrepar. Y las mujeres, por sobre todos los varones que opinamos por motivos políticos o sentimentales, son las que deben poder decidir sobre el destino de su cuerpo, pues una célula no tiene conciencia de ser. Ni tampoco muchas. Un dedo no decide. Un embrión no tiene conciencia de ser hasta la duodécima semana, y admitir lo contrario es casi como decir que un hombre en estado vegetativo, dentro del cuerpo de su madre, merece ser mantenido vivo por el capricho de los demás.
***
Finalmente, el terror. El terror en la televisión, en la calle, en todas partes. Siguiendo la clara línea que llevan manejando desde hace un par de años, los mochos y los cristeros en el poder corporativo y político han abarrotado las calles con sus mensajes de miedo. Los violadores tienen derecho a ser padres. Los niños tienen derecho a vivir una vida miserable. Las mujeres tienen derecho a morirse por un aborto mal practicado, mientras sus hijas se los practican a sus espaldas o a sabiendas en algún hospital de Miami. Terror puro. Y tras el terror, el chantaje. Y tras el chantaje, el gran imbécil de Chespirito, profundo ideólogo del Panismo contemporáneo, y su mujer (ex-amante) Florinda Meza. Y lo más deprimente, pensar que estos anuncios televisivos pueden tener una repercusión (como ya se sabe) en la mente de los mismos ignorantes que ha formado el estado mexicano durante décadas. La gente que no recuerda a Gómez Bolaños (Chespirito) y las andanzas sexuales que tuvo -adúlteramente- con Florinda Meza durante años. Y cómo dejó botada a su mujer y sus sepetecientos mil hijos. Y cómo todo eso nos importa un pito, igual que su opinión sobre el aborto y las buenas costumbres, y más aún, la política nacional. Chespirito, el ideólogo de Felipillo, es -trágicamente- el verdadero presidente de México.
¿Y ahora, quién podrá ayudarnos?
***
Hay que proteger a los inocentes. Hay que dejarlos impolutos. Tienen que vivir cuando menos 5 o 6 años y mantener la carne firme y fuerte. Pues es cuando más los desean estos, nuestros queridos curas.
***
Ni hablar de los caricaturistas que comparan la despenalización del aborto con la era del terror de Robespierre (a.k.a. el patético de Paco Calderón). Ni hablar de las señoras con mucho tiempo libre, vestidas de blanco y acompañadas por su séquito de trabajadoras domésticas, acudiendo a marchar en favor "de la vida". Mientras más experimento vivir en este país, más se me antoja ser una mancha de óleo o de mugre en alguna pintura violenta de Jackson Pollock.
***
El ajedrez estuvo fantástico. Aguascalientes no tanto. Hordas de mujeres preciosas, o por lo menos más guapas que el promedio nacional -por mucho- pero que no miran a los ojos. Es raro ver mujeres tan guapas con pudor de mirar a los ojos. Y esa escasez de hombres. No me sorprende que falten varones en ese pequeño pueblito (porque eso es lo que es, en realidad), si casi 4 millones, de acuerdo a las últimas cifras, se fueron a Estados Unidos durante el sexenio foxista. Eso sí, Aguascalientes, como buen estado del bajío mexicano, sigue creyendo en la iglesia católica y sus cristerías manipulatorias. Sigue votando por la derecha medieval de México y sigue contento de mantener solas, aburridas y desamparadamente guapas a sus mujeres. Y ellas, contentas por no conocer mejor, van por la calle del brazo de sus madres, cuando son pequeñas, o cargando hijos apenas cumplen los 18 años. Me quedo con el ajedrez.
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Y es que, en México, es ese el punto. La derecha que se ostenta como una facción política con visión "moderna" no es más que una cortina de humo para el cobijo clerical de los otrora conservadores y antijuaristas. Es curioso como, en apenas un siglo y medio, liberales y conservadores forman parte de las mismas filas y ni siquiera les importa o se percatan de ello. Los curas marchan por las calles de México. Los curas marchan por las calles de Reforma, llevando -encadenadas a su grisaciedad- a cientos de monjas que sólo sirven para atenderlos. Los curas marchan por reforma junto a las señoras de sociedad, cuyas sobrinas, hijas o hasta ellas mismas se han practicado un aborto en alguno de los "mejores" hospitales del país, o incluso en Houston o Los Angeles, so pretexto de ir de shopping a los "esteits". Los curas marchan empuñando sus antorchas ideológicas medievales, incapaces de entender que el neocórtex de un embrión no se desarrolla hasta después de la doceava semana de gestación y que -por ende- no tiene conciencia de ser ni siente dolor, o ninguna otra cosa, para esos efectos.
