La linea que separa a un valiente de un cobarde está trazada con cinismo.

junio 02, 2008

¿De qué lado masca (tabaco) Ebrard?

Post tomado de aquí


Puro caldo y nada de albóndigas.
En 2006 no tuve ningún reparo en admitir mis preferencias políticas. En primer lugar, porque siempre he sido de izquierda. Y a pesar de que mi particular punto de vista de la política nunca se ha visto representado -o identificado siquiera- con algún político de la izquierda mexicana, para mí siempre ha sido (y será) muy claro que a veces es más importante arrebatarle el poder a algunos que otorgárselo a otros. Y en este sentido, en 2006, para mí era privativo quitarle un cacho de poder a la oligarquía mafiosa y mocha que representan el PRI y el PAN, respectivamente, y optar por un proyecto de nación distinto y que -bien que mal- en ese momento, estaba más o menos bien ideado por el equipo que formaban AMLO y los intelectuales que le apoyaban.

Pero todos sabemos lo que pasó: Además de que AMLO resultó un mal contendiente, ahogado en la soberbia del que cree tener la razón, y de que desperdició así una gran ventaja estadística, también se cuenta el hecho de que hubo una elección sumamente sospechosa y truculenta, cuyas actas están por usarse como combustible para la caldera que calienta las albercas de Los Pinos, gracias a la enésima concertacesión del PRIAN.

C.E.O de México (y del Distrito Federal)
¿El resultado? Un nuevo y mejorado chairman a la cabeza del país (porque eso son los panistas, "directivos" o "ejecutivos" en oposición a estadistas y políticos), y un extraño ser, habitante de la condesa, y que gobierna la Ciudad de México con una vara que todavía nadie acaba de entender. Es así que mientras el buen Maquiavelipe Calderón y su vicepresidente ejecutivo junior, Ivancito el Facha, siguen mostrando sus enormes habilidades para hacerse de la vista gorda y de la cartera también, el peje es hoy un cadáver político sin muchas posibilidades de resurgir, y todo el moméntum ganado por la izquierda en 2006 se fue al caño.

Para colmo de males, en el combo por el que muchos votamos, nos quedamos sin hamburguesa y nos tocó el puro papafrita. Marcelito, el ubicuo, tiene algunas cualidades respetables: ha sido leal a su padrino político, Camacho Solís, que a su vez ahora le es muy leal a su apoderado político, AMLO, aunque un poco menos cada mes, dado que fue su pobrísima campaña política la que provocó su -nuevamente- fallido intento por acercarse a la presidencia de la república, esta vez desde la izquierda. Sin embargo, por conveniencias coyunturales, Marcelo hoy le sigue siendo leal a la pseudoizquierda que lo llevó a su primer puesto de elección popular, aunque su lealtad no sirva de mucho, puesto que sus maneras y posturas tienen una marca distintiva de su pasado salinista.

Marcelino, garro y vino.
No todo ha sido infame en su administración de la ciudad. Hay avances en seguridad pública y finalmente se han comenzado obras que tenían años en el olvido. Sin embargo, esto no es lo que debe ser prioritario para un gobierno de izquierda, como tampoco los son los túneles para Santa Fe, o las líneas de metrobús en rutas que nadie comprende y cuyas obras son más lentas que la bicicleta que usó Ebrard para ir a la chamba durante dos semanas. Marcelo debería aprender de lo mal que le fue a AMLO cuando trató de congraciarse con la clases media y alta de la ciudad de México. Con todo y que, cada mañana, una horda de panistas descerebrados se trepa al "pinchurriento" segundo piso desde la comodidad de sus colonias sureñas, Marcelito debería saber que mientras lo hacen, muchos de ellos hablan del "apestoso peje" y de su "carnal Marcelo" con la misma saña de siempre, y al mismo tiempo son felices de no tener semáforos en los que los "nacos" les pidan limosnas. Es más: desde allá arriba ni se ven.

Marcelito, por motivos que seguramente hasta él mismo desconoce, ha empujado leyes como la que hoy está de moda en todas las sobremesas: la sacrosanta ley de protección a los no fumadores. Es curiosísimo ver a retrasados mentales como Otto Sirgo o Diego Fernández de Cevallos, que sin pena ni gloria se atreven a vociferar contra la izquierda, como si fuera ésta la que hubiese generado la susodicha ley, y no un grupo de advenedizos pretenciosos que quieren sentirse en el primer mundo a través de una "atmósfera libre de humo". Es curiosísimo porque, finalmente, Otto y el "jefe" Diego demuestran su absoluto desdén por los demás y cómo es que les vale absolutamente madres el resto del mundo, siempre y cuando puedan fumar a placer. Y es curiosísimo también porque estamos en presencia de un increíble y absurdo intercambio de roles, como los que sólo México puede provocar. La izquierda promulgando leyes de derecha, y la derecha abogando por el libre albedrío (frente a aquello que le conviene, claro está).

¿Es o no es absurda (la ley)?
La finalidad, la esencia, el objetivo y el fundamento que sostiene a la leyantitabaco no es del todo descabellado. El Estado, estrictamente hablando, no debe favorecer conductas que pongan en riesgo la salud de muchos, y sin duda debe favorecer (en una visión de derecha) o incluso proveer (en una de izquierda) la salud a sus ciudadanos. Sin embargo, en México se dista mucho de tener un estado así, y ninguna autoridad, federal o local, tiene los recursos humanos, financieros o morales para encargarse de la salud pública. ¿A qué recurren entonces los gobiernos hipócritas? A leyes como la "antitabaco", sumamente publicitadas, mediáticas y, como decimos coloquialmente, totalmente "apantallapendejos".

Existen innumerables problemas en este y en todos los países, con los que los gobiernos prefieren no lidiar. En este país, por ejemplo, el 40% de la población vive en condiciones de pobreza, en ciudades sucias, desaliñadas y repletas de riesgos sanitarios. La industria nacional, escasamente regulada, suelta a la atmósfera mes con mes y año con año toneladas de partículas tóxicas. Las calles, en el DF y en prácticamente todo el país, están repletas de basura, heces humanas y de perro, ratas, cucarachas y un sinfín de hermosas plagas y contaminantes. ¿Por qué no lidiar con estos problemas antes que crear una ley diseñada para sociedades ligeramente más avanzadas que la nuestra? Porque no se tienen ni el dinero ni los tamaños para hacerlo. Porque no es mediáticamente provechoso limpiar las calles o poner en cintura a los industriales y sus fábricas, pero una ley como la antitabaco sí "reviste", sobre todo si la acompañas de unos bellos y ridículos stickers que, con una hojita de trebol al centro, rezan que estás en un lugar "100% libre de humo".

La realidad es que no lo estamos. Y lo molesto es pretender que sí. Pretender que la ley antitabaco realmente tiene un efecto positivo en la salud, mientras la industria, los automóviles no regulados y los de servicio público, siguen ensuciando el aire todos los días. Igual que los mantos acuíferos. Igual que todo lo contaminable.

La prioridad es farolear.
Y es que todo este asunto es una cuestión de prioridades. ¿Es prioridad del estado mexicano o del gobierno del D.F. lidiar con el tema del tabaco antes que, digamos, con la inseguridad o con los otros muchos tipos de contaminación que hay en la ciudad? A mi juicio, no. No hay ninguna estadística verificable que coloque al fumador pasivo como una prioridad de salud pública, y sí, por ejemplo, al cáncer cérvico uterino, al papiloma o a la diabetes. Y sin embargo, Marcelo y sus asambleístas, de un plumazo, dieron dos pasos adelante con la legalización del aborto, y diez atrás, con su remedo de ley antitabaco.

Quizás mi argumento sobre las prioridades no sea suficiente razón para cuestionar la validez de la ley. Quizás debiera acotar que el estado tampoco tiene el derecho de incidir sobre el libre albedrío de las personas, cuando se trata de productos que se comercializan legalmente y que forman parte de la industria establecida. Y es que, bajo la óptica de la ley antitabaco, el estado debería prohibir también que se vendieran hamburguesas en sitios públicos, y obligar a todos los restauranteros a vender, exclusivamente, comida macrobiótica u orgánica, dado que los pesticidas también son probados carcinógenos. Igualmente debería prohibir el consumo de frijoles, leguminosas y semillas, dado que los gases que generan contribuyen al calentamiento global. ¿O qué tal prohibir la emisión de contaminantes industriales en el valle de México? ¿O qué tal obligar a los pudientes a comprarse automóviles híbridos o a las fábricas a convertir a todos sus autos en híbridos? No. Un gobierno hipócrita no hace eso. Aunque, del mismo modo, el alcohol debería prohibirse definitivamente, dado que causa miles de accidentes vehiculares al día, y su venta en lugares públicas propicia riñas constantes e incluso crímenes y homicidios voluntarios e involuntarios.

Y entonces, al despertar, estaríamos viviendo en "Un Mundo Feliz". Porque la fantasía totalitaria de Huxley no era, como algunos piensan, un retrato de los peligros del comunismo, sino una profecía acerca de los peligros de engordar al Estado y sus atribuciones. Y aunque creo en un Estado responsable y con obligaciones para con sus ciudadanos, y creo que, en particular, el Estado mexicano le adeuda muchísimo a su pueblo y que, en algunos casos, los gobiernos de pseudoizquierda han resarcido algunas de esas deudas medianamente (privilegios a los ancianos, pensiones, apoyo escolar a las familias de bajos recursos, etcétera), me preocupa sobremanera el rumbo que Marcelo está tomando en los últimos tiempos, pues tiene todo los visos de ser mucho más un priísta que un hombre de izquierda, es decir, de derecha en la cartera y en la práctica y de izquierda en el hocico y a la hora de rendir pleitescías.

La bacha realidad.
Comprendo, acato y respeto la ley antitabaco porque creo en el derecho que los no-fumadores tienen a -qué irónico- respirar la menor cantidad de humo de tabaco posible. Humo que nosotros, los fumadores, producimos sin afán de dañar a nadie (ni siquiera, irónicamente, a nosotros mismos), pero que por cuestiones ajenas a nuestra voluntad, sí pueden provocar daño en quienes lo inhalan. Y por esa sencilla razón, es que habrá que respetarla. A pesar de ser una ley de primer mundo en un país de quinto. A pesar de estar pésimamente formalizada, tener una reglamentación ambigua y provocar riñas y segregación entre la gente.

Antier se informaba que Marcelo quiere ir contra los "2x1" y "Happy hours" de los bares. Esto no es sólo un atentado contra la libre empresa, sino una muestra más de la hipocresía con la que está llevando su administración. Esta "izquierda victoriana" es francamente molesta y me entristece, sí, porque luego de 10 años de gobierno perredista en el DF, la ciudad había tenido avances sustanciales en materia social, ambiental e incluso en su infraestructura y mobiliario urbano. Y a partir de 2006, lo único rescatable ha sido la legalización del aborto, mientras que la política social va en retroceso, el transporte público está bajo una terrible presión y ahora, para colmo, la sociedad está siendo segregada por leyes como la antitabaco, sin mencionar los daños a la industria restaurantera, que es un bastión económico de las zonas turísticas de la ciudad.