Los curas de México marchan una tras otra las esquinas de Reforma, calle principal de la capital, y en esos semáforos hay un niño. No, hay docenas. No, hay cientos. Cientos de niños cubiertos en mugre. Niños producto de violaciones callejeras, madres que les abandonan, padres pobres, niños que viven en la calle, hacinados, vendiendo chicles o haciendo jueguitos con un culo enorme hecho con un par de globos descomunales, y una máscara de Salinas, Fox y hasta el Peje, en el cruce peatonal, por un par de monedas. Niños muy deseados. Niños con mucha vida. Con una VIDA fenomenal. Niños que quizás deban quitarse esos globos de encima del culo y habrán de vender, pronto, el verdadero. Todo por un pedazo de pan, un poco de resistol, algo de aguarrás. Niños muy deseados -sí- pero por los curas.
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En México se realizan cientos de miles de abortos por año. Muchos de ellos ocurren bajo extorsión médica, en clínicas clandestinas o en consultorios de primer nivel, pero siempre con la presión y el miedo inherentes al procedimiento, todos ellos volcados sobre la mujer que muchas veces resulta una pequeña niña o adolescente que tuvo una relación sexual sin protección -por falta de información, o por exceso de calentura, o por que tuvo la desgracia de meterse con un hijo de puta, o porque la violaron en su propia casa, o en su propia escuela- o una mujer mayor, o una mujer de mediana edad, pero SIEMPRE, SIEMPRE, una MUJER. Nunca un cura, nunca un violador, nunca un pederasta. Siempre una mujer y siempre el miedo. Siempre la preocupación, siempre la tragedia personal, porque, contrario a lo que piensan los muchachos de PROVIDA y su huestes de la estupidez, las mujeres que abortan no van a estos lugares con una sonrisa y salen brincando de gusto. Es siempre una tragedia personal la que acompaña un aborto, y a las mujeres que lo padecen suele tomarles tiempo el superar las otras secuelas. Aun cuando se trate de un aborto necesario médicamente, no suele serles fácil ni conozco una sola que lo considere como un práctico método anticonceptivo. Alguien debe entender que es muy caro y doloroso en comparación con el resto y que ninguna mujer es tan estúpida para considerarlo deseable o -vaya- siquiera práctico.
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Asi que el que sean los hombres quienes deban decidir u opinar me resulta más y más curioso. Yo lo hago sencillamente porque detesto a Jorge Serrano Limón y su hipocresía, a Provida y su triple moral, y -finalmente- a la iglesia católica y su invariable necesidad de meter las manos donde no le corresponde. ¿Qué autoridad moral tienen los curas, los obispos y los cardenales para opinar sobre sexualidad, cuando las pruebas y la historia nos demuestran que no sólo no saben del tema, sino que parecen tener muchos problemas enfrentándolo? ¿Qué autoridad tienen los curas para hablar de su amor por la "vida" mientras se comen un pedazo de vaca MUERTA? ¿Y la vida de las mujeres que deben abortar, no importa? ¿Y la vida de los niños que no tienen para comer, no importa tampoco? Su concepto de vida es tan restringido como su sinápsis neuronal. Vida es sólo la humana y -de entre esta- la de sus feligreses. Toda la demás "vida" puede obviarse o considerarse "daño colateral".
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Si la vida se tratara nada más de vivirla. La vida es una palabra muy grande para describir un proceso que suele ser por demás largo. Pero no, no es sólo cuestión de vivirla o sobrevivirla. La vida, y el respeto a ella, tiene también que ver con las condiciones en las que la gente puede transitar en ella. Y la iglesia, con su noción de pecado, y el estado neoclerical-liberaloide en el que vivimos, con su discreto pero sostenido apoyo a la iglesia y sus fundaciones promotoras de la pobreza y la ignorancia perpetua, no están ayudando ninguno a que la vida de sus huestes sea mejor. En el caso de la Iglesia, me importa un rábano. Soy un feliz satánico agnóstico olvidado de Dios y mi única capilla son los abrazos de la gente que quiero y de las mujeres que me han entregado su corazón o su cuerpo. En el caso del gobierno, debe importarme, pues -por desgracia- sí tiene injerencia en los límites a los que se supedita mi actividad privada y pública. y por ello me permito escupir en su falta de integridad, secularidad y objetividad pública. Si la Iglesia prohibe el aborto, que sus feligreses la atiendan. El resto de nosotros debemos tener resguardado el derecho a discrepar. Y las mujeres, por sobre todos los varones que opinamos por motivos políticos o sentimentales, son las que deben poder decidir sobre el destino de su cuerpo, pues una célula no tiene conciencia de ser. Ni tampoco muchas. Un dedo no decide. Un embrión no tiene conciencia de ser hasta la duodécima semana, y admitir lo contrario es casi como decir que un hombre en estado vegetativo, dentro del cuerpo de su madre, merece ser mantenido vivo por el capricho de los demás.