Y lo más sorprendente es justamente este puritanismo. ¿De dónde viene todo este súbito interés por regular la vida nocturna, el consumo de alcohol y tabaco, el sexoservicio, etcétera? ¿Votamos por un gendarme moral o por un gobernante que se comprometía a atacar las deficiencias económicas y la desigualdad social de la ciudad? ¿Alguien está absolutamente seguro que Marcelo no es un panista de clóset?

"El futuro ya no es como antes"
Mañana saldremos nuevamente a la calle y respiraremos la misma mierda de todos los días. Toneladas de partículas suspendidas y ozono que siguen esparcidos por toda la ciudad, mientras en Ecatepec y otras zonas del área metropolitana los industriales seguirán pagando mordidas para "cumplir" con las normas ecológicas. Quizás por la tarde se nos antoje dar una vuelta por el restaurante donde solemos tomar un café y platicar un rato, y cuando nos paremos a fumar, algún imbécil se moleste porque no estamos lo suficientemente lejos de su mesa, o porque estamos parados en la esquina de su casa, y su paranoia lo invite a llamar una patrulla, como ya atestigué hace unos días. Quizás algún changuito amaestrado se dé sus vueltas por la condesa, pegando sus lindos stickers mustios por todos lados, y la gente -la más pendeja- de verdad crea que vive en un lugar más limpio y mejor porque ya no se puede fumar ni siquiera en el vips. En la noche llegaremos a casa y, si la tele está en un canal funesto, veremos a Otto Sirgo y a sus huestes de televisos deplorar a la izquierda porque ya no pueden fumar ni en sus propios restaurantes, y por eso "estos pinches perredistas no respetan la libertad".

Y así, poco a poquito, mientras nuestro nuevo gendarme de la moral y las buenas costumbres nos impone nuevas reglas y nos mantiene cobrando los mismos sueldos de hambre, Felipillo y su pandilla se preparan, como dije hace ya más de un año, a preparar la venta simulada de PEMEX, "esa terrible y obsoleta empresa" contra la que atenta el EPR, misteriosamente, cuando al gobierno mejor le conviene. Mientras, los medios seguirán debatiéndose entre los tesoros submarinos de nuestro nuevo Salinas, el "Vivir mejor" que tiene un tufo impresionante a "solidaridad" y los patéticos publicistas que el PRD contrata siempre, cuyos spots parecen más infomerciales que recuerdan los viejos anuncios del dentista Jaramillo.

El país de la simulación es cada día más deprimente, y más simulador. Esta república del cinismo parece no tener más parangón para lo absurdo y lo surreal, pero la realidad es necia, y nos prueba equivocados día con día. Detrás de sus escritorios, el gran Gerente de la República, y todos sus empleados exprimen felizmente el erario y lo reparten entre los cuates. Hoy, cuando la moneda está más en el aire que nunca, nuestra "izquierda" sigue con su discurso obsoleto y nacionalista mientras el país sigue a la venta. Y Marcelo, que podría haber tenido la oportunidad y ciertamente tenía el deber de tomar la estafeta que le fue arrebatada a AMLO por su propia ineptitud y por los cachorros del fraude, se dedica a prohibir el cigarrillo, limpiar camellones y fustigar a los borrachos.

¿Cuándo acabará este maniqueísmo de mala calidad en que han convertido la política? Entre el chiquero de la elección perredista, el oscurantismo en los Pinos y los pederastas que siguen gobernando impunes y tragando mole con "el preciso", yo me canso de México cada vez más. Y si lo poco que puede disfrutarse en este país, esa libertad que otorga el tercermundismo y su falta de capacidad coercitiva, comienza a ser desmantelado por una regulación fuera de toda prioridad y proporción, habrá que pensar seriamente ya en la refundación o simplemente en el abandono de este país, que -al paso que va- no tiene gran futuro. O como diría un buen amigo: "el futuro ya no es como antes".

mayo 19, 2008

¿Tan tan? ¿Quién es? Otro pendejo. (¡Actualizado una vez más!) - Pero si es sólo un postito en dos aaaaañooooos. Juar!

Al malote se le acabaron sus palabritas. Bah, qué fácil.


Estimados visitantes, asiduos, espías, detractores y amigos de verdad:


Durante más de tres años este remedo de blog ha estado en línea por motivos muy diversos. En ocasiones como bolsa de mareo en la cual depositar religiosamente mis desechos emocionales y mentales, en otras como un sitio para compartir bromitas, alegorías o palabras teledirigidas al corazón o mente de alguna persona que me importase en cierto momento; y también en algunas más ha sido un delicioso ring de boxeo en el que muchas riñas políticas, electorales o netamente blogueras tuvieron lugar, casi siempre con finales felices y victoriosos y en otras ocasiones sencillamente con finales, en los que o se acabó la llamarada petatera en turno, o sencillamente volví a alguna de mis otras modalidades que a nadie le importan, y punto.


Sin embargo, entre mediados de 2006 y principios de 2007, una nueva, pusilánime y resonante voz se dio cita en este patético lugar, y con un afán denigratorio se apuntó desde entonces a la tarea de zumbar, como uno más de estos anónimos mosquitos que en todos los blogs se dan cita, y dedicar -a veces horas y semanas enteros- a revisar, responder y colgarse de cualquier cosa para, como sólo los mosquitos saben hacer, chingar quedito cerca de las orejas y con una religiosidad digna de los insectos.

Dada la coyuntura de ese año, 2006, y los muchos pleitos políticos y de otras índoles que pululaban por México, en general, y por las circunstancias de mi vida en ese momento, supuse de muchas personas y de muchos de mis ya conocidos mosquitos. Y aunque uno a uno estos otros fueron siendo descartados, dada la mucha información que cada comentario pendejo iba proveyendo, sin que su autor pareciera percatarse, la realidad es que vamos ya entraditos en el 2008 y mi fan número uno sigue dándose sus vueltas, a veces más rápidas, a veces más lentas, y viene acá a "cazarme" (según sus propias palabras) ya que soy un "perdedor".

Esta es la cara que tienen los mosquitos caza-perdedores, luego de acudir a la primera fase del cuarto camino, o al quinto acuerdo, o al curso primero de don Miguel Ángel Cornejo. Su nombre científico es "Anophyilus Pedorrus" y suelen hacer más ruido que nueces. Se les halla trabajando cerca de Santa Fe, cenando constantemente en Polanco y en cualquier lugar donde puedan ostentar sus pretensiones de grandeza. Esta versión para colorear es una cortesía para mi mosquito mayor.

El maestro, en un gesto muy parecido al del mosquito. ¿Alguna resemblanza?



Y bueno. Debo confesarlo, nuevamente. Jamás he asistido a un club de Miguel Angel Cornejo, o me he juntado con los "ganadores" que la estrecha mente del alienado social supone que son semejantes plastas de mierda y autoelogio. A mí me gusta mucho mi condición de "perdedor" porque me recuerda más bien mi facultad de "outsider", y me deja la enorme tranquilidad de que -justamente- no tengo nada que perder, y que por eso disfruto lo mucho que disfruto la compañía de los muy buenos amigos que tenga, y de las muy hermosas (en todos los sentidos) mujeres con las que me ha tocado compartir un rato de mi vida, en practicamente cada ocasión.

Este personaje/fenómeno ha tenido, claro, resonancias coyunturales en otros pendejos en turno que han traído alguna rencilla conmigo y que tampoco tienen los suficientes guevos para planteármela frente a frente. Y siendo tan fácil encontrarme (porque los conoces saben que mi rutina de perdedor sigue frecuentando los mismos lugares y las mismas personas desde hace mucho tiempo), supuse que se trataba finalmente de eso: Mosquitos persistentes que se harían coro los unos a los otros mientras tuvieran ganas.

Hoy tengo un poco más claro quienes han sido cuáles, y -obviamente- sus motivos. Y también me queda claro que existe uno sólo, llamémosle el Mosquito Mayor, y que es el que ha sido más persistente, repetitivo y -en cierta manera- el menos importante, pues las posibilidades son tan reducidas que sólo puede tratarse de algún pendejo. Pero déjenme les expongo claramente mis ya elaboradas teorías y que cuentan con el análisis de otros amigos/lectores, además de cierto apoyo tecnológico:


Esta es la única imágen que haciendo gala de mis argucias tecnológicas he podido conseguir de mi mosquito mayor. Como podrán ver, su postura asemeja la del 98% de la población mundial, por lo que resulta muy complicado discernir su verdadera identidad.


Sospechosos Blogueros:

1) En el principio fue la Gabba. Un bloguerito en extinción, pseudopublicista y "ganador" que se puso punk como por 5 minutos. Esto ya tiene mucho tiempo y aquel no era tan anónimo como otros. Caso aclarado hace ya tiempo.

2) Después vino don Resistron 5000 y/o su novia, que luego de una rencilla semi-larga de comentarios pendejos dejó de defender a su "novia" homofóbica y retrasada mental a la que hicimos cachitos en conjunto. De este personaje condechi y "ganador" tampoco ha habido muchas noticias, y es muy dudoso que luego de dos años siguiera ardido por esas pendejadas.

3) El Chilango de Duranyork fue otra de esas luchas blogueras que duraron un ratito. Pero el tipo solía firmar sin vergüenza y además, acabamos poniéndonos pedos y cagados de la risa en alguna de sus visitas al D.F. Eso descartaría al susodicho.

4) Rogelio Villarreal, Guillermo Fadanelli o Tanya Sandler. Si bien en los albores de este blog me encontraba un tanto asqueado de la industria editorial mexicana, y que les tiré algunas piedras que originaron algunos intercambios de cates con esta familia autorreplicante, la realidad es que dudo que se atreverían a nombrarse "cazadores de perdedores", o que podrían mofarse de la drogadicción y alcoholismo de cualquiera. Eso los descartaría a los tres de un plumazo, ya que son conocidas divas de la autogratificación oral, en todos sus sentidos, y además, mal que bien, los tres escriben bastante bien, lo cual descarta a nuestro machín de cantina una vez más.

5) Rodrigo Sánchez-Villa: ¿Quién, que haya leído este blog en 2006, podría olvidar las encarnizadas putizas que nos acomodamos en el ciberespacio (aunque más bien fueron un poco desiguales, de acuerdo a sus propios amigos)? Y aunque la semántica podría seguir siendo similar, dudo que el muchacho tenga tan pocas cosas que hacer. Además, como en otros casos, acabé viéndolo en persona en varias ocasiones, y pues no le noté muchas ganas de partirse la madre. Y aunque este muchacho, dado tooooodo lo que ya sé de él, no puede ser descartado, sería muy dudoso que fuese TAN ocioso como para seguir chingando, dado que sé dónde vive y que incluso se ha atrevido a chupar en el mismo bar que yo, e incluso a acudir a alguna de mis celebraciones personales.

6) Luego me vino a la mente: Bien podría ser Ari Volovich. Releyendo sus comentarios de antaño, en los que vomitando su ardor se emputaba de lo patéticos que resultaban (y me siguen resultando) sus artículos, su pseudojudaísmo de closet (aunque ya su propia comunidad se vomita de él también) y toda su moralina ridícula...hmm...ese podría ser así de ocioso. Incluso recuerdo algún familiar suyo hablándome de sus problemas mentales hace no tanto tiempo...hmm...quién sabe. Y ahora que lo pienso y lo repienso, muchas veces lo vi hacerle al machín de cantina, cuando se ahogaba en la condesa con sus amiguitos. No lo sé, pero es una posibilidad interesante.


Hasta ahí llega la lista bloguera. No recuerdo ni he recapitulado ninguna otra rencilla virtual desde entonces y yo he estado más bien sumergido en otro tipo de asuntos, descuidando plenamente el blog a partir de mitades del 2007. Y debo decir que el análisis semántico de todos los comentarios piteros de este personaje me ha provocado casi lágrimas de risa, pues sea quien sea de verdad demuestra un microgonadismo (testículos microscópicos) y un ardor tan insospechado que hasta me hace sentir maloso, je.

***
No hay que confudir a los mosquitos con las moscas. Estas últimas, como bien me hizo notar un ex-amigo que aparece en esta lista, y parafraseando a Umberto Eco, no pueden estar equivocadas: Hay que comer mierda. Por eso es que ya hasta aguanto y me he encariñado con mi mosquito mayor. Me recuerda la inefable condición humana de los comemierda.



Sospechosos "reales" (léase, de la "vida real"):

El Padrotón: Personaje de alta capacidad creativa que llegó a este país a partir plaza y a utilizarla en la renovación total de la gama manipulatoria de nuestros nacionales. Uno más de estos trabajadores de cuello azul que llegan a México a demostrar que en este país bicicletero, el tuerto es rey. Luego de pretender ser mi cuate, beber de mi copa y padrotear a mi gente, tuvo una salida poco decorosa hace ya dos años (tiempo que también coincide con nuestro mosquito). Sin embargo, y dado que ha habido algunos otros roces posteriores, este muchacho jura y perjura que él no hizo nada y que es lindo y bueno y que ya lo deje seguir teniendo su vida y no lo señale con el dedo. Eso, aunque no dejará de sucederle, y no sólo por mi, sino por la enorme cola de gente furibunda que va dejando a su paso, tampoco lo hace el mosquito mayor, pues a pesar de sí ser de la familia chupasangre (y la chupañongas, según cuentan los últimos chismes), y aunque también estoy perfectamente claro de que este joven talento es el autor de algunos comentarios aislados, también es casi seguro que no se trata del mosquito mayor.

El realmente ofendido: A este personaje no podría reclamarle gran cosa. Durante mis años mozos hice terribles cosas con mis genitales (no, no me los pinte ni me los hice trencitas), y en alguno de esos calentones cometí pecados imperdonables. Sin embargo, este personaje también apareció en algún momento para reclamarme por mis chingaderas, y, habiendo tenido toda la oportunidad, tampoco se subió al ring como era de suponerse.

La perversa polimorfa
: Esta hipótesis, provista por uno de los analistas, apunta a que un personaje otrora muy cercano podría ser quien está detrás de todo el asunto. De cualquier modo, me niego a creerlo ya que durante muchos meses de estos casi dos años, la cercanía fue muy amistosa y en ningún momento hubo visos de malestar, aunque "uno no sepa pa' quien trabaja". De cualquier modo, esta mujer tampoco aplicaría en la materia de "mojigatería en el consumo de alcohol o sustancias ilegales", así que lo dudo mucho.

Cualquier otro pendejo: Este parece ser el verdadero meollo del asunto. Si bien me gusta el conflicto, y me he involucrado en alguna que otra rencilla verbal acá en la internet, lo cierto es que en la vida real tengo muy pocos "enemigos", que bien puede decirse que sólo es gente con la que hay animadversión, y punto. Cualquier otra persona cae fuera de mi conocimiento o mi interés. Puede ser desde el portero del edificio hasta cualquier otro tarado que se encuentre ardido por cualquiera que sea la razón. En todo caso, y como esto es lo más posible, dada la absoluta falta de huevos para mostrarse y la total falta de motivos que dicho personaje tendría para burlarse de mis muertos o para repetirse a sí mismo por dos años, esta es la hipótesis más viable hasta el momento.

***

Y con esto, amorosamente, cierro un capítulo de esta habitación virtual. Y seguramente vendrá el susodicho, u otros se colgarán y todo lo aquí relatado ocurrirá una y otra vez en versión microcosmos. Yo, sin mayor problema, doy por concluido mi interés en todo este asunto, ya que -en lo que a mí respecta- se trata de cualquier pendejo.

Y pues de pendejos está lleno el mundo, así que este gordito perdedor que -curiosamente- suele tener mucha suerte para muchas otras cosas, se marcha a seguir trabajando y le deja a sus amigos y detractores un gran saludo.



Nota: A los que quieran chingar públicamente por última vez, les sugiero cariñosamente que no se repriman. El cagadero anónimo se va finalmente al baúl de los recuerdos y todos esos comentarios que han sido filtrados por la moderación a mí "me sudan la polla". Sin importar cuán supuestamente ofensivos sean, uno debe reconocer que no cualquier pendejo puede ofender.


Y recuerden. La mierda también es universal.




Besitos (Juar!)!

mayo 12, 2008

Adjetivos para los vivos (y los muertos)

A la memoria de Olivier Debroise (1952-2008)



Todo lo que no era:


taciturno, na.

(Del lat. taciturnus).

1. adj. Callado, silencioso, que le molesta hablar.

2. adj. Triste, melancólico o apesadumbrado.




Hay adjetivos que me gustan y me disgustan. Y entre ellos, hay algunos con los que me identifico regularmente, o -como suele pasar conmigo- con los que más bien me identifico de forma intermitente. Y es que mi relación con "el mundo" o "la realidad", es asquerosamente estroboscópica: Se enciende y se apaga con una aleatoriedad verdaderamente exhaustiva. Minuto a minuto me agrada y me desagrada y, como diría la extraordinariamente rara película que vi anoche, lo único que no concibo es "How can't i be myself?".

¿El optimismo significante o el pesimismo recalcitrante? Ya sé que sueno asquerosamente culturoso y parecido a mi querido amigo hlk, pero es que esta disyuntiva patética me sigue pareciendo tan cercana (y tan lejana) como todas las absurdas dicotomías maniqueístas que tenemos que vivir a diario, que ya no sé si estrellar mi cabeza contra el muro repetidamente, o simplemente persistir en el on/off de placer y dolor hasta que un día la vida decida marcharse, y mi paso por el mundo sea tan significativo o infinitesimal como cualquiera de las cosas que estoy escribiendo ahora mismo. Creo que necesito acudir a los detectives existenciales, sí, y resolver de una vez por todas lo que no tiene solución. Vivir.

Hoy es el cumpleaños de cuando menos 4 personas que conozco. En estricto sentido he mandado las respectivas muestras de felicitación y/o recordatorio a cada uno de los involucrados. Y sin embargo, me siento invadido por ese adjetivo, digno de una caja de cerillos Talismán, y que es con el que empieza la diatriba existencial de hoy. Taciturno: silencioso y molesto de hablar. Apesadumbrado y melancólico. Y sin embargo, peligrosamente cercano a mi otro yo, el que grita fuera de control, habla por deporte, hace lo que tiene que hacer, dice lo que le da la gana, y con eso se compra el desprecio o la aceptación de quien sea.

Entonces, (y espero que me entiendan), ¿cómo se comprende que los que no son taciturnos, y dicen siempre, y tienen algo que decir, se mueran, y se mueren y se siguen muriendo, mientras los que nos cansamos de decir, los que no sabemos cómo, y no tenemos qué, seguimos aquí, presenciando cómo el mundo pierde a sus voceros más brillantes, poderosos y geniales?


Pero hoy soy taciturno. Absolutamente. A pesar de los abrazos y de los cumpleaños. Aunque tenga mucho que decir y la parte poética se esfuerce sin tener resolución posible. Taciturno porque el mundo hoy es más negro que blanco. Las grietas son más anchas que lo que nos conecta a todos. El vacío es más importante que los átomos.


Un hueco en mi corazón, uno más. Se murió uno más de los grandiosos y aquí, en el sopor, persistimos los prescindibles. Hígado, corazón y cerebro en mano: camino al mismo lugar, pero a un paso tan rápido como lento.

¿Dónde reside la justicia poética, el equilibro, la homeostasis, la normalidad? ¿Será que ese equilibro biológico y científico y mesurable, no conoce de metáforas ni de poderes abstractos ni de adjetivos?

Quizás. Quizás el equilibrio no requiere estrofas ni versos. La muerte tampoco sabe, ni le importa, si una boca besa bien, habla bien, o recita la verdad en haikús perfectos que valen más que dos segundos de grisaciedad cotidiana. Los adjetivos -para vivos y muertos- son habitantes de otro mundo. Un mundo en el que nadie vive o se muere. Un mundo platónico -si se quiere- donde las ideas nos miran desde la gradería, a carcajada abierta, mientras nosotros pretendemos darles con un palo, viles piñatas, y esperar a que un día nos lluevan encima, y lo ideal -el gran detergente de nuestras pendejadas- lave de una vez por todas esa eterna estupidez que nos conduce a ser nosotros, todos los días.



Y sin embargo, ¿cómo podríamos no ser nosotros mismos?

abril 29, 2008

Vuelta en U.

Ya se hizo muy tarde. El lodo corporativo hasta el cogote, la prostitución permanente de las ideas, el inequívoco acercamiento a los treinta años y la gente -las hermanas, los perros, los cachorros o quienes queden- todos peleando por una vida que no existe. Nada es en serio cuando te percatas de que la muerte sí es inminente.

Así que señores, señoritas: Golpe de timón. No más telenovela del canal dos. ¿Es necesario sufrir para sentir la vida? La intensidad también puede guardarse en el vientre de la mujercita más católica de su cuadra. La fortaleza puede estar bien escondida en un hombre de cristal. El mundo y sus apariencias me tienen, oficialmente, sin cuidado.


Así que adiós a mi trabajo corporativo. Adiós a las dádivas que pretendo seguirle dando al sistema, y sobre todo adiós a mi hermanita, la que se volvió loca de un día para otro, y que me dejó varado sin saber pa dónde hacerme.

Y ni siquiera se podría llamar traición, porque para traicionar algo tendrías que haber creído en ello.


Ciao silla, ciao lámpara, ciao protocolo y etiqueta. A la chingada con todo. Si me buscan estaré aprendiendo a cocinar pan y terminando mis deberes literarios.


El recreo comienza en ocho meses. Espérate a que suene la campana.

abril 25, 2008

Política y fruslerías.

Que encontrarán aquí. Nada más qué decir.


Salvo gracias, pinche perro laico. Chingón comentario. ¿Ya invítame a tu blog, no, cabrón?


Salud.

abril 16, 2008

Una vaca voladora.