***
Finalmente, el terror. El terror en la televisión, en la calle, en todas partes. Siguiendo la clara línea que llevan manejando desde hace un par de años, los mochos y los cristeros en el poder corporativo y político han abarrotado las calles con sus mensajes de miedo. Los violadores tienen derecho a ser padres. Los niños tienen derecho a vivir una vida miserable. Las mujeres tienen derecho a morirse por un aborto mal practicado, mientras sus hijas se los practican a sus espaldas o a sabiendas en algún hospital de Miami. Terror puro. Y tras el terror, el chantaje. Y tras el chantaje, el gran imbécil de Chespirito, profundo ideólogo del Panismo contemporáneo, y su mujer (ex-amante) Florinda Meza. Y lo más deprimente, pensar que estos anuncios televisivos pueden tener una repercusión (como ya se sabe) en la mente de los mismos ignorantes que ha formado el estado mexicano durante décadas. La gente que no recuerda a Gómez Bolaños (Chespirito) y las andanzas sexuales que tuvo -adúlteramente- con Florinda Meza durante años. Y cómo dejó botada a su mujer y sus sepetecientos mil hijos. Y cómo todo eso nos importa un pito, igual que su opinión sobre el aborto y las buenas costumbres, y más aún, la política nacional. Chespirito, el ideólogo de Felipillo, es -trágicamente- el verdadero presidente de México.
¿Y ahora, quién podrá ayudarnos?
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Hay que proteger a los inocentes. Hay que dejarlos impolutos. Tienen que vivir cuando menos 5 o 6 años y mantener la carne firme y fuerte. Pues es cuando más los desean estos, nuestros queridos curas.
abril 04, 2007
Atento aviso
El usuario de este blog, "pendejo alucinado" para unos, "ser pensante" para otros, pero en el fondo únicamente interesado en su autocomplacencia, se retira unos días a jugar ajedrez a las tierras cálidas de Aguascalientes.
Pero ya regresará a seguir cosechando bilis y una que otra sonrisita.
Ah, y les dice, a quienes les interese, que ¡Salud!
Pero ya regresará a seguir cosechando bilis y una que otra sonrisita.
Ah, y les dice, a quienes les interese, que ¡Salud!
marzo 28, 2007
Ermitaniedades
Sí. Estoy en reclusión voluntaria. Mirando por la ventana, como si esperara algo. Tratando de transitar hacia cierta tranquilidad perdida. En recuentos electorales caseros y autoinflingidos. Gozando, a ratos, de la calma. La soledad. El extraño recomienzo.
***
Reparo un segundo en lo cierto que resulta pensar en la vida occidental como un cuarto que se encoge y se encoge con cada decisión. Es como la caja del mimo, en la que cada gesto de reconocimiento del arlequín va empequeñeciendo su mundo. Cada gesto es una decisión. Y la vida nos pide cientos, a diario. Y de cuando en cuando, nos pide algunas importantes. Y entonces me abrazo a ciertas doctrinas, con todo y mi desdén por la certeza, considero ciertísimo ese asunto de no decidir. Y prefiero dejar que las decisiones se tomen a sí mismas lo más posible y abandonar la idea de que el deseo occidentalizado es sano. Ya no quiero hacer más pequeña mi jaula. Por el contrario, quisiera empuñar un bat imaginario y escapar de la caja de cristal imaginario, cuidándome de las heridas imaginarias, descalzo -sí- pero seguro de mi inseguridad.
***
Estoy escribiendo un libro. Es un libro raro. Un libro que no decide ni se decide a sí mismo. Comenzó como fragmentos y continua fragmentario. No pretende la unidad ni la coherencia. Sólo le interesa ensanchar un poquito mi celda y vomitar -literariamente- todo lo que no puedo vomitar mientras camino por la calle.