Soy una vaca voladora. O, mejor dicho, un buey volador. Porque siempre existe esa extraña disyuntiva entre lo fácil y lo difícil. Y porque la gente siempre suele equiparar lo fácil a lo bueno y lo difícil a lo intolerable. Entonces, siguiendo ese tren de pensamiento, reparo en las muchas veces que se me ha señalado como una persona difícil de leer, cerrada, intransigente y misteriosa. Alguien de quien no se sabe lo que siente, aunque se sepa lo que piensa. Y llegado ese punto me decido a romper violentamente ese ridículo caparazón de seda intelectual que todo lo enturbia, para que entonces brote desde mí ese pequeño gran monstruo volador, variopinto en blanco y negro, con orejas peludas y pezuñas mal cortadas, y que mugiendo sobre el cielo en turno, cante escandalosamente su sinfonía de incoherencias musicales sobre los grises prados de la ciudad más turbia del aire.

***

Ya luego me agito, vaca que revolotea sobre los patios y las azoteas, y principalmente en la delegación Cuauhtémoc, quizás porque le gustan sus casas antiguas y sus vecindades llenas de historias y de amores y de rabias. Vaca muda a ratos y luego mugiente al punto de la irresponsabilidad. Volando bajo, gritando alto, cagando fuerte y a inefables toneladas, pues no tiene miedo de que la miren volar, o que le digan vaca, o que le llamen buey, o que el mismísimo hecho de atravesar -a vuelo desparpajado- y en mitad de la ciudad, produzca en los testigos el más cruel de los brotes de locura que un hombre sin esperanzas pueda tener.

***

Esta calidad de mamífero volador me ha proporcionado innumerables problemas e incontables excusas. Lo primero por razones obvias: Nadie entiende a los mamíferos que vuelan y la gente que no entiende suele ponerse intolerante y acusatoria. Lo segundo por fortuna: y es que vale más haber dicho lo dicho, en pleno vuelo y a tambor mugiente, que resguardarlo paranóicamente en esa valija llena de preguntas que uno suele llevarse hasta la muerte. Preferí, y prefiero, pues, volar como una vaca digna de sus trayectorias, a quedarme en tierra firme y anclado como un poste de teléfonos, sin otro propósito que el de hacer colgar de mí los cables y las comunicaciones que otros tienen para otros otros. Complejo pero simple: Más vale vaca en el cielo, que mudo en el asfalto.

***

Una más de las virtudes de nosotros y nosotras, las vacas voladoras, es que los tibios suelen alejarse inmediatamente de nuestro tráfico aereo. Sobajados e indignados por nuestra falta de pudor, y luego de arremeter con palos, balas y resorteras que jamás alcanzan la altura de nuestras travesías, terminan por hundirse en sus covachas y sus propios e insulsos molinos de viento. Padrotes, vividores, guarros y mediastintas: Todos toman su lado de la trinchera cuando en el medio de un embotellamiento en el periférico, nosotras las vacas sencillamente abandonamos nuestros cuerpos materiales y ocupamos nuestras astronaves lácteas para atravesar el ruido y la desesperación que a todos los demás aturde. Una puerta se abre, otra se cierra, y en mitad del cielo nos sentamos a jugar una partida de poker, ajedrez, twister o sencillamente a beber una copa y conversar enfurruñados sobre cualquier nube. Por debajo de nosotros respira agitadamente un mundo de agrios vendedores de sus vidas que envidiosos levantan la vista, nos miran mirarlos, y luego reparan de vuelta en el horizonte o en los neumáticos del afligido que tienen enfrente. Y con el placer que invoca el mirarlos de reojo, nuestra "vacanal" aérea sigue su camino. Ay, pobrecillos. Si tan sólo supieran volar sin temor a ser vacas.
***

Pero no todo es tan sencillo para nuestro gremio vacuno y volador: Y es que el amor es igual de ruin con quienes vuelan disfrazados de astronautas, como con aquellos que no requerimos de trajes espaciales o mascarillas de oxígeno para recobrar el sentido. Pues entre vacas opera un tácito e implícito voto que a pesar de hacernos fuertes, nos segrega: Somos hermandad y como hermandad vivimos siempre con las ubres por delante. Nunca entre vacas nos otorgamos el confort de amarnos de forma monogámica, y nunca una vaca podrá ser dueña de otra vaca. Pastores y moluscos hacen fila en los andamios que el sindicato tiene ya dispuestos desde tiempos inmemoriales. Y es responsabilidad de cada vaca el encontrar su designio propio, tal como lo es el aprender a amar a quienes no necesariamente son vacas, aunque también vuelen.

Y en ese punto es donde ocurren siempre las tragedias. Cada vez que miras al cielo y ves a una vaca desplomarse súbitamente de entre las nubes, es porque se ha enamorado de algún prado o de alguna pavura que se ha convertido en su motivo. Y así es como a diario suceden dichas tragedias: vacas mueren y matan, caen y provocan maremotos, duelen o son dolidas por otros, pero -definitivamente- abandonan el cielo. Y es que no todos los hombres son de carne, ni todas las tardes se puede aprender a flotar libremente.

Pero, más difícil aún, muy pocas veces en la historia ha podido registrarse fehacientemente el hecho de que una vaca voladora, por muy grande, muy ruidosa o muy despierta, haya aprendido a dejar de volar, o a dejar de quererlo. Y en ese punto, hombres, guiñapos y vacas somos todos iguales: Bajo una libertad que es solo una. Encerrados en nuestro propósito y en nuestras posibilidades. Seguros de saber volar, pero inciertos sobre si el mundo ofrece, todas las veces, una real y acolchonada pista de aterrizaje.

marzo 28, 2008

Hmm. Tal vez tengas razón...

***

Hablo de la única razón por la cual el suicidio no me es opción. Y la razón lo es todo. Es la razón en sí misma.

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Hablo de una noche que siempre sobreviene después de un día. Y en particular de las que sobrevienen luego de los largos días. Esos días que son largos e intolerables. Esos días en los que incluso contemplas morir bajo tu propia mano, y la mismísima hueva que te produce toda la parafernalia que involucra matarte, acaba por aburrirte a tí mismo, y te manda a dormir.

***

Hablo de la mesa de al lado. Una mesa en donde hay, durante varias horas, dos mujeres con caras y cuerpos suculentos -o cuando menos deleitables a la vista- y que parecen hablar, entre sí, de cosas serias. Y luego hablo de un cascarón que llega, bien peinado y con las barbas derechitas, y como por arte de magia produce actos de locura entre las dos que otrora parecían tan tranquilitas. Besos del cascarón a cada una. Besos entre ellas. Miradas de 360 grados que buscaban admiración, envidia o la más pendeja y plana indignación. Luego: la cuenta. Nos vamos. Ustedes se lo pierden, parecían decir mientras se levantaban con toda calma, y en camino hacia la cama de alguno de los tres.

***

- Es que la línea entre lo cómico y lo trágico puede ser muy tenue cuando vives la vida en pedacitos de quince minutos, cabrón.
- ¿Pero qué no es igual de tenue aunque la vivas en intervalos de 10, 100 u ochocientos años, güey?
- Hmmm. Puede que tengas razón.

***

- Te pasas cabrón. ¿Por qué chingados le haces fiestas a esos pinches pendejos que sólo querían presumir de su pinche threesome? ¿Por qué chingados me hablan cuando me levanto? Tú juega lo que quieras, me cae. Pero no me perjudiques a mí, carajo. ¿Por qué carajos perjudicas a esta mesa? Mejor vete a la de ellos, cabrón.

- Pues, primero que nada, me disculpo. No sabía que eso te molestaba o disturbaba tu noche. Y pues lo siento. Pero dame el beneficio de la duda, cabrón. ¿Por qué supones que les hago fiestas y no que sencillamente estoy jugando nomás por jugar? ¿Crees que cambiaría mi lugar en esta mesa, por un lugar en la cama a la que están yendo esos pendejos justo ahora?

- Hmmm. Tal vez no, pero me vale madres. No perturbes mi mesa, cabrón.

- Ok. La próxima vez soy el nigger. Y me voy to the back of the bus. Pero ps perdóname si te molesté.

- Hm. Ta bien. Ahora hablemos del Saúl otra vez...(risas)

***

No sé. No sé cómo decirlo. O bien, no sé cómo decir cuánto extraño unos ojos de aceituna, o unos ojos negros como mi perturbación, sin decir demasiadas mamadas mientras tanto. Me cae que no sé.

- Pues nomás dilo, cabrón -

- Chale. Tal vez tengas razón...-

***

- Pero es que yo soy un impertinente profesional. Es más: Soy un impertinente profesional y en intervalos de quince minutos...-

- Puta, pues ni te sientas mal. ¿Quién te ha dicho que no necesitamos más de esos?-

***

- Y es que hay personas cuyo "core" es tan evidente. ¿Me entiendes? Es como conmigo, o como contigo, o como con el Marcos o el Chuco. Sí, somos distintos, pero hay un núcleo cavernícola que para todos es incuestionable, ¿sabes? Nadie jamás duda de qué carajos nos gusta, o si de nos gustan las mujeres, los hombres o los peces. Es todo tan estridente y evidente que la vida acaba por volverse más fácil, ¿no? -

- ¿Pues sí. Pero qué pasa cuando eres mujer y no compartes eso del cavernícola?

- Entonces pasan cosas como el amor. O sus derivaciones, ¿no?

- Hmmm. Tal vez tengas razón.

***

- Pero bueno. Te compro lo de tus quince minutos. ¿Pero qué no puedes aprender a anticipar las cosas? ¿No podrías saber cuándo ese guey se va a emputar y entonces evitarlo?

- Puta, cabrón. Pues sí. Pero insisto: Es igual con cualquier "unidad de asignación" para la vida. Importa un carajo si son de quince minutos -que por cierto sólo es una coartada literaria- o si son de 10 años. Todos buscamos aprender. La mayoría de nosotros no queremos dañar a nadie. Y pues por desgracia lo hacemos, a pesar de nosotros mismos. Acabamos dañando y chingando y lo que sea. Y pues yo, cuando me pasa, sólo puedo hacer una cosa: Disculparme and move on. Ser sincero y reconocer que dañé y que no quería y que lo siento. Y luego ser coherente con esos -siguientes- 15 minutos.

- Hmmm. Tal vez tengas razón.

***

Hablo de unas oscuras ganas de decir la verdad.
Me refiero a la irremediable e impostergable necesidad de jugar.
Apunto a las ganas de jugar, las verdaderas ganas, y no al no poder jugar porque ya se es o se está demasiado viejo para ello.
Hablo de amar a los amigos. Fraternizar con los amores. Decir lo que se pueda. Jactarse de lo que nos alcance. Lo que sea.

***
¿O qué? ¿No te parece curioso que "todo junto" se escriba separado, y "separado" se escriba todo junto?

***

Hay tantas cosas que saben ricas y hacen mal. Hay tantas cosas que saben mal, y hacen tan rico...

***

Pusiste tu nombre y firmaste igual que tu sombra. Gracias. Gracias de verdad. Al menos en los próximos 15 minutos.

marzo 19, 2008

Irrelevancias...

Perdiendo el tiempo un rato, les dejo algunas imágenes que sólo el absurdo surreal del internet nos puede proveer.


Saludos.




Casi no se alcanza a ver...pero esta huevuda protección es una promoción para el día de la marmota...y por ende, una marmotita en listón rojo hace las veces de edecán.