No huele mal, por el momento. Y cada vez se hace más grande, como mi jaula. Aunque sea en los "burdos" territorios de lo imaginario.
***
Y confirmo y reconfirmo y reconozco y ya no reniego de mi fascinación por las mujeres y la capacidad que tienen para delimitar los perímetros de mi mundo. Lo mucho que me alimenta lo femenino, con todo y su implacable incoherencia esencial expresada en esos cambios de humor, o en esos caprichos de temporada que tanto mal-inspiran a los publicistas.
Adoro la complejidad de cada mujer que conozco. Valoro profundamente los últimos ocho años de mi vida, y que han sido nada más y nada menos que los años en los que he conocido a las mujeres sin el sesgo materno o enfermo de las relaciones codependientes. Ahora las mujeres son un paisaje, un cuadro expresionista, un ser intuible pero no adivinable. Un placer tanto como un castigo, pero siempre por las buenas. Aunque todo salga mal.
***
Y me extraña muchísimo pensar cómo considero equivocadas tantas teorías psicológicas, psicoanalíticas o cientificistas en las que los hombres se ubican en el hemisferio racional y discursivo y las mujeres en el emocional y creativo.
¿Qué no resulta obvio que semejante abismo es una falacia? Los hombres, incluyéndome, y muy a pesar de su inclinación por el lenguaje, el choro y los cuentitos, resultan ser muy proclives al neandertalismo. Unga-unga, tengo hambre, unga-unga, quiero sexo, unga-unga, tengo frío. Y de ahí parte su construcción racional para obtener lo que quieren. Las mujeres, por el contrario, llevan en la mente infinidad de historias, infinidad de poemas que aun no han leído, infinidad de sensaciones (tan amplias como complejos son sus orgasmos) y de ahí es que parten hacia sus danzas, sus guiños, o esas sutiles señales que buscan las palabras (o las mordidas) que las lleven hacia esa iluminación momentánea. Ellas son el director en busca de guionista, y no viceversa. (Una noche con una mujer que ha sobrevivido su terror primigenio puede comprobarlo.)
¿Así que quién es el cavernícola y quién el puente hacia la evolución? La respuesta es fácil, con todo y lo que duele asumir el matriarcado, juar.
***
Y el dinero, el puto dinero. A mí, toda esta historia sobre el dinero sólo me reconfirma que dios no existe. Gracias al dinero (o a su escasez) es que me doy cuenta que el "don señor barbitas blancas, montado sobre esa judeocristiomusulmana nube en el cielo" es nomás una chaquetita mental creada por y para los débiles.
¿Por qué? Porque si don barbitas blancas existiera sabría lo maravillosos que son casi todos mis amigos. Y sabría de mí o de muchos de esos amigos. Y sabría que una brizna de la lotería, el melate, el lotto o el éxito económico garrafal significaría que la vida de todos esos seres con genuinos deseos cambiaría mucho, si a cuando menos uno de nosotros lo inscribiese en esa lista. Así que gracias, dios, por crear al hombre que creó al dios que creó al hombre que creó el dinero que creó al hambriento de dios y de dinero que, al final del día, no cree en ninguno de los dos.
Aunque tal vez sólo haga falta escribirlo (a falta de rezos inútiles) Venga el nuevo papanuestro:
"Oye, pendejo, señor don Dios, Don Pendejo: ¿Qué no te das cuenta? Mándanos el melate del domingo y, aunque fuera el premio más mierda de todos, ya sabríamos qué hacer con él. Te prometemos que nadie se irá corriendo con el botín, ni se lo quedará para sentirse un Mister Scrooge deseoso de poder. Lo repartiremos entre todos los que tenemos deseos genuinos (a pesar de procurar no desear mucho) y haremos maravillas con el presupuesto. No te preocupes: Pagaremos impuestos. Nos mantendremos lejos del estupro y la pedofilia. Descansaremos un tiempo, sí. Pero luego construiremos un enorme laberinto de galletitas (cada quien su sabor favorito), y -para que no digas nada- te lo dedicaremos a ti. ¿Cómo ves?"
Vamos: Un Olimpo de galletitas a nadie se le niega.
Gracias.
***
Mientras, como no creo en dios, solamente me congratulo del azar y/o de mis pobres decisiones. Me encanta lo mismo que me angustia estar aquí, así, sin haber escrito nada en el escaparate de mis pensamientos (el blog), pero feliz por todo lo demás que ocurre. Adoro a mis amigos (pocos), a mis amigas (muchas) y a mis examores (muchas...menos). Y adoro poderlos encontrar a todos en un momento del espacio-tiempo, léase una fiesta de cumpleaños o un aleatorio encuentro sobre los campos de batalla de nuestro bar favorito. Adoro adorarlos, tanto como desprecio el verbo adorar al que tanto recurro (igual que al numeral "tanto"). Pero es que adoro reconocer nuestra colectiva fragilidad y nuestra perpetua necesidad de respuestas. Adoro los mínimos conflictos en los que nadamos mismos que creemos tan máximos.
Y al final, adoro como los días suceden uno a uno, hora a hora, de quince en quince minutos, de mirada en mirada y de palabra en palabra, y cómo, aunque pocos lo piensen, todos lo saben: No nos queda otro recurso mas que el de ocurrir. Discurrir, abrazarnos, llorar si es preciso, bailar si todo va bien (aunque algunos no sepamos cómo), escapar poco a poco de nuestro momento de catarsis y llegar hasta donde nos toque dormir.
***
Curioso es hablar de ermitaniedades en conjunto. Así es el mundo ahora: Una bolsa de solitarios que se descubren y se reconocen en el fondo del costal. Luego -algunos- simplemente se toman de la mano a pesar de la cursilería, y transitan juntos. Y luego se van a dormir, solos aún si acompañados. Como cuando mueren.
Dispuestos a ocurrir dentro de todo lo que prosiga, para luego proseguir. Para poderlo.
***
Amigos míos: Somos una manada feliz de pertenecerse entre sí. Aunque a veces no lo sepamos.
***
Salud!
***
Reparo un segundo en lo cierto que resulta pensar en la vida occidental como un cuarto que se encoge y se encoge con cada decisión. Es como la caja del mimo, en la que cada gesto de reconocimiento del arlequín va empequeñeciendo su mundo. Cada gesto es una decisión. Y la vida nos pide cientos, a diario. Y de cuando en cuando, nos pide algunas importantes. Y entonces me abrazo a ciertas doctrinas, con todo y mi desdén por la certeza, considero ciertísimo ese asunto de no decidir. Y prefiero dejar que las decisiones se tomen a sí mismas lo más posible y abandonar la idea de que el deseo occidentalizado es sano. Ya no quiero hacer más pequeña mi jaula. Por el contrario, quisiera empuñar un bat imaginario y escapar de la caja de cristal imaginario, cuidándome de las heridas imaginarias, descalzo -sí- pero seguro de mi inseguridad.
***
Estoy escribiendo un libro. Es un libro raro. Un libro que no decide ni se decide a sí mismo. Comenzó como fragmentos y continua fragmentario. No pretende la unidad ni la coherencia. Sólo le interesa ensanchar un poquito mi celda y vomitar -literariamente- todo lo que no puedo vomitar mientras camino por la calle.
No huele mal, por el momento. Y cada vez se hace más grande, como mi jaula. Aunque sea en los "burdos" territorios de lo imaginario.
***
Y confirmo y reconfirmo y reconozco y ya no reniego de mi fascinación por las mujeres y la capacidad que tienen para delimitar los perímetros de mi mundo. Lo mucho que me alimenta lo femenino, con todo y su implacable incoherencia esencial expresada en esos cambios de humor, o en esos caprichos de temporada que tanto mal-inspiran a los publicistas.
Adoro la complejidad de cada mujer que conozco. Valoro profundamente los últimos ocho años de mi vida, y que han sido nada más y nada menos que los años en los que he conocido a las mujeres sin el sesgo materno o enfermo de las relaciones codependientes. Ahora las mujeres son un paisaje, un cuadro expresionista, un ser intuible pero no adivinable. Un placer tanto como un castigo, pero siempre por las buenas. Aunque todo salga mal.
***
Y me extraña muchísimo pensar cómo considero equivocadas tantas teorías psicológicas, psicoanalíticas o cientificistas en las que los hombres se ubican en el hemisferio racional y discursivo y las mujeres en el emocional y creativo.