Esta imagen, lógicamente nombrada "cancerdesalchicha.jpg" en mi disco duro, hace notar lo extraordinarios que resultan los medios alternativos para infectar el mundo de pendejadas.




A la orden, mi general...¿De cuándo acá estas mamadas importan?



Y para terminar con el tema de los "emos", una foto colosal que encontré en una gran página:

marzo 15, 2008

Come rain or come shine...

La vida que sigue sucediendo vertiginosa y mi hueva que no termina. Reencontrarme con amigos casi hermanos, el domingo pasado. Jugar o no jugar backgammon hasta el amanecer (para ya no jugar ajedrez). Reconvencerme de la absoluta necesidad de partir. Estar dispuesto a hacerlo, por primera vez en la vida. Tantos y tantos motivos para uno u otro post que se explicaría a sí mismo, y sin embargo, permaneciendo, acá, en la sombra de la pesadumbre.

- Pinches new ages y sus cultos raros, me cae... -
- Sí, me cae que adoptan unos cultos bien mamones... -
- Puta, pues si quieren adoptar un culto, que mejor me adopten a mí...(así o más mamón...) -

Luego el camino, que sigue torciéndose sin reparos. Now i get the meaning from "a long and winding road", a pesar de ser una rola tan pinche fresa de los beatles.


Y es que, de repente, una contestación inusitada para un acto inusitado. Y el recuerdo de cierta frase: "Si x mujer me responde o me habla, luego de lo que pasó, me cae que me cago encima..."

Y entonces, claro, como buena ley de murphy, llegas a casa luego de la semana más agitada de los últimos 4 años. Lúcido como se debe, cansado como pocas veces. Enfurruñado en la convicción de no volver a perder la cabeza por caminos que puedan ser peligrosos en función del control...Y entonces, primero te saluda la que fue la mujer de tu vida primero, y poco después, la que fue la guía y el estandarte que te quedó cuando ya no creías en cosas como "la mujer de tu vida". Y poco después, el caos total derivado de ambos estímulos...¿Cómo no quieren que me vuelva loco, si no sé dejar de querer a nadie?

***

Nunca antes me había sentido tan cerca de encontrar "el amor" (con minúsculas) que no necesita sentirse "EL AMOR" (con mayúsculas), para lograr ser "El Amor" (con todo lo necesario). Cada minuto que pasa, pasa aunque me autodesprecie. Cada etapa de la que reniego por automático rechazo al concepto de "etapa", cada trampa que solía despreciar por ser eso: una trampa. Cada vez que me he propuesto escapar hacia el mundo (que no del mundo), acaba por romperme la madre cuando la miro y la digiero sin la contaminada opacidad del que busca respuestas.

Y me hace feliz. Aunque también infeliz. Y eso es nuevo en lo que respecta a mi deporte favorito: Los 15 minutos de congruencia. Porque ahora se trata de ser congruente CON la felicidad y CON la infelicidad. Y todo, como de costumbre, termina por empujarme a la ahora irrevocable necesidad de tomar una decisión. Con todo lo que me caga (y a la vez me alimenta) el hecho de tomar decisiones...

***
Por si faltaban conejillos de indias, me confieso experimentado: Ahora sé que, apegado irremediablemente a la ley de murphy, TODO puede pasar en las mismas tres semanas.

Y no estoy exagerando, ni poniéndolo de un modo suficientemente literario como para complacer mi deseo de contar alguna historia. No me interesa contar historia alguna. Si acaso, respondo al reclamo de algún otro viejo amor que en el pasado post me reclamó el hecho de que al tipear mi dirección electrónica para este blog, sólo habían algunas conjeturas totalmente prescindibles sobre cierta película -en efecto ligera- y que me gustó porque había de gustarme. Sin embargo, todo lo demás no tiene propósito ni precedente. Y con placer admito todo aquello que resulta mágicamente improbable (como siempre que me pongo a cazar coincidencias -pétalos- en un mar de hierba -roja o verde, qué mas da- pero nunca tan coincidental y coherente como ahora).

***

La realidad es que me voy, finalmente. Me voy pase lo que pase. Obtenga lo que obtenga. Encuentre lo que encuentre. Me voy aunque Lucía sea tan Serrat y se me antoje tan mía. Me voy aunque Sandra o aunque Perla. Me voy aunque Lucía o aunque Lucía. Me voy.

Me voy porque se me antoja, primero, y porque debo hacerlo, segundo que debiera ser primero. Me voy porque ya sé que como dicta el buen cliché, me acabaré llevando los grandes pedos en la valija. Me voy porque quiero verlos salir de la maleta, enteros, y luego desdoblarse en una calle que no sea la de siempre: la condechi, como me replican algunos, o la insalvable, como me dicen y por lo que luego me abandonan otros.

Quiero ver mi maleta multiplicarse. Quiero ver mi equipaje estirar las alas y ensombrecerme los días como esos añejos pedos lo hacen aquí. Y quiero ver si sí o si no. Si Praga no me recuerda a Kafka, o sí. Y quiero ver si las uvas, o Madrid, o la desparpajada lucha entre rojos y fachas me conmueve tanto en otro lado como lo hace aquí mismo. ¿Se vale eso? Mejor ni pregunto. Claro que se vale. Y claro que lo sabré. Ahora o nunca.

Y todo esto es resultado de algunos años que guardados se vierten sobre otros años. Todo esto podría ser culpa de cualquiera. Culpa mía, principalmente. Pero esta vez, es culpa de Lucía. De la última Lucía. De cierta y nueva Lucía que cantó conmigo estrofas que tengo inscritas en las arterias y en el alma:

"No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió..."

Y con la frente cada vez, cada mes, más marchita, yo sólo me dejé enamorar por cierta noche, ciertos tragos, cierta necedad, y una confianza que parece maldita de lo buena y de lo bonita que resulta. Y de otra canción que dice lo mismo. Y que también cantamos, en la siguiente -buena- cita:

"No hay nada más bello
que lo que nunca he tenido.
Nada más amado
que lo que perdí.
Perdóname si
hoy busco en la arena
una luna llena
que arañaba el mar..."

¿Cómo no enamorarse luego de constatar semejantes coincidencias? Y cuando digo enamorarse, hablo nuevamente del amor, y no necesariamente de Lucía. Porque ella no me necesita, ni me pide, ni se marchita sin mí, ni yo sin ella. Pero tras ella está esa cortina, esa neblina, esa perturbadora sabiduría que me recuerda y que me replica que debo de irme. Irme a dar la vuelta alrededor de la cuadra. De cierta cuadra. De una nueva cuadra. Donde no se valen las excusas pero se quieren y se merecen las entrañas.

Luego dijo: "hay que ser más quijotesco, y menos sanchopanza". En mi caso es hasta irónico, considerando mi panza, mi sancho y mi escaso quijotismo. Pero no por ello fue menos pertinente...

***

Ella no está hoy y quién sabe si leerá algún día esta improbable pero inconfundible declaración de Amor. Que no de "amor". Ni tampoco de "AMOR".

Me siento impelido a proseguir con ella (con la declaración, vaya), pues de partir ya se me han escuchado muchas buenas intenciones, pero nunca una convicción como la de ahora. Y también a Daniela tendría que agradecerle, a pesar de que diga que es "lo mejor que me ha pasado" y luego suavice su comentario con un par de perdigones que sólo hieren a quienes se dejan.

No importa. La convicción es la misma. Es la hora, ahora. Son las once.

Y once upon a time, i had a dream...



Y mañana continuaré con mi esclavitud, seguro, pero ya tiene cuenta regresiva.

Tal vez no la próxima, ni la que sigue. Pero muy pronto -eso seguro- escribiré desde otra colina, en otro monte, en otra geografía. Y seguiré igual: perturbado y ocurrente. Pertinaz y displiscente. Imbécil y fugazmente certero. Como suelo escribir desde el suelo de siempre.


Pero será desde otra parte. Y no desde la costumbre. Y no desde la ensoñación que me acostumbré a vivir siempre.


Y ya, basta. Dejo las promesas para otro día, y los besos para quienes los merecen. Y desde luego, las canciones. Las canciones para quienes las decían y las cantaban. Canciones como Lucía.

Lucía.


Si alguna vez amé,
si algún día
después de amar, amé,
fue por tu amor, Lucía,
Lucía...

marzo 04, 2008

Juno (whadd'i'meen)


Antes y después de la entrega de los fatídicos oscares (que por cierto, a pesar de haber sido hosteada por el idolatrable John Stewart, fue una de las más pinchurrientas y aburridas que me he fletado), ya me andaban restregando, por aquí y por allá, que tenía que ir a ver Juno. Que era una gran película. Que realmente merecía la pena.

Y no voy a desdecir a nadie. Ayer domingo, luego de una infernal peda que literalmente me costó un ojo de la cara,




salí por patas del honorable bautizo de mi impresionantemente adorable sobrino






, y -luego de suturarme la jeta- me dispuse hasta Plaza Loreto donde pagué un amablemente barato ingreso (¡feliz día de la familia, ja!) y me receté la susodicha película de cabo a rabo.


Mis primeras impresiones fueron bastante complacientes. Y es que la película huele a mujer por donde se le quiera ver: Desde la dulzura de su protagonista, impresionantemente interpretada por una asombrosa Ellen Page, hasta la envidiable aceptación que destila el personaje paternal del subvaloradísimo J.K. Simmons, Juno es una historia que una frágil y ruda mujer le cuenta a todas las demás. Una película que pudiera haber sido un melodrama sin remedio, pero que gracias a la dirección de Jason Reitman evolucionó en ese extaño fenómeno mediático de adoración hacia la asimilación y el entendimiento del otro en el que hoy se ha convertido.

Para cuando el ruido de los medios ya me había hecho conocer un poco de la temática y del guión, yo no dudé en categorizar, con la mamonería que me caracteriza, que Juno era una especie de "Little Miss Sunshine" 10 años después. Y sin miedo a equivocarme, hoy puedo asegurar que mi hipótesis no distaba mucho de la realidad que me presentó esta fresca y femenina cinta:

Ya va para más de una década, pero por alguna extraña razón, el establishment gringo parece estar más y más cercano a una inexplicable adoración hacia la llamada "disfuncionalidad" familiar, que a los viejos clichés del american way of life que durante décadas eran premiados y fortalecidos por la bipolar "Academia" americana y sus innumerables socios. Y que no se me malinterprete: Yo recibo plácidamente este cambio en los clichés y en las estructuras de la cultura mediática norteamericana. Me parecen un paso gigantesco y encomiable frente a ese pasado de convencionalismo idiota que dotó a Spielberg y hasta a Ron Howard y James Cameron de la vanagloria que hoy los convierte en líderes de opinión consagrados por su propia cultura originaria. No tiene nada de malo, todo lo contrario, que una dulce y peregrina loca como Diablo Cody reciba de manos del establishment una estatuilla que antes era exclusiva de los perpetuadores de una idiosincrasia estúpida y anquilosada. Mucho mejor. Al fin parecen mirar la realidad.

Magnolia, Little Miss Sunshine, Adaptation, Being John Malkovich, Juno. Todas películas que ocurren dentro de una atmósfera que no es precisamente la de un John Wayne impoluto o un Leonardo Di Caprio tan encantador como irreal. Y sea o no sea (Juno) una Little Miss Sunshine exacerbada y protegida por la comprensión y el amor que su desgarrada familia tiene hacia ella, lo cierto es que destila esa sólida fragilidad que sólo otorga la condición de ser mujer en una sociedad tan chovinista y rígida como la que los gringos han sabido erigir como dueña del mundo. Y eso, creo afirmar sin temor, es también un paso adelante.

Escapando a mis expectativas, dándole la vuelta a todas las posibilidades que mi mente maniqueísta formulaba para ella, Juno, dentro del recuadro de una película made in hollywood, resultó una protagonista fresca y verdadera como sólo las mujeres saben serlo. Sin la obviedad cavernícola de nosotros, los hombres, que siempre queremos y buscamos una sola cosa (o máximo dos, o tres). Una mujer-niña desparpajada de la aburrida forma que los hombres repetimos cada vez que hay que desentrañar un desenlace, y como el que siempre resulta devenir desde nuestro mundo falocrático y pendejo. Juno es -verdaderamente- una película dulce y conmovedora como una mujer. Como la mujer que la escribió desde su propio universo de desesperanza y rehabilitación para drogadictos. Y Juno es, por sobre todas las cosas, un llamado a nuestra capacidad de querer sin preguntar por qué. Una encomienda para que aprendamos a amar sin retribución palpable. Una solución femenina a nuestra sociedad tan plagada de vicios falocéntricos, ensimismados y asquerosa y aburridamente masculinos. Un acto de fe, contado con la suficiente ligereza, y que -además- no resulta falso y pretencioso como todo aquello que nos empeñamos en construir y alimentar, acá en Latinoamérica, o allá en la cima del mundo, desde nuestra trinchera machista y pendeja, por muy "open-mind" que nos sintamos.

Así que vaya una reverencia para Diablo Cody y para Jason Reitman. Bienvenidas sean las historias que sorprenden, ya por su capacidad de ser distintas, o por nuestra cómplice intención de tolerarlas para luego amarlas. Por los pantaloncillos cortos y ridículos que siempre puede vestis nuestro gran amor, o por la declaración de lealtad que -de muchas formas- nos puede hacer un padre o una madre que -a pesar de ser siempre distintos a nosotros- siempre también se empeñan en querernos tal y como somos.

Una gran cinta. Pero mejores, como siempre, los hombres y las mujeres de quienes habla. Y también, ¿por qué no?, mejores los que la edifican y nos la entregan, sabiendo o no, queriendo o no, en charola de plata.

Salud.

febrero 25, 2008

Tramposos!

Para la lumocana, y su abrupta aparición.


¿Sabes una cosa? Las historias más bellas, son las que hacen trampa. No. No creas que estoy pretendiendo convencerte de odiar al cine dogma, o de que los trucos mágicos, con todo y su prestige son mejores que la realidad. El asunto, querida dulciloca, es que la realidad no tiene muchas trampas más allá de las que ofrecen las historias. Y que es ahí donde existe ese único territorio desde el cual podemos pretender que la muerte no existe, o que la vida -en general- no es predominantemente mierda. O que de pronto, en una convergencia casual o causal o como se crea, uno puede encontrar su CORTE, y aparecer entonces en otra escena en la que ya han pasado todas las fricciones insulsas y tortuguescas como son el levantarse al baño, o el estar crudo, o el odiar -otra vez- al mundo entero, y en donde se puede aparecer en ese -nuevo set - donde todo es sencillo y maravilloso, como cuento de hadas -sí- aunque no necesariamente tiene que estar matizado por los efectos especiales.

No sé si me entiendas. No planteo una cosa sencilla, pero tampoco estoy suponiendo ninguna ciencia nuclear e impenetrable. Hablo de jugar y de lo lúdico. Hablo del amor, pero del amor despojado de todos los revestimientos de expectativa, aceptación y confianza y seguridad y buen sexo, etcétera. Hablo del amor sin eso que el mundo se empeña en poner sobre sus nuevos y sofisticadamente estúpidos ideales.

Hablo de poderse encontrar el amor en una alcantarilla (remember?), y no en un palacio. Hablo de poder construir verdaderos palacios coloniales con los más ilusorios y pendejos palillitos chinos, o de madera, o de humo. Hablo de construir con espejismos, en lugar de querer siempre erigir a partir de concreto ladrillo y abstracta solidez.

Hablo de olvidarse del deber ser y de aceptar que es la tierra magra la que nos conforma y que además es esa misma a la que volveremos alguna vez. Tan pronto dejemos de creernos mejores que ella.

Hablo de recular frente a la sociedad occidental, y frente a la oriental, y frente a cualquier conglomerado de expectativas que hayamos elegido a partir de nuestra debilidad de cachorros. Porque no elegimos ser lo que somos ahora, ni cuando éramos niños. Pero definitivamente estamos encadenados a una idea, a un supuesto y a un tránsito -mesurable o inconmensurable- pero que nos define insatisfechos. Y al que no hacemos otra cosa que regresar, una y otra vez, y a cada momento en el que nuestra cortina de humo cobra solidez y se desploma como una tonelada de plomo sobre nuestras imberbes e imbéciles espaldas.

Hablo, querida y melancólica ruda, querida y displiscente mujer que se empapa sobre una sábana ajena, pero que también se sabe mujer, y querida idea recóndita de hace 120 años, hablo acerca de mi cama del sábado pasado. Hablo sobre dejarse de idioteces y vivir. Hablo de no andar dibujando al carbón el mundo del que -finalmente- deseamos escapar.

Hablo de aflojar los músculos del corazón, como diría Sabines, y de volver -con la frente marchita- como diría Sabina, hasta la cueva, hasta el habitáculo de la piedad, hasta el lugar donde sólo somos uno, aunque seamos quizás dos -como digo yo- y aunque diga mal.

Y no genitocéntrico ni reverberante. Nada de ruido ni de presunción. Solamente en paz y tranquilos. Cansados de buscar lo que no obtendremos. Hartos de mirar la pantalla no tramposa del mundo, y haciéndole trampa nosotros. Corte, se queda: Esta escena puede ser pusilánime o puede ser perdurable. Y si existe un director, que entonces decida...




(Y qué importa. Es la que hay. Es la que queda. Es la de hoy.) Y es -siempre- la mejor que se puede. La mejor que se pueda. La única. CORTE...


y...salud.

febrero 13, 2008

Paradejas (paradojas pendejas) I: La Sociedad Masturbatoria

Hace unos días, una entrañable amiga y su roommate me acompañaron a tomar una cerveza. Entre tanta conversación, surgió el tema de los dildos, a lo que se acompañaron grandes y gráficas descripciones acerca de la maravilla tecnológica que resultan estos aparatitos de diseños cada vez más extravagantes, de cinco brazos, con memoria o sin memoria, y -próximamente- hasta acompañados de sonido surround 5.1 con frases personalizables como "te quiero mi amor" o "así o más fuerte, putita...".

Personalmente, soy un detractor de los objetos extraños como parte de la sexualidad. Respeto a quien disfrute embadurnar sus partes a pedazos de plástico que ahora (paradoja pendeja) resulta que hasta son "inteligentes". ¿Qué no era suficiente con los millones de cabrones que tienen un pitote y dos neuronas? Noooooo. Porque lidiar con humanos siempre es un pedo, aun cuando tengan el IQ de un perro faldero y la líbido de un semental después de sus vacaciones. Así que, de acuerdo a esta lógica, el aparatito on/off siempre será mejor. Y pues quizás en cierta zona (sic) lo sea. Y ya no sólo inteligentes, lo hay también místicos. Estos te han de absolver mientras pecas.


Aquí unos modelitos para Panistas de hueso colorado, obispos e hijitos de los millonarios de Cristo. Tomados de una maravillosa página que pueden encontrar aquí.

Hay que decir que tratándose de la sexualidad femenina, comprendo el valor de una de estas maquinitas de multiorgasmia garantizada, sobre todo si se considera la estadística de hombres que follan displicentemente o que sencillamente no pueden comparar su mejor performance con la docena de orgasmos que uno de estos aparatitos parecen brindarle a sus usuarias comunes en cuestión de minutos (y ahí me incluyo, porque francamente tanta orgasmiza ya es material de supermán). ¿Pero será que de eso se trata toda la sexualidad? ¿De lo genital, de lo orgásmico y de recibir-recibir y luego recibir más?

La cosa es que me pareció paradójico y pendejo esto de que los dildos sean inteligentes. Es como pensar en una muñeca inflable que habla (aunque -sin pecar de misoginia- conozco varias en el campo de los vivos), o en esos muchos dildos vivientes que piensan lo suficiente para follar y no defecar mientras caminan.

Pero volviendo a los de los de plástico u otras aleaciones nanotecnológicas pluscuanperfectas, sí que me resultó patético el apelativo de "inteligentes", considerando que ninguno -me imagino- puede interactuar con otra cosa que no sean los genitales.

Es así que tras poco reflexionar, de mis labios surgió la única defensa del cavernícola que pude pensar y que constituye la

Paradeja Número 1:

"Los dildos hoy podrán ser inteligentes y la chingada. Pero si no pecas de genitocéntrica o clitoricéntrica y sabes disfrutar del sexo como un todo, podrás estar de acuerdo conmigo que ningún dildo todavía te puede jalar suavemente el pelo, estrecharte contra sí y decirte en la oreja "Qué buena puta eres, te amo..." o cualquiera que sea el piropo que te pone la piel de gallina..."


***


Otra de las paradojas al respecto de los dildos y la sexualidad, es la discriminación inversa que está generando toda esta cultura de los plastiquitos motorizados. En conversaciones como la que tuve (que tampoco es que sean sobremesa de la "gran familia mexicana" pero que ya ocurren a diario), toda esta gráfica descripción de las zonas erógenas que atacan con enjundia, o acerca de los diversos modelitos y sus beneficios particulares en términos casi matemáticos, parecía ocurrir con toda naturalidad entre las dos interlocutoras. Sin embargo, cuando la charla derivó hacia temas míos, pude constatar la cara de horror de una de mis acompañantes mientras les comunicaba alguno de los recuerdos que todavía me encienden la mecha y que no era más que algún cachetito contra el azulejo de cierto baño, con un par de pantalones abajo y mucho miedo a ser descubiertos. Bah, si hasta era un recuerdo fresa...

Paradeja Número 2:

Los dildos se anuncian por televisión, se hablan después o antes de comer y hasta se llevan a las escuelas primarias para ejemplificar algunas prácticas. De su uso y abuso se puede conversar abiertamente. Y sin embargo, ¡hay quienes todavía te ponen cara cuando hablas de un sano y divertido material que todavía patrocina una que otra pajita! Bah. Si para colmo estoy hablando de seres humanos...¿o será eso lo que transtorna? ¿Es mejor hablar de frotarse una maquinita que de las virtudes sexuales de un desconocido? Paradéjico y más paradéjico.