¿Qué no resulta obvio que semejante abismo es una falacia? Los hombres, incluyéndome, y muy a pesar de su inclinación por el lenguaje, el choro y los cuentitos, resultan ser muy proclives al neandertalismo. Unga-unga, tengo hambre, unga-unga, quiero sexo, unga-unga, tengo frío. Y de ahí parte su construcción racional para obtener lo que quieren. Las mujeres, por el contrario, llevan en la mente infinidad de historias, infinidad de poemas que aun no han leído, infinidad de sensaciones (tan amplias como complejos son sus orgasmos) y de ahí es que parten hacia sus danzas, sus guiños, o esas sutiles señales que buscan las palabras (o las mordidas) que las lleven hacia esa iluminación momentánea. Ellas son el director en busca de guionista, y no viceversa. (Una noche con una mujer que ha sobrevivido su terror primigenio puede comprobarlo.)
¿Así que quién es el cavernícola y quién el puente hacia la evolución? La respuesta es fácil, con todo y lo que duele asumir el matriarcado, juar.
***
Y el dinero, el puto dinero. A mí, toda esta historia sobre el dinero sólo me reconfirma que dios no existe. Gracias al dinero (o a su escasez) es que me doy cuenta que el "don señor barbitas blancas, montado sobre esa judeocristiomusulmana nube en el cielo" es nomás una chaquetita mental creada por y para los débiles.
¿Por qué? Porque si don barbitas blancas existiera sabría lo maravillosos que son casi todos mis amigos. Y sabría de mí o de muchos de esos amigos. Y sabría que una brizna de la lotería, el melate, el lotto o el éxito económico garrafal significaría que la vida de todos esos seres con genuinos deseos cambiaría mucho, si a cuando menos uno de nosotros lo inscribiese en esa lista. Así que gracias, dios, por crear al hombre que creó al dios que creó al hombre que creó el dinero que creó al hambriento de dios y de dinero que, al final del día, no cree en ninguno de los dos.
Aunque tal vez sólo haga falta escribirlo (a falta de rezos inútiles) Venga el nuevo papanuestro:
"Oye, pendejo, señor don Dios, Don Pendejo: ¿Qué no te das cuenta? Mándanos el melate del domingo y, aunque fuera el premio más mierda de todos, ya sabríamos qué hacer con él. Te prometemos que nadie se irá corriendo con el botín, ni se lo quedará para sentirse un Mister Scrooge deseoso de poder. Lo repartiremos entre todos los que tenemos deseos genuinos (a pesar de procurar no desear mucho) y haremos maravillas con el presupuesto. No te preocupes: Pagaremos impuestos. Nos mantendremos lejos del estupro y la pedofilia. Descansaremos un tiempo, sí. Pero luego construiremos un enorme laberinto de galletitas (cada quien su sabor favorito), y -para que no digas nada- te lo dedicaremos a ti. ¿Cómo ves?"
Vamos: Un Olimpo de galletitas a nadie se le niega.
Gracias.
***
Mientras, como no creo en dios, solamente me congratulo del azar y/o de mis pobres decisiones. Me encanta lo mismo que me angustia estar aquí, así, sin haber escrito nada en el escaparate de mis pensamientos (el blog), pero feliz por todo lo demás que ocurre. Adoro a mis amigos (pocos), a mis amigas (muchas) y a mis examores (muchas...menos). Y adoro poderlos encontrar a todos en un momento del espacio-tiempo, léase una fiesta de cumpleaños o un aleatorio encuentro sobre los campos de batalla de nuestro bar favorito. Adoro adorarlos, tanto como desprecio el verbo adorar al que tanto recurro (igual que al numeral "tanto"). Pero es que adoro reconocer nuestra colectiva fragilidad y nuestra perpetua necesidad de respuestas. Adoro los mínimos conflictos en los que nadamos mismos que creemos tan máximos.
Y al final, adoro como los días suceden uno a uno, hora a hora, de quince en quince minutos, de mirada en mirada y de palabra en palabra, y cómo, aunque pocos lo piensen, todos lo saben: No nos queda otro recurso mas que el de ocurrir. Discurrir, abrazarnos, llorar si es preciso, bailar si todo va bien (aunque algunos no sepamos cómo), escapar poco a poco de nuestro momento de catarsis y llegar hasta donde nos toque dormir.
***
Curioso es hablar de ermitaniedades en conjunto. Así es el mundo ahora: Una bolsa de solitarios que se descubren y se reconocen en el fondo del costal. Luego -algunos- simplemente se toman de la mano a pesar de la cursilería, y transitan juntos. Y luego se van a dormir, solos aún si acompañados. Como cuando mueren.
Dispuestos a ocurrir dentro de todo lo que prosiga, para luego proseguir. Para poderlo.
***
Amigos míos: Somos una manada feliz de pertenecerse entre sí. Aunque a veces no lo sepamos.
***
Salud!
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