***
En otras cosas, y contestando a la petición encabronada y solemne que alguien me hizo hace un rato, se sugiere que hable de política en este blog. Le recuerdo al entusiasta y ojete comentador (que me suena conocido), que de política ya no escribo aquí sino en ESTE OTRO BLOG. Y ya, juro que al rato me pongo a escribir alguna pendejada sobre Juan Camilo Mi-niño o sobre los consejeros del IFE o lo que sea. Simplemente no he tenido ganas de escribir nada.

Paradeja 3:

Al pinche presidente del empleo ya se le está cayendo la economía. A Carstens lo corren de un restorán en Nueva York (A mint for monsieur??). El Osito Bimbo y Hugo Chávez se suben al ring. El gasolinazo es una ridiculez presupuestal que no servirá de un carajo. Las elecciones gringas están sabrosas. Las elecciones españolas están igualmente sabrosas. Y yo aquí de pendejo sin escribir un carajo. Bah!



Pero bueh. Al rato me pongo a hacer algo. Mientras tanto, les dejo estas reflexiones sobre nuestra sociedad masturbatoria y conmino a todos los que usen objetos extraños del tipo dildo, muñeca inflable, coño portátil o cualquiera de esos juguetitos mamertos a que -a menos de que asusten hasta a los niños de la calle con la jeta que tienen- se pongan en contacto con un ser humano de su agrado. La chaqueta es buena, sí, pero el mundo no se prende y se apaga como un dildo. También están los otros. Y por lo general, están sabrosos.


Salud!

enero 16, 2008

Acumuladores (que no servicio eléctrico)

Sí, no es ninguna novedad que soy una persona a la que fácilmente puede considerársele deleznable e impertinente. Mi trabajo -no por el que sobrevivo, sino el que hago voluntariamente después de vender mis horas al mejor postor- ha sido siempre el de ser intolerable e incómodo por puro deporte. El de decir la verdad que me pase por la cabeza en el momento. El de no traicionar esa postura de cinismo honesto, honestidad cínica, o sincera fragilidad. La misma por la que tantos años he pagado para poder acuñar.
***

Es así que soy un asco cuando siento que tengo que ser un asco. Soy terrible, soy certero -aunque también muchas veces equívoco-. O soy paternal o soy un abandonador de hogares. Siempre soy lo que sea. Lo que pueda. Y me importan un carajo -casi siempre- la validación o los aplausos. Rompa lo que rompa. Duela o no duela. Y no es que me enorgullezca: es sólo que no conozco otra forma para mantenerme vivo.
***

No me interesa abonar a las expectativas de nadie. Ni tampoco resuenan en mí los reclamos o las réplicas. Soy un asco de egoísmo y supervivencia. Me revuelco entre la estupidez y la hermosura. Me confieso imbécil y genial. Salado y agridulce. Vibrante como también fofo y desparpajado, sobre todo si ese día o esa noche decidí -sin saberlo- no hacerle caso al mundo, y borrarlo a golpe de drogas y absurdos.
***

Y que ni se preocupen de rezongar: la factura que pago por hacer todo aquello es obvia y es ancha. Nadie, en verdad, me soporta. Salvo mis amigos y eso a veces. Y, por lo regular, las mujeres de mi vida siempre prefieren ser mis amigas a seguir siendo mis parejas. Y aunque no me quejo -ojo- sí que reparo en pesar todo eso que doy y todo aquello que obtengo. Hacer las cuentas y sufrir. Pero sólo un ratito. No más.
***

No pretendo adueñarme de nadie, ni ser poseído por el deseo de ninguna mujer o quimera que tampoco sepa lo que quiere. La historia puede ser siempre peor. Sobre todo si se deriva del momento en el que decido desconectarme del mundo y lanzarme de boca contra la realidad que no soporto.

Pero sólo así es como puedo ser, siempre. Y quien se compra el avión, se lo compra completo. Aunque no lo sepa. Aunque se entere en mitad del camino, y luego se acobarde a la hora de pedir respuestas, y se escude en una normalidad en la que no cree, y entonces se crea -por un instante- una "persona ordinaria", capaz de juzgar a otra que le increpa y le incomoda por el puro hecho de cómo decide vivir.
***

Y nada. Acumulo horas, días, semanas de inquietud y eras geológicas de calma. Divago como siempre. Como puedo. Como me dejan los días. Y escupo -muchas veces- en el lugar incorrecto, y de cuando en cuando, aunque luego me arrepienta, descubro después que desmoronarme así (allí) era lo único que -entonces- podía ser correcto.

No me da miedo ni me incomoda el ser estúpido, feo, gordo, pendejo, solitario o sencillamente autista y catatónico. No tengo alternativa: El hígado comanda y el cerebro viene luego. La voz, el tiempo, el cansancio de hacerse viejo: Todo es lo mismo. Todo está hecho.


A mí me sigue importunando acumular, aunque acumular es lo único que puedo.

Y entonces transito, idiota o genial, endeble o completo. Y no importa.

Mañana será mañana. Ahora es cuando ahora, y jamás de los jamases hay un luego.


Salud.

diciembre 29, 2007

Inocente palomita...

Y habría que mantener la prosa en un nivel ecuánime, dicen algunos.

Habría que hacerla parecer palabra plena, todo el tiempo.

Y habría que hacerle simular -cuando menos- un cierto nivel de autoentendimiento. De autoreferencialidad. De autocrítica autoinmune y autofrágil como autoendeble y como autocierta.

Habría que danzar -siempre simulando, aunque ni de lejos se sepa danzar ni tampoco otra cosa- (otra cosa parecida a simular).

Y habría que entonces

acaecer mirando.
***

Habría que describir y que narrar.

Habría que contener esa imberbe prosa en algún nivel serio y -por ello- algo apesadumbrado.

Habría que saber cómo es que si uno se suelta, junto con uno se van los cabales narradores y todas sus lindas intencionalidades.

Habría que escribirlo todo. Aunque fuera bajo riendas capaces de ser circunscritas, en oposición a ser escritas por el caos de toda vorágine -emocional casi siempre- y que nos deja, regularmente, confrotados -ojo frente a ojo- contra toda esa frágil marea que supone ser lo que nunca quisimos saber.

***

Habría que saber escribir una prosa que
aunque se sabe (y lo sabe)
siguiera siendo tenue.

Deletrear sobre el lienzo y sobre la amargura -sí-
aunque siempre enteros al final del llano.

Vanos, adustos, certeros, cobardes nombres para nuestras suturas: Sí. Perplejos. Pendejos.

Tercos e iracundos corralitos imperfectos.

Habría que poder ser manojos que amasijan
esos mansos y esos turbios y esos estúpidos días añejos
que a nuestro lado reposan,
florecen, atiborran,
y hasta encienden las nuestras
las esas,
lacónicas llamaradas de simios viejos.
***

Habría que saber escribir cómo es que nos dan los buenos días: Buenos días.
Y cómo nos dan las buenas tardes: Buenas tardes.
Y cómo se permiten -incluso- otorgarnos unas buenas noches: Buenas noches.

***
Y habría que saber narrar cómo es que luego se marchan sin nosotros.
(Sin los cerdos, sin los viejos, sin los tibios e incólumes maltrechos).

Y cómo nunca miran atrás. Ni detrás del hombro. Ni nada más.

***

Sí. Qué lindo sería escribirlo todo bajo la métrica sencilla de tener o no tener. Qué fácil dividirlo todo entre la sed y la saciedad, entre la asfixia y la bocanada de súbito aire. Aunque nomás no.

Cierta marejada que no escogiste siempre aparece -insulsa y simple- revoloteando por debajo de la pelea. Cierto momento te escoge a ti, en oposición a ese tú que podría escogerlo en otro punto de la esfera.

Sucedes. De lejos y de cerca. Y eres. Y luego rezongas y te revuelcas contra lo que eres.

***

Tu prosa permuta, transmuta, disfruta. Ya no se vuelca sobre un molde semitibio o semifrío. Ya no se esmera por mentir o por ser pesebre.

Te das los buenos días: Buenos días. Y quizás las buenas tardes: Buenas tardes.


Lo demás es misterio. Y bajo su capa te cobijas -aun si muerto- da lo mismo. Pues esta es la hora de callar como es la hora del abismo. Buenas noches -le dices- y te lanzas tras tus notas en silencio. Da lo mismo.
***

Otro día será, sin duda, tal y como otro serás tú mismo.

***



Inocente palomita, que te dejaste engañar...

diciembre 19, 2007

Tres años (Gulp)

Todo esto empezó un día que suponía ser de cierto diciembre. Un día terrible. Un día asqueroso y tremendo. Un día de soledad malograda. Un día de podredumbre manifiesta. Un mal día, dejémoslo así. Un muy mal día.

Y tal como el mismísimo nombre de este post lo dice: Son tres años.

Y de tres años tengo que hablar. Tres años que son -y parecen- muchos más.

Tal como los que siempre me calculan por arriba de mis verdaderos años.

Treinta y cinco. Treinta y nueve. Treinta y cuatro, más dos de garantía. Tres años, cumple este blog. Y tres años yo me propongo describir.

***

Empezó todo como un escape para cierto dolor. Un dolor horrendo y sin palabras. Unas ganas repugnantes para sacar lo mal habido. Un estiércol del 2004. Ese 2004: El mismo del tsunami y de los adioses sin demora. El mismo del hasta nunca y el buenos días que vino después. El del dolor de la levedad. El de la levedad adolorida. Ese 2004 que ya se ve tan lejano como su padecimiento.

***

Vino Tijuana como una cura. Una cura con sabor a Tijuana. Tijuana, la vendehuevos. Tijuana, la inescrutable. Luego la franca buena onda de Mónica y de Manuel. Los ojos de Judith, la música del Zacas. Tijuana, mi amor. Me enamoré por siempre de Tijuana, desde entonces. Y ya la he vuelto a visitar. Y ya la volveré.

Tijuana es noble: Siempre me guarda una sorpresa.


***

Y aunque el dolor siguió, la cura me vino muy bien. Casi perpleja. Casi sabia.

Volví a un hogar que no era mío, y besé unas carnes que no me esperaban. Me mantuve firme ante los arrebatos y los oleajes de las playas tijuanenses, chaqueteras y grandiosas, para que el mundo luego me mostrase misericordia.

Y la tuve. La retuve. Tanto, que ese fue un primer año de blog y un primer año de historias. Un ejercicio que se volvió adictivo, un amasijo de palabras que -de repente- ya tenían escucha. Y dije, e hice, tuve y mantuve, supe y olvidé. Gocé de mi maremoto como nadie. Me volví adicto del ejercicio, al punto que -tres años después- lo sigo practicando. Sin lectores, con lectores. Despreocupado. Tijuana fue el gran destapón, y desde Tijuana mi vida cambió de una vez por todas.

***

Y llegó el año siguiente, y me tuve que inventar una nueva historia. Poco a poco. Sin prisas y sin malas palabras.

Segundo año me trajo amor. El amor de alguien que amé mucho. Alguien que me mantuvo vivo por largos meses, a pesar de su propia necedad. Y amé y amé, y dije y dije, y luego llegó alguien más, y con todo y mi estupidez, seguí amando. Y luego vino la traición, y seguí amando igual. Y luego la calma. Y seguí amando también. Y luego, las historias inesperadas, y seguí amando y mamando y ejercitando mi necedad de la peor y más autocomplaciente forma. Y luego me sorprendí de aquel nombre que nació el primer año. Autocomplaciente. Sí. Ahora lo entendía más que nunca.

***

Amé mucho aquel segundo año. Pero tampoco demasiado. Lo suficiente nada más, aunque me costara la vida. Tal y como me costó al final del día.


***

Ahora hablaré de tercer año.

Tercer año ha sido raro. No puedo ni siquiera etiquetarlo. No puedo ni ponerle nombre. Raro es para todo lo que tengo.

Raro es para lo que me alcanzan los dichos.

***

Y raro ha seguido: Frugal en la primavera, caluroso mientras el verano, y luego seco y frío. Seco y frío el otoño del tercer año. O casi. Quién sabe.

Eso sí: no siempre. Siempre hay un invierno que nos plaga de sorpresas.

***

Yno me quejo. Hoy sé lo que digo, digo lo que sé. Y cuando no lo digo, o no lo sé, me lo callo.

Finalmente aprendí a hacerlo.
Amar el silencio.

Lección número 1.

***

Y así como -según yo- vivo y aprendo, llega una orquídea desparpajada e irredenta.

Y me saluda, me da un beso en los morros y luego, tranquilita, me pregunta (sin preguntar):

¿Habría que demostrar nuestro bien-estar?

¿Habría que evidenciar la estupidez de los muchos otros que viven -con toda calma- sobre el colchón idiota que tal imbecilidad deja reposar por encima de sí misma?

¿Tendríamos que caminar esos siete pasos, y hacerles saber cuán pendejos están por creer ciegamente en lo que sea?

¿Podríamos vivir de mejor y más frugal manera si sólo abrazáramos el silencio?

¿Callarnos y pernoctar es tan válido como el perpetuo detestamiento?

***

Ah, balanza traicionera. Porque la vida siempre es f(x). Y no sólo f(x). Es más: La vida es todavía más cabrona. Es más un f(x) + f(y). Y no sólo eso. Es todavía más cabrona. Es aún más un f(x) + f(y) * f(z)= f(xyz).

Es decir:

Un yo que se levanta como lo levante el día, más un otro que se levanta como lo ha levantado el día, multiplicado por la resultante de una historia que entre uno y otro se cuentan o se saben -ambos- en las entrañas de ese mismísimo día.

Ergo, odiar no sirve de nada. Y amar tampoco. Y situarse en el medio (ese justo e irreal medio de la igualmente irreal balanza (y que resulta tan cómodo y tan falaz) tampoco es postura veraz o verosímil.

Tomar partido es siempre una equivocación. Pero -sin duda- es peor equivocación el pretender no tomarlo. El asumirse imparcial, seco, tibio y quizás inmortal: Porque ahí, sobre el vértice, en mitad del puente, entre un extremo y el otro, el impávido siempre muere sin saber lo que es morder o ser mordido. Y convencido de su ecuanimidad, termina siendo maldito por la falta de hallazgos que supone la fragilísima objetividad que siempre pretende. Y tibio es, como tibio se muere.


Y cuando la vida se presenta, otra vez, lo despoja de toda razón.

***

Sí, guapita, la vida es como Fidel Castro. La realidad también. Ambas cenan, y se van. Todas cenan, y -chin- luego se van.

***
Cosa de uno es subirse o no subirse en ese tren. Como también cosa de uno es pagar o desdeñar -luego- las invariables consecuencias.

***

Pero qué fortuna (me digo). Tu camino alrededor de la cuadra sigue su rumbo. Y cada vez te enteras de más. Y cada vez te sigo esperando, mientras transito -al mismo tiempo- sobre el mío.

***

Acá estoy: no te azotes: Mañana es mañana, y en los próximos 15 minutos lo desciframos. O no. O quién sabe. Pero no hay mayor problema.


De 15 en 15 nos vamos. Y que vengan:


Bring them on!



Salud. Y "felices" tres años para esta chingadera de blog. Con todo y las huestes de asqueados que a diario chingan y lo desprecian.


Who cares.

Este lugar inhóspito me sirve pa saber de mí,

y con eso me basta hasta la próxima luna llena.



Salud.

diciembre 11, 2007

Ú-ne-te a los op-ti-mis-tas. Y a Huit-zi-lo-poch-tli y a Tez-ca-tli-po-ca....( Y si no, ¡Qué poca güey!)

Hace apenas pocos días que no escribo en este espacio. Aun cuando quiero escribir acerca de pincherremil cosas.

Pero la vida me retiene. Dispone de mí.

Y entonces, claudico a mi supuestas epifanías (desechables). Y luego encuentro las palabras ya dichas.

Y luego las pongo.

Punto y aparte.

Silencio...





Hurt (Reznor/Cash)


I hurt myself today,
to see if I still feel.
I focus on the pain,
the only thing that's real.


The needle tears a hole,
the old familiar sting.
Try to kill it all away,
but I remember
everything:


What have I become?
My sweetest friend.
Everyone I know,
goes away, in the end.

And you could have it all,
my empire of dirt.
I will let you down,
I will make you hurt.

If I could start again
a million miles away:
I would kill myself.

I wear this crown of shit,
upon my liar's chair.
Full of broken thoughts,
I cannot repair.

Beneath the stains of time,
the feelings disappear.
You are someone else.
I am still right here.

What have i become?
My sweetest friend.
Everyone i know
goes away

in the end.

And you could have it all,
my empire of dirt.
I would let you down,
I would make you hurt.

If I could start again
a million miles away:
I would kill myself.

XXX


Sin más que decir, mejor me callo.

noviembre 28, 2007

El perfume agridulce del terror.

Porque no hay terror más horrorífico que el de morirse sobre el tintero. Morirse pequeñamente, como en el amor, como en el orgasmo, o morirse largo y absoluto, como cuando se acaba la historia y la vida sigue (¿sigue?) en el mundo de los otros.

Desde niño me ha intrigado terriblemente el asunto de la otredad y -de paso- el asunto de las palabras. ¿Cómo saber si mi rojo es el rojo del otro? ¿Cómo saber si mi azul, es el azul del mundo o el mismo que las fotografías cuentan desde el mundo que se pinta desde la estratósfera? ¿Cómo comprender cualquier cosa acerca de ese "otro" sin ese idioma que -en algún punto de la evolución- se hiperdesarrolló hasta lo que hoy tenemos frente a nuestra vida diaria? El grito lejano del que vende tamales oaxaqueños, la grabación mundana que se repite y se repite sobre las ondas radiofónicas, el mensaje compuesto de un anuncio televisivo cruel y eficiente. ¿Cómo saber si ese rojo es mi rojo o el de otros? ¿Qué carajos importa, si la gente sigue comprando la roja cocacola y el azul vodka y la verde idea de que el mundo se está muriendo? Las palabras no han resuelto nada, pero sin duda cumplen su deber cuando se les paga y se les manipula lo suficiente. Como buenas y complacientes putas. Putas, putas palabras. Una epifanía desechable y desechada a lo pendejo.

Pero entonces me aburro absurdamente ante los jerarquizadores de la experiencia: Esos que suponen que sólo tal o cual manera de experimentar y expresar lo que se experimenta es mejor -o peor- en una escala que sólo ellos conocen. Esos que dicen que el amor (y no sólo lo dicen, sino que lo gritan: EL AMOOOOOR) no precisa palabras, y que además, las palabras no valen nada, y que todo lo importante puede ser transmitido sin ellas. Y todo esto te lo dicen usando lentas y rápidas, y suaves y duras, y tontas o -quizás- brillantes palabritas vestidas de lentejuelas y albedríos. Y luego se erigen y se erectan como líderes de la noche, y te traen de congal en congal hasta el punto en donde ya no pueden rebatir, pero sí deben irse para cumplir sus propias expectativas sexuales con alguna treintona que traían como parte del show, y que ahora reclama su parte del pastel.

Entonces llegamos al punto en el que las palabras son putas, sí, pero también lo único que hay para cruzar medianamente esa frontera que divide al uno del otro. Meretrices romanas para unos, ficheras insaciables y obesas para otro, aun cuando -en mitad del puente- resuelven diferencias irreconciliables entre mi rojo y el rojo del otro y del mundo. Prostitutas de la lógica y de la manipulación, tal vez, pero ladrillos o grandes bloques de concreto que construyen el entendimiento entre una gente y otra gente. Y entonces, en comunión sacra, les construímos un altar a las meretrices. María Magdalena levanta su corrupta mano derecha y pide la palabra: Y la palabra es ella. Se hace. Es el verbo. EL verbo. El que genera el mundo, el gran verbo génesis de todo y que -quizás entonces- no era tan prostituible como lo ha vuelto la industrialización y la modernidad.

Sin embargo, la cuestión que me incomodaba desde niño sigue siendo la misma. Sigo sin saber si mi rojo es tu rojo. El rojo del otro. El rojo de todos. Sigo igual de indefenso en la oscuridad de las palabras que tan fieramente me pretenden aliviar de mi miedo a morir sobre el tintero. Quizás porque ahora tengo más miedo que antes, quizás porque morir siempre ha sido igual de terrorífico, o quizás porque no sé si de verdad el mundo se acaba cuando me acabe yo. Cuando las luces se apaguen. When the music's over. Turn out the lights...

Puede parecer una inconsistencia: Las palabras, como sin duda saben que pienso casi todos los que me conocen hasta el tuétano, son -para mí- las más grandes putas al servicio del mejor postor, pastor, poeta o puritano, payaso o prestanombres. Las palabras han crecido, junto y gracias al hombre, y se han convertido en su desgracia y su fortuna. En su motor y su desazón. En su camino y en su retirada incondicional.

Pero eso -si el mundo de verdad proseguirá cuando me haya muerto, y todo esto no es una especie de simulador en tiempo real de una cierta realidad que cada vez es más endeble- no tiene la menor importancia. Tengo prisa y terror de congratularme o de no poder hacerlo. Quiero conocer a esos otros que tienen palabras tan distintas que en lugar de ser ficheras de la doctores, son geishas de algún fino burdel de Kyoto. Quiero comer esa comida, beber esos licores, oler esos sabores, y palpar esas vendimias. Quiero irme. Quiero irme pronto. Pero no del mundo, sólo de aquí. De donde ya todo está claro y es más que conocido. De aquí, de mi lugar de siempre.

En camino hacia otros lados, más resuelto que nunca y con más prisa de la que jamás me conocí. Pues no sé si mi vida tenga una cuenta más pequeña de la que daba por sentada. Ni tampoco si me alcance ese poco -o mucho- pedazo de tiempo, para encender una vela en el país de las maravillas.

Ni sé dónde está, ni cómo llegar. Sólo me queda claro que debo ir a dar una vuelta. Una vuelta alrededor de la cuadra.

¿Ves, guapita? No sólo eras tú. Era también una historia para mí. Es.


Así que, pase lo que pase, me voy pal monte buscando guayaba.


Que tenga sabor, que tenga vendo.


Salud.